Elecciones andaluzas | Análisis de los resultados en Cádiz

Tiempo de perdedores

  • Ganar unas elecciones ya no está de moda, desde el Gobierno central hasta las alcaldías de Madrid, Valencia, Sevilla, Córdoba, Cádiz, Jerez, El Puerto, La Línea, Puerto Real... y pronto también en la Junta de Andalucía

  • La política ha cambiado y una avalancha de bipartitos, tripartitos y cuatripartitos asoma de cara a las municipales de mayo, salvo que se cambie la Ley Electoral y se instaure de una vez la segunda vuelta

Juanma Moreno, candidato a presidente de la Junta de Andalucía, saliendo de la sede del PP-A. Juanma Moreno, candidato a presidente de la Junta de Andalucía, saliendo de la sede del PP-A.

Juanma Moreno, candidato a presidente de la Junta de Andalucía, saliendo de la sede del PP-A. / EP

En otros tiempos Pedro Sánchez habría recogido su despacho de la sede socialista de Ferraz después de su ridículo en las elecciones generales de 2015 y 2016, cuando protagonizó los peores resultados de la historia de su partido, quedando a 52 diputados del partido ganador. Y en otros tiempos también Juanma Moreno habría cogido su coche camino de Málaga después de caer derrotado el domingo una vez más ante Susana Díaz y además con los peores datos del PP en Andalucía en las tres últimas décadas. Pero una y otra cosa sucederían, eso, en otros tiempos. Hoy la política ha cambiado tanto que hasta ha pasado de moda aquello de ganar elecciones. Por eso Sánchez y Moreno resistieron y por eso el primero suma ya cinco meses en La Moncloa y el segundo está pensando ya qué cuadros va a cambiar de sitio en el Palacio de San Telmo.

Tiempo de perdedores. Tiempo de perdedores.

Tiempo de perdedores. / Miguel Guillén

Es tiempo de perdedores. Salvo el presidente de mi comunidad de propietarios, que se mantiene en el cargo porque ningún vecino se atreve a quitarle tal responsabilidad, lo que veo en la gente que manda a mi alrededor es la cara de la derrota, desde la Presidencia del Gobierno hasta las alcaldías de Madrid, Valencia, Sevilla, Córdoba, Cádiz, Jerez, El Puerto, La Línea, Puerto Real... Unos perdieron por poco, otros hicieron el ridículo, pero todos llegaron al poder sabiendo que no eran los preferidos por sus vecinos. Y lo mismo sucederá en pocas semanas al frente de la Junta de Andalucía.

En política ya hemos visto de todo, hasta que se compren voluntades para impedir un vuelco político en la Comunidad de Madrid. Pero el sentido común dice que el cambio está ya camino de Andalucía. Lo que viene haciendo Ciudadanos desde el lunes es de manual. Para cerrar un acuerdo de gobierno que sea provechoso hay que disimular bien, sin dar muestras de entreguismo. Por eso hay que apuntar alto (Presidencia de la Junta) para que el tiro se acerque a la diana (una Vicepresidencia y varias consejerías de postín). Pero los dirigentes de Ciudadanos saben que sus votantes jamás les perdonarían que dejaran pasar esta oportunidad histórica de acabar con 40 años de socialismo en Andalucía. Así que en el horizonte se atisba un pacto PP-Cs. Los de Vox preferirán en su debut ver los toros desde la barrera sin entrar en el Consejo de Gobierno de la Junta.

La experiencia dice que los pactos de gobierno para apartar del poder a la lista más votada se huelen en la misma noche electoral. Y la cara de poema que tenía Susana Díaz el domingo no dista mucho de la de Javier Arenas tras las autonómicas de 2012 o la de Teófila Martínez tras las municipales de 2015. Cierto es que la esperanza es lo último que se pierde y que en política también hay milagros, pero el peso de la realidad termina siendo casi siempre aplastante.

El cambio en Andalucía ya está aquí y sólo resta saber si será efímero o si vendrá para quedarse. En 2005 el PSOE y el BNG aprovecharon que el PP se quedó a un solo escaño de la mayoría absoluta para destronarlo de su 'reino' de Galicia. Y ni se hundió el mundo, ni se cayó la Torre de Hércules. Las consecuencias fueron que el PP se regeneró desde la oposición, Manuel Fraga se jubiló y el PSOE apenas estuvo cuatro años al frente de la Xunta.

Todos los pactos son legales y tuvieron su momento más álgido al principio de la democracia, cuando las fuerzas de izquierdas se aliaron tras las municipales de 1979 para apartar a la UCD de muchas alcaldías. Pero eso probablemente no tenga parangón con lo que se avecina para las municipales de mayo. La nueva política y los nuevos partidos han abierto un escenario donde las mayorías absolutas ya son una reliquia y donde los gobiernos bipartitos, tripartitos o cuatripartitos probablemente ya no serán una excepción. Y cuando los nuevos ayuntamientos se constituyan en junio, las minorías volverán a decidir en muchos municipios y la lista más votada se quedará en una anécdota porque muchos ganadores se quedarán con cara de tontos.

Sólo una reforma electoral podría cambiar el panorama abriendo la puerta a una segunda vuelta que despejara dudas y que terminara señalando sin equívocos a la candidatura vencedora de unas elecciones. Pero esa reforma ya ha sido debatida y rechazada en el Congreso este mismo año. Y es que es tiempo de perdedores.

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