Cádiz

Manolo Carrasco, detenido por el fraude a la SGAE

  • El pianista gaditano fue arrestado en Madrid y su madre en Cádiz

  • La SGAE dice que algunos músicos implicados en la trama ganaban hasta ocho veces más que Alejandro Sanz

Manolo Carrasco, en una imagen de archivo con La Caleta al fondo. Manolo Carrasco, en una imagen de archivo con La Caleta al fondo.

Manolo Carrasco, en una imagen de archivo con La Caleta al fondo. / Jesús Marín

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El pianista gaditano Manolo Carrasco, que fue detenido junto a su madre y otras 16 personas como presuntos integrantes de una red que generaba derechos de autor paralelos en programas televisivos emitidos en horario de madrugada, declaró este miércoles junto a su socio Fernando Bermúdez y Rafael Tena, hermano del desaparecido artista Manolo Tena, ante el juez Ismael Moreno de la Audiencia Nacional, que instruye la investigación. Horas después salieron en libertad bajo una fianza de 100.000 euros.

La UDEV Central de la Policía Nacional se está encargando de la operación, con el apoyo puntual de las Comisarías de diferentes provincias, entre ellas la de Cádiz, donde se han realizado tres detenciones y dos registros, uno de ellos en un domicilio particular y otro en uno de los locales que figuraba como sede social de una de las sociedades del músico.

La Policía cree que ganaron una fortuna por el pago de derechos de propiedad intelectual 

En la operación de la UDEV se ha puesto al descubierto que los músicos realizaban pequeñas variaciones de piezas de compositores clásicos como Beethoven, Mozart o Chopin y las emitían de madrugada, en horas con una audiencia mínima y programas por ejemplo dedicados al tarot, música prácticamente inaudible con la que la Policía considera que han ganado una fortuna cercana a los 100 millones de euros, según han comentado fuentes de la SGAE. Expertos consultados por este diario hablan de que llegaban a cobrar hasta 200 euros por minuto en concepto de derechos de autor, en programas que se prolongaban hasta cuatro horas por noche.

Junto a Carrasco también ha sido detenido su socio, Fernando Bermúdez, con quien montó la empresa Eurodelta Music. Ambos podrían haber utilizado a familiares y testaferros para disimular sus ingentes ganancias.

La operación todavía está en marcha y no se descartan nuevas detenciones de personas implicadas en esta red que generaba derechos de autor presuntamente fraudulentos.

Curiosamente, este tipo de programas cuenta con una audiencia que apenas si llega al 1%, pero su franja horaria es la de mayor recaudación por derechos de autor. Según el digital El Confidencial, la denuncia que puso sobre la pista a la Policía surgió de 14 autores y asociaciones ante la Fiscalía.

El gaditano Manolo Carrasco también posee la sociedad Centauros Unión SL, que figura como implicada en la investigación policial. En otras Carrasco aparece como administrador único de sociedades puestas a nombre de su madre o de otros familiares.

Según recogen medios nacionales, Anton Reixa, que fuera presidente de la SGAE, aportó un documento en el que aseguraba que el entramado formado por Carrasco habría podido recaudar entre 2006 y 2015 más de 7,3 millones de euros por 1.225 obras registradas a su nombre, el de su madre y su mujer, frente a los 450.000 euros y las 15 obras contabilizadas en 2005.

La Policía considera que los implicados, al comprobar el gran negocio que proporcionaban los programas que se emiten de madrugada, crearon editoriales musicales para recaudar en conceptos de derechos de autor parte del dinero que pagan a la SGAE por emitir su música.

Según la Policía, los investigados, para conseguir esas emisiones, contaban con personas en el seno de las televisiones que, a modo de intermediarios, estarían favoreciendo las emisiones en las cadenas en las que trabajan a cambio de la cesión de porcentajes de derechos sobre las obras emitidas en unos casos, así como de una contraprestación económica por su labor.

Esta cesión de derechos de obras musicales falsas y de baja calidad a las cadenas televisivas en las diferentes modalidades, convierte a las televisiones en titulares de derechos de propiedad intelectual de las obras que les son cedidas, generándoles un beneficio económico, -denominado retorno-, en función de los minutos y franjas horarias en las que son emitidas en sus programaciones y que es abonado por la SGAE en sus liquidaciones semestrales.

Esta situación está generando que haya un grupo de autores y editoriales que se están enriqueciendo de manera injusta, entre los que se encuentran determinadas televisiones, debido a la formalización de tales contratos de cesión de derechos con los intermediarios de las cadenas de televisión y sus editoriales. Esta práctica perjudica gravemente al resto de autores ya que no pueden acceder a emitir su música sin prestarse a la cesión de derechos de sus obras.

Determinadas televisiones, para maximizar las ganancias que pueden obtener en concepto de retorno por parte de la SGAE, están extendiendo la programación de la música de la cual adquieren los derechos como contraprestación de su emisión, a otras franjas horarias del denominado prime time bajo la fórmula de lo que se viene a denominar "música inaudible"; es decir, la emisión de tales obras como un fondo musical que no es percibido por el oído del televidente en ningún momento, si bien es declarado como música emitida para generar derechos de autor.

Manolo Carrasco indicó a Diario de Cádiz en una entrevista concedida en febrero del pasado año 2016 que los conciertos nocturnos en televisión "han sido y son ahora mismo una ventana para muchísimos autores y artistas. De hecho hay casi mil autores trabajando en esos programas". También se quejaba entonces de que la SGAE "esté desgraciadamente en contra de estos programas desde hace unos años, algo inexplicable para muchos músicos. Por desgracia la SGAE hace unos años que va muy mal llevada, es un desastre, porque las multinacionales han cogido el poder y están haciendo mucho daño", aseguraba.

Por su parte, Manuel Marvizón, miembro de la junta directiva de la SGAE, afirmó ayer que los autores que habrían participado en esta trama de falsos arreglos musicales para emitirlos en programas televisivos de la franja nocturna ganaban hasta "ocho veces más" que músicos como Alejandro Sanz.

Tal y como ha señalado Marvizón en declaraciones a la Cadena Cope, estos autores recaudaban "cuatro, seis u ocho veces más" por la música que había detrás de lo que denominaban "las brujas", los programas en los que se lee el tarot, y en los que aparecían de fondo "músicos con gafas que tocaban algo casi inaudible".

Según explicó el directivo de la SGAE, el fraude consistía en la connivencia que existía entre editoriales de televisión y compositores que realizaban en piezas de dominio público, es decir libres de pago, "adaptaciones o recreaciones como si fueran obras nuevas".

Según indicó, "para entender esto hay dos figuras importantes: las editoriales, unas empresas que se crean para proteger la música propia de las cadenas, algo totalmente lícito que tiene un retorno; y las ventanas nocturnas que sirven en general para promocionar a músicos en una vía alternativa". "El problema -prosiguió- es el fraude que se hace por todo esto, por medio de un sistema de acaparamiento solo se pone música de una serie de autores", señaló. Además, agregó que las editoriales de televisión y autores inmersos, según el auto, estaban "cobrando dinero que no deberían cobrar y que debería revertir en el resto de autores que sí lo han hecho bien", algo que, según se comenta, se cifra en "cien millones de euros".

Marvizón precisó que "la casa no tiene nada que ver" e insistió en que la SGAE lleva luchando desde 2011 contra las malas prácticas y el uso fraudulento de los sistemas de reparto. De hecho, reconoció que la SGAE ha recurrido a la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual para intentar resolver este tema que estaba "lastrando" a la entidad.

Asimismo, señaló que es bueno para la asociación que la Unidad de Delincuencia Especializada (UDEV) haya destapado la trama "que venía de la etapa anterior" en la que están implicados varios trabajadores de la institución que generaban derechos de autor de forma paralela.

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