Retos del turismo en la provincia

Los apartamentos frenan la recuperación hotelera

  • La proliferación de pisos turísticos hacen que el sector hotelero no recupere cifras de hace una década

  • La provincia batalla por una desestacionalización que se le resiste

Turistas descansan en la piscina de uno de los hoteles del Novo, en Chiclana.. Turistas descansan en la piscina de uno de los hoteles del Novo, en Chiclana..

Turistas descansan en la piscina de uno de los hoteles del Novo, en Chiclana.. / sonia ramos

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Desde hace años, más de una década, los promotores turísticos de la provincia llevan una idea fuerza de la que tratan de convencer a los touroperadores: Cádiz es mucho más que sol y playa. Es lo que se conoce como la batalla por la desestacionalización. Los datos del primer cuatrimestre del año, que forma parte de esa época de desestacionalización, muestran una insuficiente recuperación, sobre todo para los hoteles que han visto en los apartamentos turísticos un rival que les impide alcanzar las cifras conseguidas antes de la crisis, hace ya una década, cuando esa posibilidad de sostener y potenciar el negocio fuera del verano parecía aún posible.

Con los datos en la mano, los hoteles han vivido un arranque de 2018 razonablemente bueno pese al mal tiempo constante sufrido en uno de los peores años meteorológicos que se recuerdan con un país entero encerrado en su casa. Pese a ello, han recibido en este periodo más visitantes extranjeros que nunca, 228.000, y en cuanto a nacionales, con 364.000, son 60.000 más que en el mismo periodo del año pasado, pero 75.000 menos que hace una década, en el momento ciego de la inminencia de la crisis económica. Aquella crisis, de la que se dice que acabamos de salir, llevó al sector a tocar suelo, cuando los hoteles arrojaban malas cifras en la estacionalidad y fuera de ella.

En el arranque de 2013, en lo más duro de la crisis, los 418 hoteles de la provincia, sesenta menos que en 2007, habían perdido la escalofriante cifra de 600.000 pernoctaciones. Eso suponía una caída drástica del negocio fuera de temporada del 40%. Se perdieron 3.400 empleos.

De ese mazazo trata ahora de recuperarse el sector y, de hecho, el número de establecimientos se ha recuperado. Ya hay los mismos que hace diez años, 479, e incluso hay un millar de plazas más registradas, pero el empleo no se ha recuperado. En 2008 los turistas que acudían a los hoteles de la provincia eran atendidos por 7.859 trabajadores. Este cuatrimestre pasado lo hicieron 5.783. Hay que tener en cuenta que fueron 60.000 clientes menos, aunque en pernoctaciones la diferencia es aún mayor, ya que fueron 150.000 noches menos de hotel.

Si se hace un cálculo por precios de habitaciones vemos cómo la cifra de negocio está muy lejos de acercarse fuera del verano a sus años dorados, aunque en cinco años se haya recortado algo del gran batacazo. En 2007 la provincia se podía permitir tener precios por encima de la media nacional, en concreto tres puntos por encima. A día de hoy está seis puntos por debajo. El año pasado hubo un intento de recuperación de precios y se subieron en torno al 8%. La apuesta no fue satisfactoria. Este año han vuelto a bajar un 3%. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística del sector, el precio medio de una noche en un hotel español es de 80 euros y medio. En Andalucía se duerme de media por un poco menos de 75 euros.

La rentabilidad perdida incluye además otros factores, como la ocupación, que en 2008 era del 46% y en la actualidad está en el 41% en temporada baja. Otro factor es el periodo de estancia, el único dato que aproxima al sector al de hace una década. Los primeros meses de 2018 han sido de 2,6 noches por viajero, casi lo mismo que pasaba un viajero de 2008.

Pero aparte de todos estos elementos hay otros elementos externos que, aunque ya existían hace una década, es en este periodo cuando se han visto enormemente reforzados. Las plataformas digitales de búsqueda de establecimientos y la proliferación de apartamentos turísticos han distorsionado por completo la visión del mercado.

Los datos de los apartamentos turísticos, que han pasado en una década de 1.046 a 5.488, han empezado a aparecer en las estadísticas muy recientemente. No son del todo orientativos, ya que son números sólo sobre los apartamentos turísticos registrados y se sabe que la cantidad de apartamentos 'piratas' puede triplicar a los registrados, aunque en un sólo año esa 'legalización' se ha visto notablemente incrementada: han crecido en número en 1.600 con respecto a hace doce meses. Es un crecimiento de un 30% en un plazo pequeñísimo de tiempo. No hay ningún sector que crezca a esta velocidad.

En cualquier caso, pese a saberse que no dan una medida real como sí lo pueden dar los registros en hotel, sí que conviene saber que lo tres primeros meses del año (uno menos de los registrados en los hoteles) estos apartamentos habrían tenido 68.000 pernoctaciones, casi igual entre extranjeros y nacionales. No llega al 5% del negocio que suman los hoteles, pero es un negocio en progresión que, según los cálculos, podría ser perfectamente en la economía no contabilizada mucho más de un 15% del pastel que antes pertenecía a los establecimientos. A ellos se les añade un nuevo producto de Airbnb, el principal operador, el Superhost, de los que hay 300 en la provincia y que hacen referencia a un hospedaje con propietarios experimentados, un cuasi hotel. Son nuevas formas de turismo que juegan fuerte en esas temporadas bajas y que, posiblemente, sean un nuevo baremo para medir las capacidades turísticas de una zona tanto como los hoteles.

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