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Las entrañas de los Hurones

  • La Consejería de Medio Ambiente organiza visitas guiadas por el exterior e interior de la presa para conocer cómo funciona esta infraestructura que abastece a la Zona Gaditana

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El embalse de los Hurones se levantó hace casi 60 años por 'decreto' para garantizar el agua a la capital gaditana y a las poblaciones cercanas. Hoy por hoy es el pulmón hidrológico, con capacidad para 135 hectómetros cúbicos, de la llamada Zona Gaditana, que suministra agua a unos 850.000 usuarios, que llegan hasta el millón en verano, y que viven en 14 municipios.

Este pantano, con el cercano embalse de Guadalcacín, se convierte en columna vertebral del abastecimiento gaditano.

Por eso, la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, a través de la Agencia Andaluza del Agua, ha querido este fin de semana abrir sus puertas para sensibilizar sobre la importancia de conservar el recurso finito, con motivo del Día Mundial del Agua. Hurones se une así a las jornadas de difusión dentro de la iniciativa AL Agua, que se celebran, también, en otras siete presas más de Andalucía. Aunque hay que destacar el éxito de la convocatoria gaditana, donde han solicitado visitas unas 150 personas. El segundo embalse más visitado estos días es el de Rules (Granada), con 63 peticiones para conocerlo.

Las portuenses Carmen e Isabel, acompañadas de sus hijos, fueron ayer de las primeras que conocieron las entrañas de esta presa de Hurones, que es un corazón de hormigón en masa que da vida. En aritmética, ese corazón bombea de media unos 2.500 litros por segundo de agua que llegan hasta los grifos de casa (en verano unos 4.000l./seg con aportación del Guadalcacín). Es un volumen anual de casi 70 hectómetros cúbicos para cubrir el servicio.

"Venimos para que los niños aprendan la importancia de conservar el medio y saber de dónde viene el agua", confesó Carmen. Para Isabel Seijas la visita fue, además, un reencuentro. Esta vecina de El Puerto de Santa María es hija de uno de aquellos talladores gallegos que se contrataron para hacer a mano la sillería de la presa. Su padre, Manuel, fue uno del casi millar de trabajadores que contribuyeron a levantar, a partir de 1953, esta infraestructura hidrográfica dirigida por el ingeniero Vicente Aycart Benzo. Hombres embarcados en una empresa, para entonces casi titánica, que levantaron, también un poblado, que se conserva en la actualidad. Un sitio donde cobijarse y que llegó a tener todos los servicios necesarios para sus habitantes: economato, escuela, capilla, panadería. La Agencia del Agua lo califica como "un caso de urbanismo asociado a la obra hidráulica del siglo XX en Andalucía". Tanto, que muchos de esos operarios echaron raíces y se casaron, como el padre de Isabel, con vecinas de los municipios cercanos.

Ahora en el poblado viven tres de los ocho empleados que deben velar por esta presa. Entre ellos, el encargado jefe Cristóbal Moreno, que lleva trabajando aquí desde 1983, quien acompaña a los visitantes por los entresijos de las instalaciones para enseñar el sistema de compuertas, las tomas de agua y las distintas galerías que surcan el interior de la presa y explicar de manera didáctica, junto con otras dos guías, los dos sistemas de auscultación que existen para saber en cada momento el estado de salud de la misma. Uno es por filtración, el agua que entra desde el exterior al edificio, y otro a base de péndulos, que indican si hay algún movimiento o desnivel. Toda una revelación para los visitantes que acudieron ayer, que se amplía cuando se desciende por esas galerías casi 40 metros de profundidad. La primera interrogación que se hacen los profanos al llegar a los Hurones es saber de dónde viene esta agua.

Cristóbal Moreno desmenuza que el pantano es la confluencia del río Majaceite, los ríos Ubrique y Tavizna, más la aportación del trasvase Guadiaro Majaceite, que puede llegar hasta los 110 hectómetros cúbicos al año. Además, en momentos de consumo punta o en épocas de verano, se tira de Guadalcacín. Y la segunda disyuntiva es saber si hay reservas. "No habrá problemas. El consumo está asegurado para varios años. Tenemos, además Guadalcacín", dice Cristóbal.

Este año se han abierto los aliviaderos sólo en maniobras de comprobación. No como el año pasado, que fue rico en lluvias llegando a 1.500 litros. "Tuvimos que desembalsar casi tres pantanos completos. Fue un récord. Se soltaron más de 300 hectómetros", recuerda Moreno.

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