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Los que esperan a los desesperados

  • La crisis migratoria son cifras, pero no en la Comisaría de Algeciras, donde un grupo de agentes bucea en las historias de los recién llegados para protegerlos de la explotación

Llegan al Puerto de Tarifa 91 migrantes, 17 de ellos menores. 382 inmigrantes rescatados hace una semana en el Estrecho. Evacuados a Algeciras los 176 tripulantes de seis pateras. Interceptados 38 inmigrantes, una embarazada, de una patera ya trasladada a Tarifa. Estas son las cifras que pueblan desde hace semanas las páginas de los periódicos, las horas de radio y las pantallas de televisión de todo el país. Se publican balances, infográficos, mapas, tablas llenas de números que comparan la crisis migratoria con la de 2015 o con algunas de antes y de las que vinieron después. En Bruselas se sientan los líderes europeos a hablar de cantidades, de cuotas y de porcentajes, de introducir a centenares de personas en centros, dentro o fuera de la Unión Europea, en los que tenerlas controladas. El fenómeno de la inmigración se reduce a números de dos, tres, cuatro o cinco cifras. A una curva estadística.

Pero eso no sucede aquí. Aquí se habla de Ahmed, Fátima, Hana, Julia, Martín, Naira, Aissa, Marie o Rahim. Aquí se habla de personas. Con nombres y apellidos, con familia y una nacionalidad. Y casi siempre con el riesgo de caer en manos de alguna mafia sin entrañas que termine por convertirlos en sus esclavos. Estamos en la Unidad Central de Redes de Inmigración Ilegal y Falsedades Documentales (UCRIF), en la Comisaria del Cuerpo Nacional de Policía de Algeciras -en la entrada a El Acebuchal y El Rinconcillo-, donde se coordina la brigada que se ocupa de atender y proteger en todo momento a cada uno de los que cruzan el Estrecho en busca de un futuro que no tienen en sus territorios.

La banda sonora de estas oficinas es el bip, bip constante de varios teléfonos. Es viernes, pero no está la jornada como para atender a un periodista. En realidad todas son iguales. En la UCRIF no hay un segundo de respiro, porque no lo dan las mafias que trafican con personas desde África hasta el Campo de Gibraltar, gente sin escrúpulos que comercian con la desesperación del que llega desde Senegal, por ejemplo, a los bosques de Tánger con idea de reunirse con un primo en Bélgica.

La verdad es que en la Comisaría de El Rinconcillo está el cerebro de la UCRIF, pero el trabajo más importante lo realizan los agentes en el pabellón polideportivo de Tarifa, en la estación marítima de Algeciras, en los CIE o allá donde haya un grupo de personas que hayan sido rescatadas en el Estrecho y trasladadas a la comarca. La primera atención, a pie de muelle, se la dan la Cruz Roja y la Guardia Civil, pero a partir de ahí quedan en manos de estos 24 hombres y mujeres, policías, que se convierten inmeditamente -con no poco esfuerzo- en su gran respaldo en España. En el único amigo en el que realmente pueden confiar.

Al frente de estos policías se encuentra la inspectora jefe María José Martínez Lopera, una ceutí que ha hecho su carrera en Algeciras y que ahora es la Jefa de la Brigada de Extranjería y Fronteras de la Comisaría de Algeciras. "Lo más importante es la investigación. La idea que se tiene de la extranjería es como si esto fuera una gestoría, como si nos dedicáramos sólo a tramitar documentación pero se hacen muchos más trabajos, aparte de es", reivindica Martínez.

Cuando un migrante es entregado a la Policía al poco de su llegada al Puerto (principalmente de Tarifa, que es el referente de Salvamento Marítimo), los agentes tienen que efectuar un trámite documental, pero lo más importante es la investigación que realizan desde ese momento sobre la situación en qué se encuentra cada persona. Cómo ha llegado, si lo ha hecho sola o con familiares, si ha viajado forzada, si forma parte de una organización o una de esas redes la está utilizando de alguna manera. Esa averiguación comienza con la identificación. La labor permite a la Policía centrar la atención en menores, madres con hijos, embarazadas o mujeres en situación de especial riesgo, que puedan ser aquí en España víctima de las mafias dedicadas a la trata de seres humanos y terminar dedicadas a la prostitución. A este grupo de migrantes le concede la UCRIF prioridad.

Al principio era la Comisaría de Algeciras la que se hacía cargo de los migrantes una vez terminaba la primera asistencia de Cruz Roja y Guardia Civil. Cuando las llegadas comenzaron a aumentar y desbordaron a la Policía algecireña, otras comisarias se sumaron al operativo. Cádiz, San Fernando, El Puerto de Santa María y Jerez asumen desde entonces parte de este trabajo. Lo normal es que los migrantes sean trasladados directamente a las instalaciones policiales de El Rinconcillo, aunque en una situación especial como la de la semana pasada (han llegado un millar en doce días) se habilita alguna instalación para acogerlo. En este caso fueron el pabellón polideportivo de Tarifa y la Estación Marítima de Algeciras.

Los agentes de la UCRIF acuden a estos lugares para realizar las identificaciones. Primero retiran a los menores, a los que se les aplica el protocolo Mena (Menores Extranjeros No Acompañados) y de ahí se envían a los centros de protección de la Junta de Andalucía, que están desbordados, así que poco a poco se derivan a otras provincias de España. Cuando hay dudas sobre si la persona es menor se le realiza una prueba oseométrica en la que el médico certifica la edad.

Los últimos en salir son los varones mayores de edad. Los del África Subsahariana no son susceptibles de devolución, porque llegan sin papeles e identificar su nacionalidad es muy complicado. Lo que hace la Policía es entregarles el documento que refleja que se encuentran en una situación irregular en el país, tras comunicarlo a la Subdelegación del Gobierno, y dejarlos en manos de las ONG. Tienen una orden para marcharse pero quedan en libertad. "No tienen posibilidad de trabajar y llevar una vida normal aquí en España", explica María José Martínez. La mayoría habla francés y no se quedan en España, buscan países con ese idioma.

Con los marroquíes el proceso es distinto, porque España y Marruecos sí tiene un acuerdo bilateral de devolución. A ellos sí se les traslada a la frontera del Tarajal (Ceuta) o Beni Ensar (Melilla), donde la Policía marroquí los entrevista para comprobar que efectivamente son ciudadanos de aquel país y admitirlos. En las 72 horas que están aquí se solicita el internamiento en el CIE, porque estas personas sí son susceptibles de expulsión. Otro caso especial son los argelinos, a los que se traslada a Alicante para que el consulado de Argelia los entreviste y considere nacionales o no. Las devoluciones se realizan desde el Puerto de Almería.

"La mayor parte de los inmigrantes no vienen por sus propios medios. Lo hacen a través de mafias que se dedican a traerlos. En sus países de origen contactan con estas redes con dos opciones, o les pagan o se comprometen a hacerlo una vez que lleguen. Son viajes organizados hasta Marruecos y esperan allí uno, dos o tres meses a que los monten en las embarcaciones", relata María José Martínez, que afirma que la información que se obtiene de esas personas es "muy importante" para controlar a las organizaciones. "A las mujeres normalmente las traen para prostituirlas. Tienen un contacto aquí en España que es el que las explota a modo de pago por el viaje. A los hombres con una deuda contraída los hacen trabajar, por ejemplo en el top manta", narra. El viaje cuesta entre 3.000 y 6.000 euros. En el caso de los menores, las familias pagan una parte y cuando comprueban que están aquí y están bien (muchos tienen teléfonos móviles y todos están en régimen abierto) acaban de pagar la deuda.

La tarea más complicada de los policías de la UCRIF es ganarse la confianza de las personas a las que quieren proteger. "Muchas personas vienen con una experiencia previa de abusos, después de una viaje que realmente es muy traumático y además la imagen que ellos tienen de la Policía de sus países es distinta. Esa barrera la tenemos derribar. Vienen con miedo y muy pocas ganas de hablar. En 72 horas que pasan aquí es difícil establecer una relación de confianza para que nos cuenten su historia. En la mayor parte de las ocasiones dependemos de las ONG, que detecten algún tipo de agresión o abuso y nos informen", explica María José Martínez, que apostilla: "Tenemos mecanismos para protegerlos".

Con la información que obtiene, la Policía Nacional ha desmantelado varias organizaciones dedicadas a la trata de personas por toda España. La última de la UCRIF de Algeciras acabó en Oviedo, gracias a los datos obtenidos aquí. Los agentes realizan inspecciones periódicas en los clubes de alterne de la comarca. Hablan con las chicas e inmediatamente detectan si las están explotando. Eso es lo menos difícil, gracias a la experiencia de los policías. Lo más complicado es conseguir que la chica hable. Pero para eso están en la UCRIF, para proteger y cuidar de todas las personas que llegan a través del Estrecho. "Aquí no estamos para entregarles un papel y devolverlos. Estamos para ayudarles, para protegerlos. Nuestra gente está muy sensibilizada", concluye.

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