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Los pajaritos, un manjar prohibido

  • La Junta elabora un plan de choque contra los furtivos Agentes de Medio Ambiente incautan en invierno, cada semana, artes ilegales y aves insectívoras ilícitamente capturadas

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La llegada de las estaciones frías implica la vuelta a las campiñas y a los montes de los cazadores, una vez se abren las vedas. Al mismo tiempo que los cazadores con licencia vuelven tras el verano, los furtivos hacen lo propio. Uno de los objetivos principales del furtivismo son las aves insectívoras o paseriformes, conocidas vulgarmente como pajaritos. Ni su captura ni su comercialización están contempladas por la legislación. Un ave insectívora consume diariamente una cantidad de invertebrados equivalente al 50% de su peso, llegándose a incrementar durante la época de reproducción hasta el 150%, por lo que un petirrojo, especie altamente vulnerable a este tipo de artes ilegales, podría llegar a consumir entre 3 y 4,5 kilogramos de insectos a lo largo de un año.

La operación de los agentes de Medio Ambiente más señalada de las últimas semanas es una que se llevó a cabo en un lugar próximo al puerto de La Parada, en Alcalá de los Gazules. En esta actuación, se incautaron 35 trampas tipo costillas y más de 70 aves insectívoras. Esta actividad ilegal está asentada en la provincia, aunque después de años en los que bajaron las acciones ilícitas, se está comprobando un repunte este año. El marco que engloba la categoría de especies insectívoras es muy amplio y se eximen de este grupo la codorniz y el zorzal, ambas reguladas por las vedas. El método más empleado para hacerse con estas aves es la percha. "Es como un cepo. Se pone en la tierra, en las zonas con matorrales, se hace un agujero, se coloca sobre zona limpia, se tapa con un poco de tierra y lo que se ve fuera es la hormiga alada que se utiliza como cebo", explica Joaquín Aniceto, coordinador provincial de los agentes de Medio Ambiente. Obviamente, esta forma de caza es ilícita aunque el objeto de captura sea fuese un ave contemplada por la ley. "Está prohibido el método de la percha. La percha mata tanto al zorzal como al petirrojo al no ser selectivo. Además, el petirrojo es una de tantas aves protegidas y caen fácilmente en las perchas", comenta. El otoño es la época idónea para el ascenso de esta práctica ilegal por dos motivos. El primero, la migración de las aves provenientes del norte de Europa camino a lugares más cálidos. Esto provoca que muchas especies se queden por la zona. El segundo es la cría de hormigas aladas, la mayor predominancia de lluvias permite que salgan más a la superficie y, de esta forma, los infractores se hacen con este insecto que sirve de cebo para las aves. "Estamos detectando en algunas inspecciones que incluso la gente las crían en cautividad, hacen hormigueros en cajones de madera para tener cebo", asegura Aniceto. El mecanismo de captura es sencillo. El furtivo sólo necesita colocar la hormiga en la percha y el pájaro va flechado hacia su manjar. No obstante, al llegar a ese reconocido premio le espera el estrangulamiento una vez que se acciona el resorte de la trampa.

La otra cuestión controvertida contra la que luchan las administraciones es el comercio en ventas rurales de los pajaritos. Para muchos es considerado un exquisito bocado, y sabedores de esto, muchos establecimientos lo ofrecen a sus clientes de máxima confianza para evitar ser delatados ante las autoridades. "Cada cierto tiempo se organizan campañas con inspectores de consumo. Se han llevado a cabo actuaciones conjuntas para entrar allá donde guardan los alimentos. Mientras los inspectores ven lo correcto en sus ámbitos, nosotros vemos si hay aves insectívoras en las neveras. Ahora los que tienen pajaritos no lo van a tener en la nevera de la venta, lo tendrán en casas particulares", revela el coordinador provincial de Medio Ambiente. En torno al precio al que se comercia este prohibido alimento, Joaquín Aniceto sólo se atreve a figurar una cifra algo más cara por la peligrosidad de este plato.

Al menos 98 efectivos de Medio Ambiente velan por preservar que no se cometan irregularidades contra las especies de pájaros paseriformes. Ahora es la época en la que más trabajo tienen, con dos o tres actuaciones semanales en las que decomisan tanto presas como trampas ilegales. En el Parque Natural de Los Algodonales fue una de las últimas veces que sorprendieron a los furtivos, esta vez con 50 perchas y más de 20 aves protegidas.

Cazar aves que no están contempladas ni reguladas por la actividad cinegética puede salir muy caro para aquellos que se decidan a vulnerar la ley. La legislación contempla una batería de multas y faltas que afectan directamente al bolsillo del incumplidor de las normas. En cuanto a las sanciones conviene resaltar que las que inciden de manera más seria contra el infractor son de tipo administrativo. Joaquín Aniceto reconoce que el derecho penal impone multas "irrisorias" y que aquí es preferible hablar directamente de los miles de euros, según la gravedad, que puede decretarse por una infracción administrativa. De esta manera, la simple tenencia de artes ilegales ya se entiende como infracción leve y el portar, utilizar y comercializar capturas prohibidas estaría comprendido como grave. La cuantía de las sanciones van desde los 60 a 601 euros, en caso de las leves, hasta los 601 a 60,000 euros, de las graves. Las faltas pueden sumarse entre sí y acabar la multa en una cantidad preocupante para la economía del infractor. La cuantía a aplicar se suele valorar en función de los hechos ilícitos cometidos. Además, la Administración autonómica contempla una indemnización por daños y perjuicios en torno a los 60 euros por cada ave insectívora capturada. Por tanto, los 60.000 euros no suponen un techo, pues puede sobrepasarse esta cantidad.

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