María Jesús Orihuela. Psicóloga infantil

"El niño pobre suele estar satisfecho y feliz porque no ha conocido otra cosa"

  • A la asociación Márgenes y Vínculos se derivan los casos más graves de negligencia sobre los menores

  • La experta apuesta por la visibilidad como primer paso para atajar el problema

La psicóloga María Jesús Orihuela. La psicóloga María Jesús Orihuela.

La psicóloga María Jesús Orihuela. / lourdes de vicente

-menores sin las necesidades básicas cubiertas, ¿es una realidad en nuestra provincia?

-Lo es, pero el problema principal es que todavía hay familias que tienen mucho miedo a acudir a los servicios sociales por si les quitan a sus hijos. Hay una especie de bulo extendido con este tema. Hay familias que no tienen problemas para pedir ayudas para la casa o para los recibos pero no solicitan ayudas de comida o sanidad. Y para que haya un desamparo, es decir, una retirada de niños que pasarían al régimen de acogimiento, tienen que existir más factores. Si el problema sólo es económico, a las familias se les da soporte derivándoles a los programas que le hagan falta.

-A Márgenes y Vínculos llegan los casos más extremos.

-Son casos en los que el desamparo ha sido forzoso porque hay una situación de riesgo en el colegio, que es el lugar donde suelen detectarse losproblemas de nutrición, de higiene, si el niño lleva o no desayuno... El colegio suele dar la voz de alarma, a través de la hoja Simia (Sistema de Información sobre Maltrato Infantil de Andalucía)o del teléfono de protección de menores. A raíz de ahí se hace el desamparo, los niños salen de casa a ver qué hay.

-¿Y qué suele haber?

-Pues casos muy graves de malos tratos, a veces abusos y hay casos en los que sólo hay un problema económico. En estos casos, los niños vuelven con sus familias, y mientras se revisa la idoneidad de su familia, bien se hace un acogimiento de familia extensa, que es con personas de su familia que se puedan hacer cargo, o van en ese tiempo a un centro, aunque son los menos, ya que antes tenemos una bolsa de familias de acogida, lo que llamamos familia ajena. Pero el acogimiento se suele llevar a cabo en casos más extremos.

-¿Hay suficientes familias de acogida?

-Hay bastantes, pero con la nueva política social que recomienda que no haya niños de 0 a 6 años en centros siempre hacen falta.

-¿Cuáles son los tipos de acogimiento?

-El temporal, que es de urgencia, requiere que uno de los miembros de la pareja o la persona, si es monoparental, no trabaje, porque la mayoría son bebés, muchos retirados directamente del hospital y necesitan cuidados permanentes. Luego están los simples, que son permanentes y hay más disponibilidad de familias. Y después hay un tipo de acogimiento para el que más familias hacen falta, el especializado, que es para niños que vienen con problemas de conducta, abusos, maltrato... Ahí sólo tenemos 3 o 4 familias.

-¿Son problemas relacionados con la pobreza infantil?

-No tiene por qué y sí. Hay acogedores que nos hablan de niños que se sorprenden al ver despensas llenas o con que haya comida de sobra, de hecho, muchos empiezan a desarrollar un problema de ingesta ansiosa, no quieren dejar de comer por si se acaba, o también se quedan asombrados con que haya agua caliente porque en su casa no había, te cuentan que se duchaban con una olla, como antiguamente, o que no tenían ropa de abrigo y en invierno iban con ropa de verano superpuesta... A ver, no es la generalidad, pero ocurre.

-¿En algún lugar de la provincia hay niños más castigados?

-Es verdad que tenemos más temas de acogimiento y de casos graves y complejos de malnutrición en Barbate, Chipiona, Sanlúcar... En la sierra también tenemos casos gordos en Setenil y Puerto Serrano. Hay que tener en cuenta que hay localidades, por ejemplo lugares más pequeños o en el campo, que la solidaridad entre las familias impide que detectemos la realidad de los casos. En sitios como Paterna o Medina hay grupos parroquiales que se dedican a recoger comida y llevarlas a las familias o a hacer un guiso una vez en semana, y de eso no se entera nadie.

-¿Cómo vive un niño una situación de pobreza?

-La mayoría tiene una resiliencia asombrosa. También nos sorprende que, por lo general, son niños sanos cuando, en muchos casos, no han recibido ningún tipo de vacunación o poca, e incluso en su gestación no han recibido todos los cuidados. Sí suelen tener un percentil de peso o altura inferior a su edad, alguna carencia de vitaminas, pero nada grave. Son niños, en general, bastante satisfechos y felices con su vida porque no han conocido otra cosa. Ven la diferencia y empiezan a ponerle etiqueta a lo que pasaba cuando van a otra familia o a un centro. Pero suelen remontar bien y seguir cuidando a sus padres. Incluso aunque haya sido un problema de negligencia o de malos tratos, siguen protegiendo y justificando a sus padres. Son niños con una capacidad de afrontamiento y con una adaptabilidad admirable.

-Y en los casos que hay desamparo, ¿cómo lo llevan?

-En un primer momento lo viven como que han hecho algo malo y que están siendo castigados, ya que son ellos los que salen de su casa. En el caso de que haya malos tratos se les explica que los padres están en el colegio de papás y mamás donde están aprendiendo a ser buenos papás y mamás, porque todos los papas se equivocan y generalmente, lo acaban aceptando bien.

-¿Cómo se acaba con este problema?

-Es complicado porque no sólo hablamos de necesidades básicas como alimentación e higiene, sino de preservar los derechos de los menores, y eso implica aspectos como el acceso a actividades de ocio, deportivas, que la mayoría son de pago. Y eso es complicado, porque el dinero, como en casi todo, es poco, y cuando es poco se le da prioridad a la alimentación y a la salud. En general, tenemos un buen sistema de ayudas pero la mayoría de la gente que lo necesita no conoce los recursos. Hay un grupo de población, que no es el estrato más bajo, altamente usuarios, que son como profesionales de las ayudas, te pueden dar una clase magistral, pero hay otro estrato, más bajo, con menos formación y más miedo a perder la tutela de sus hijos, que no acceden a ayudas. Y este no es un país tercermundista, con lo cual no viven en la calle pero sí en condiciones muy precarias. El primer paso es hacer todo esto visible.

-¿Cómo lo hacemos?

-Por un lado, ampliando los abanicos de detección, que en los últimos dos o tres años han estado muy parados. Y, por otro lado, hay que eliminar el fantasma de los servicios sociales. El servicio social de zona es el que puede orientar mejor al ciudadano para recibir las ayudas pero habría que hacer más difusión y más acercamiento a los barrios. Hay que acercar la población a los servicios públicos, y como eso va a ser complicado, habrá que acercar los servicios públicos a la población.

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