Provincia

El polvorín de Botafuegos

  • La falta de personal obliga a los sanitarios a repartir la medicación "de forma anómala"

  • El domingo murió un preso al ingerir fármacos y metadona y los internos intentaron linchar al que culparon de facilitarle la droga

Vista parcial del Centro Penitnciario de Botafuegos, en Algeciras. Vista parcial del Centro Penitnciario de Botafuegos, en Algeciras.

Vista parcial del Centro Penitnciario de Botafuegos, en Algeciras. / erasmo fenoy

Un preso fallecido al mezclar medicamentos con metadona, otro que provocó un incendio en su celda y un intento de linchamiento. Parece el guion de una película, pero es lo que sucedió al final de la semana pasada en el Centro Penitenciario de Botafuegos, en Algeciras, cuyos trabajadores volvieron a denunciar ayer la sobresaturación de unas instalaciones construidas para acoger a 1.008 presos y que albergan entre 1.300 y 1.400.

Además afirman que faltan más de 50 funcionarios, con especial incidencia en el servicio sanitario, donde el personal es tan escaso que, los que hay, se ven obligados a repartir "la medicación de forma anómala". Según la Relación de Puestos de Trabajo debería haber nueve médicos y dos de apoyo. El pasado 17 de enero este periódico explicó que había solo cuatro. Siguen igual, según detalló ayer un portavoz del sindicato Acaip, el mayoritario en prisiones. Además sólo hay cinco auxiliares de enfermería, cuando debería haber nueve, y nueve ayudantes médicos sanitarios, pese a que debería haber doce titulares y dos de apoyo. No se cubren las bajas, ni las vacaciones, de modo que todas estas cifras pueden oscilar a la baja en determinados momentos.

Otra de las carencias más graves es la falta de un psiquiatra que se ocupe del medio millar de presos que toma medicación psiquiátrica. Ante la necesidad de atender a estas personas, que presentan dolencias de muchas clases que necesitan de un control exahustivo y riguroso, fue el propio Centro Penitenciario el que echó mano de su presupuesto para contratar a un psiquiatra que acude tres veces al mes.

Según explica Acaip, la ley permite albergar en momentos de necesidad a dos presos en cada celda. El problema es que en Botafuegos se ha normalizado lo que debería ser una excepción. "Mientras no se ponga solución a esos tres pilares fundamentales, los altercados, día sí y día también serán el pan nuestro de cada día", subraya el sindicato.

El pasado fin de semana fue movido en este sentido. Los incidentes empezaron el jueves, cuando, sobre las 4:20, los funcionarios de servicio detectaron humo en una galería de la zona 4 del módulo 15. Lo vio a través de las cámaras el jefe de Servicios y acudió al lugar a toda velocidad acompañado de más funcionarios. Allí observaron cómo el interno F.J.V.P., que ocupaba la celda número 34, le había prendido fuego, por lo que procedieron a evacuar uno a uno a los internos que estaban durmiendo en esa galería. Los trasladaron a zonas de seguridad aisladas, debido a su peligrosidad. Los funcionarios utilizaron extintores para sofocar el fuego y uno de ellos, con un equipo de respiración autónoma, entró en la celda para salvar la vida del interno, que estaba en estado de semi-insconciencia. Fue trasladado con la mayor celeridad a la enfermería, donde se recupera del trance.

El otro incidente se produjo el domingo y tuvo resultados más graves. Acaip lo relata así: "A las 16:30, al procederse a la bajada de celdas de los internos del módulo 6, la funcionaria de servicio detectó que el interno M.S.S. no reaccionaba, por lo que dio cuenta de inmediato al jefe de Servicios y a los servicios médicos del Centro Penitenciario". El interno fue trasladado de inmediato a la enfermería de Botafuegos, donde los servicios médicos intentaron reanimarlo durante más de media hora, sin éxito. Llegó entonces el 061, que certificó la muerte. La prisión inició una investigación, que determinó que el fallecido tomó medicación psiquiátrica mezclada con metadona. Esta droga entra en la cárcel de forma ilegal, a través de los visitantes, y a menudo es imposible de detectar porque la introducen dentro del cuerpo y no hay capacidad para revisar uno a uno a todos los familiares o amigos de los presos. El fallecido había sufrido ya cuatro intoxicaciones antes de la faltal. Tras la muerte, un gran número de internos del citado módulo intentó linchar a otro preso al que culparon de haberle facilitado la metadona. Los funcionarios tuvieron que sacarlo del módulo y aislarlo del resto de la población reclusa.

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