Salud y Bienestar

La incidencia de la dermatitis atópica se triplica en los últimos 30 años

  • El otoño y los cambios de temperatura multiplican los casos de esta enfermedad que en España padecen un 20% de los niños y hasta un 7% de los adultos.

La dermatitis atópica es una enfermedad crónica y no contagiosa que causa picor e inflamación en la piel. Los síntomas son piel seca, escamosa y con escozor y generalmente afecta a la parte interna de los codos, detrás de las rodillas, piernas, brazos y la cara, pero también puede cubrir la mayor parte del cuerpo. Entre un 5% y un 7% de la población adulta y entre un 10% y un 20% de niños en España padecen dermatitis atópica, siendo una patología que se ha visto incrementada hasta un 300% en los últimos 30 años. El 90% experimenta esta enfermedad antes de los cinco años, y es la segunda causa más frecuente de visita al dermatólogo.

La dermatitis atópica tiende a hacer erupción cuando se expone a factores irritantes como disolventes químicos industriales, detergentes, humo de tabaco, pinturas  blanqueadoras, lanas, comidas acidas o astringentes, productos del cuidado de la piel que contienen alcohol y algunos jabones y perfumes. Durante los cambios de temperatura y de estación es cuando la enfermedad se torna más severa y la aparición de brotes agudos es más común. En verano la enfermedad mejora y en otoño y primavera tiende a empeorar.

En las fases agudas de la dermatitis atópica, los pacientes sufren fuertes picores, inflamación y en casos severos eccemas y heridas. Los pacientes comienzan  a rascarse y con ello se inicia un círculo vicioso. Al rascarse la barrera protectora de la piel se pierde, las bacterias patógenas, especialmente el Staphylococcus Aureus, se activan y promueven los procesos inflamatorios. Este proceso inflamatorio lleva al paciente a volver a rascarse con los que se debilita aún más la función de barrera protectora de la piel. La consecuencia es que su sistema inmunitario empieza a funcionar mal, reaccionando contra todo aquello a lo que le es ajeno. Por eso es muy común que pacientes con dermatitis atópica desarrollen a la larga otras enfermedades, especialmente alergias, rinitis o asma. Para el doctor Antonio Torrelo, jefe del Servicio de Dermatología del Hospital Niño Jesús de Madrid y presidente del XII Congreso Mundial de Dermatología Pediátrica, "una detección precoz en bebés con dermatitis atópica y un tratamiento correcto permitirá que en el futuro haya menos adultos alérgicos".

Los pacientes con este tipo de dermatitis no sólo sufren las consecuencias físicas de la enfermedad, sino también las psicológicas. "El picor es muy desagradable y como no para de picarte en todo el tiempo, te vuelves una persona irritable, vergonzosa, duermes mal y te afecta a tu vida diaria y a las relaciones con los demás" explica Mercedes González, presidenta de la Asociación Familiares y Pacientes de Dermatitis Atópica (ADEA). "La mejor defensa es la prevención; los que sufren de dermatitis atópica siempre tienen piel muy seca y quebradiza. La capa externa de la piel sirve de barrera protectora. Cuando se agrieta por sequedad, los irritantes pueden alcanzar planos más profundos y causar una erupción. Los pacientes buscan tratamientos no agresivos pero eficaces. Un gran número de pacientes adultos con dermatitis atópica, y sobre todo las madres con niños pequeños con esta enfermedad, buscan soluciones dermocosméticos suaves, seguras y efectivas que ayudan a aliviar los síntomas de la fase aguda e incluso que puedan ser una alternativa a la medicación tópica como la hidrocortisona", concluye el doctor Juan Arenas, asesor médico de Eucerin.

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