Cuaresma

Mística y lírica unidas frente a un año sin sueños

  • El Teatro Villamarta acogió el ‘Stabat Mater’ de Giovanni Battista Pergolesi con las voces de siete pregoneros como preludio a una Semana Santa diferente

Imagen de los intervinientes junto a la alcadesa, Mamén Sánchez, y Francisco Camas. Imagen de los intervinientes junto a la alcadesa, Mamén Sánchez, y Francisco Camas.

Imagen de los intervinientes junto a la alcadesa, Mamén Sánchez, y Francisco Camas. / Manuel Aranda (Jerez)

Este domingo ha tenido lugar en el Teatro Villamarta el anunciado acto lírico que sustituía al pregón de la Semana Santa que estaba previsto que ofreciera Pablo Baena Rodríguez y que tendrá que esperar a la edición de 2022.

Momento para la reflexión como previa a los días santos que ya se encuentran muy próximos. Fue un evento cargado de misticismo donde se puso, como fundamento doctrinal, la evocación de la Virgen María al pie de la cruz. Hubo música y hubo también poesía. La música corrió a cargo de una magnífica interpretación del ‘Stabat Mater’ de Giovanni Battista Pergolesi por un cuarteto de cuerda y las voces de Cristina Bayón y José Carrión con la dirección de Ángel Hortas Rodríguez Pascual. Las voces fueron la de los pregoneros Andrés Luis Cañadas Machado, Gabriel Álvarez, Francisco Garrido Arcas, Jesús Rodríguez, Andrés Cañadas Salguero, Antonio Gallardo Monje y Ángel Rodríguez Aguilocho. Tanto Ángel Aguilocho como Cañadas Salguero sustituyeron a Manuel Doña y José Gallardo al tener ambos que guardar confinamiento en estos días.

Se trató, en definitiva, de ofrecer un recorrido por el pasaje de la soledad de María en el momento de la entrega del espíritu de Cristo en el último instante de su vida.

Un acto cargado de simbolismo, de belleza musical y de recuerdos de otros años en la que la Semana Santa venía precedida y acompañada de procesiones en las calles y de cofradías ofreciendo sus catequesis plásticas.

Conforme se iban sucediendo los distintos movimientos de la obra de Battista Pergolesi, se intercalaban las intervenciones de los pregoneros. Todo muy medido y con una coordinación y organización perfecta.

El periodista Andrés Cañadas Machado fue el primero en salir a las tablas del teatro para ofrecer un recuerdo de los que se fueron recientemente. Pregoneros que también ocuparon atril y palabra como José Carrión y Francisco Barra Bohórquez. Y un recuerdo también para Antoñita Montaño como primera mujer en acceder a un cargo en una junta de gobierno. Y un beso al cielo para María del Carmen, a quien se dirigió con un guiño muy personal. Fue un mensaje de recuerdos de lo que siempre fue y de lo que este año no será. Sin embargo, Cañadas quiso colocar la brújula en el norte de la esperanza. “También hubo un diluvio. Y después salió el sol”, recordaba el pregonero.

Otro periodista proseguía tras el momento musical. Gabriel Álvarez se centró en el misterio de la Virgen al pie de la cruz. Una meditación basada en la imagen de la hermandad del antiguo humilladero. Y una frase a destacar en el esplendor de la gloria de Dios en el momento de la muerte del Señor donde “allí también está la esperanza”, aseveraba.  

Francisco Garrido Arcas tuvo palabras para su Virgen de la Amargura. “El ejemplo de María para soportar el dolor de su hijo muerto en medio de su propia amargura”, reflejaba el cofrade jerezano. Y añadía que “a pesar del dolor y la amargura, María se sometió a la voluntad de Dios”, pasando posteriormente a hacer un recorrido junto al palio de la titular de la iglesia de Los Descalzos desde que llega a las Angustias hasta que culmina en su templo de la calle Medina.

La siguiente intervención vino de la mano de Andrés Cañadas Salguero. Un cúmulo de preguntas existenciales sobre el misterio de la muerte. “No son malas las preguntas”, aseveraba Cañadas mientras concluía su intervención respondiendo a sus cuestiones en la mirada de la Esperanza.

Jesús Rodríguez fue pregonero en el año 2002. Y con el mismo estilo cargado de originalidad de aquel pregón, basó su intervención que fue la más robusta desde el punto de vista literario. El oficio de Rodríguez se desplegó con una prosa muy bien construida donde recreó, de manera muy personal, el momento de la Santísima Virgen al pie de la cruz. Un relato oscuro pero cargado de belleza donde destacó una aseveración irrebatible: “El que muere, está solo”. Y su intenso relato lo concluyó con un “María, que se quería morir, no podía morir con Él”, en clara alusión a su hijo y a la soledad de la muerte.

La música continuaba ofreciendo toda su expresividad a través del esfuerzo hecho por todos los músicos que proseguían con los distintos movimientos del Stabat Mater.

Tras ello, Antonio Gallardo Monje subía al escenario para hablar del desamparo de la Virgen en la tarde del Viernes Santo. Con ese verso tan característico y esa manera de declamar de la familia Gallardo, Antonio quiso colocar la advocación del Desamparo de María bajo el recorrido de una noche del Viernes Santo cuando “la Semana Santa se está  muriendo”.

Finalmente, Ángel Rodríguez Aguilocho remataba este acto con un pasaje basado en la soledad del hombre ante los problemas de la vida. “No desesperes porque siempre te esperará la Reina de las Soledades”, concluía Aguilocho que siempre sorprende con esa clara soltura en el manejo del verso y que siempre es digno de destacar.

El acto concluyó con el pregonero más veterano, Andrés Luis Cañadas Machado, que hizo un sentido resumen del acto en medio de una glosa a la Semana Santa de Jerez.

Fue una cita con más mística que sueños. Con más seriedad que gracia. Pero en definitiva un momento que sirvió como antesala de lo que ha de venir desde un punto de vista más doctrinal. Sobre todo en estos momentos tan complicados donde se busca la cercanía con la fe y la esperanza.

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