La Madrugada

Una noche en blanco y morado

  • Llagas y Nazareno culminan sus estaciones de penitencia, Yedra y Santo Crucifijo las suspenden ya iniciadas y Buena Muerte la cancela

LA Madrugada no escapó de la dinámica de esta Semana Santa. Pese a que los pronósticos salvaban la Noche de Jesús, la lluvia se hizo presente desde su inicio.

Tanto fue así que las hermandades de La Yedra y del Santo Crucifijo suspendieron sus salidas procesionales una vez que éstas ya se habían dado por iniciada, mientras que la Buena Muerte decidió hacerlo antes de abrir sus puertas, con lo que se evitó mojarse en las calles de la Merced.

Por su parte, la Hermandad de las Cinco Llagas salía, al igual que El Nazareno. Tras un Jueves Santo que se desarrolló con normalidad meteorológica, pese al chispeo que apareció pasadas las diez de la noche, llegó una Madrugada que prometía salvarse de acuerdo con lo que los partes del tiempo aventuraban. Pero no fue así y la caprichosa meteorología padecida durante toda la Semana Santa volvió a dejar su sello con una fina lluvia que empezó a caer cuando las cruces de guía de La Yedra y del Santo Crucifijo ya habían avanzado bastantes metros en sus respectivos itinerarios. Ante la sorpresa de propios y extraños, ambas hermandades no se lo pensaron y dieron marcha atrás recogiéndose rápidamente.

La cofradía de La Plazuela ya tenía el misterio en la calle y al palio de La Esperanza sólo le dio tiempo a asomar los dos primeros varales cuando se tomó esta decisión que la devolvió de nuevo a su recoleta capilla. Fue tremendo ver cómo se frustraba lo que prometía ser una Madrugada magnífica y de especial sabor para esta cofradía porque hubiera sido la última antes de la coronación de la virgen de la Esperanza.

Entre tanto, por San Miguel sucedió algo similar. El paso con el Crucificado de Arce estaba en la calle San Miguel mientras que al palio ni siquiera le dio tiempo a asomarse al pórtico principal del templo cuando se dio la orden de volver. El misterio reviró en la misma calle y regresó rápidamente, cerrándose de esta forma la Madrugada para esta cofradía, considerada la cauta entre las cautas. Y es que nada hacía aventurar la lluvia. Contra todo pronóstico, más aún sabiendo de antemano lo que le habían sucedido a las dos cofradías con las salidas a más temprana hora, la hermandad de Las Cinco Llagas le echó valor y se puso en la calle. Poco después de las tres de la madrugada, algunos minutos más tarde del horario oficial, ya no llovía. Los centenares de devotos que aguardaban la salida del Nazareno de Chaveli, menos de los habituales seguramente a causa de los malos pronósticos y de cómo iba evolucionando la noche, se apostaron tras las andas del Señor mandado en el llamador por Manolo Campos para hacer su particular penitencia a un ritmo más rápido porque la hermandad fue recuperando minutos para así cumplir puntualmente con el horario previsto para los diferentes controles. A su regreso a San Francisco cambió mínimamente su itinerario de vuelta bordeando el monumento de la Plaza del Arenal por su lado derecho debido al lamentable estado suciedad y restos de cristales, latas, plásticos y botellas que hacían completamente intransitable el lado izquierdo para una corporación con decenas de nazarenos descalzos. En esto debe tomar buena nota el o los servicios municipales correspondientes porque no sólo fue en el Arenal. En otros lugares como las calles Consistorio, la plaza de la Asunción o la zona del Arroyo el aspecto de las calles era penoso.

Con la esperanza de que las leves precipitaciones de primera hora se quedarán en lo que fueron, la hermandad dejó San Francisco con el objetivo de alcanzar la Carrera Oficial, pero a la altura de La Rotonda volvió la leve llovizna y se apretó el ritmo para acercarse a Santo Domingo donde hizo el amago de refugiarse. La lluvia cesó y el cortejo de blancos penitentes, valientes sin duda, siguió su rumbo, de forma más rápida, para alcanzar la Catedral y regresar a su templo cinco minutos antes de las siete de la mañana.

Por la Alameda Cristina se esperó la decisión final. Los hermanos de Jesús decidieron procesionar y así lo hicieron con todo lo que ello significaba en la Madrugada que adopta el nombre del Nazareno de San Juan de Letrán. Pese a los rostros felices que se veían en los hermanos, la preocupación estaba muy latente ante lo que estaba sucediendo en las calles en aquellos precisos instantes. La decisión estaba tomada y con el objetivo de ir adaptando el itinerario en función de las previsiones meteorológicas que les fueran llegando a la cofradía, Jesús Nazareno, San Juan y El Traspaso comenzaron a caminar por Jerez renovando así la ancestral presencia de esta añeja cofradía que con su singular estilo fue haciendo gala de su jerezanía, marcando la noche con el firme deseo y esperanza de volver a San Juan de Letrán al menos cuando el alba apuntara.

Así fue pero con cierta precipitación ya que el itinerario de regreso se modificó para ganar tiempo antes una 'amanecida' en la que llegaba lluvia, por lo que se dejó la vuelta por calle Larga para hacerlo por la Tornería (más estrecha pero más 'directa'). Cuentan la gente del Nazareno la coincidencia de que cuando el palio se encontraba justo a la altura de la casa de Antoñita Montaño, que siente la pérdida hace pocas fechas de su madre, una nazarena a carta cabal, el agua apareció y de una chicotá entró el paso en la capilla poniéndose el punto y final a la salida procesional de la hermandad que pudo cumplir con su objetivo un año más en una noche borrascosa y de negros pronósticos pero que pudo contar con cofradías en la calle gracias al ímpetu de dos corporaciones alejadas en estilo y formas, pero en este 2013 totalmente unidas. Y lo estuvieron gracias a una Madrugada que estuvo en sintonía de una Semana Santa tremendamente pésima en lo meteorológico, con un tiempo muy variable pero con un peligroso handicap, lo cambiante de los pronósticos que han ido variando conforme pasaban las horas e incluso en apenas unos minutos.

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