Las Palmas-Sevilla FC · la crónica

Un estilo propio al espacio y un aviso al final (1-2)

  • El equipo de Montella juega con un rival desorientado por sus propias basculaciones, pero se duerme en la última fase y arriesga un gran triunfo.

Bajo un estilo muy marcado que apuesta claramente por los espacios y jugar con ellos, el Sevilla de Montella sacó adelante un duelo más en la Liga, es verdad que, como ante el Girona, al final muy raspado pese a haber dado la sensación de que todo el dominio era suyo y que nada podía hacer peligrar los tres puntos. Pero se complicó al final y este sábado podía estar lamentando perfectamente una serie de desconcentraciones atrás que habrían sacado de la valija de vuelta dos puntos si Iglesias Villanueva no se equivoca claramente en un fuera de juego inexistente que acabó con un gol de Gálvez que no subió al marcador en el tiempo de descuento.  

Hubiera sido injusto porque el equipo de negro en la mañana de carnaval en la isla fue mejor que su rival y pudo golpearlo más veces de lo que lo hizo, pero tampoco hay que volver la cara y, precisamente por eso, no entender que un 0-2 ante un equipo como el que dirige Paco Jémez nunca debe dar pie a lo que el Sevilla cedió en los últimos diez, quince o veinte minutos... por irse atrás y recordar desde cuándo el once amarillo dio ese paso adelante ante la concesión de los de Montella.

Porque es verdad que el nuevo estilo del italiano no se basa en el control del juego y puede que eso se le vuelva en contra en más de una ocasión. Este sábado no por poco y es en lo que debe mejorar. En teoría, la salida al campo de Roque Mesa debía servir para que el equipo creciera precisamente en eso, en control y en pausa unos metros más atrás de lo que lo hace, por cierto muy bien, Franco Vázquez. Pero con el canario fue precisamente cuando el equipo de Montella dio ese paso atrás y perdió las riendas del encuentro. 

Este equipo es otra cosa. Se siente a gusto en la creación y gestión de los espacios. Atrae por un lado para golpear por el opuesto, usa el contraataque sin ningún tipo de rubor  y como la mejor arma para explotar el desorden del rival y muy bien que hace el entrenador italiano en fomentarlo. 

Ha creado un estilo propio en el que juega con los espacios y las basculaciones del rival. Enseña las contras por un lado y las termina por otro. Atrae, desconcierta al enemigo y lo acuchilla por donde menos se lo espera. Y si ya lo había hecho en los últimos partidos, en el de este sábado ganó jugando al despiste en las transiciones moviendo a los jugadores del equipo contrario de aquí para allá. En el primer gol inició un contraataque por la derecha con la combinación al primer toque de Sarabia para atraer por la izquierda y acabar definiendo de nuevo por la derecha, y en el segundo tras un robo en fase de iniciación del rival metió un balón dentro para después sacarlo y volverlo a meter dentro, dos obras de arte colgadas en cualquier museo dedicado al fútbol del contraataque y la gestión de los espacios.

Ya avisó a los tres minutos en un espectacular pase a la espalda de los centrales con que Pizarro encontró a Ben Yedder, pero que no acabó el gol por la impericia del francés, que logró regatear a Chichizola pero no supo culminar a puerta semivacía y David García le sacó el balón en la raya.

Estaba cantado que era el partido que se iba a dar teniendo en cuenta cómo entienden el fútbol cada uno de los entrenadores que estaban en la banda. Dos equipos con la defensa adelantada pero con sólo uno sufriendo de verdad, el de un Paco Jémez que parecía vestido para la Feria de Abril, época en la que Montella estará en Madrid disputando la posibilidad de sumar un título con apenas unos meses en el Sevilla. Sarabia dio otro aviso tras una combinación con Correa, firmando los dos una primera parte primorosa, digna del rol que con el italiano disfrutan por ser los dos jugadores más desequilibrantes de la plantilla e ideales en el juego de transiciones.

Corre se lleva controlado un balón aéreo. Corre se lleva controlado un balón aéreo.

Corre se lleva controlado un balón aéreo.

La UD sencillamente no llegaba, sólo lo hizo en un cabezazo a balón parado al que respondió Sergio Rico para terminar de convencer a sus detractores que había sido invalidado unos minutos antes del primer gol sevillista, una habilitación de Sarabia para que N’Zonzi y el Mudo lo movieran rápido a la banda contraria, donde Correa atraía la atención de la basculación del rival para volver a desahogar a la derecha, donde el madrileño hizo medio gol con una bicicleta mágica y un derechazo que acabó metiendo Ben Yedder tras la respuesta de Chichizola. 

A la vuelta del descanso el 0-2 fue algo parecido pero en vertical en vez de horizontal tras un robo de Sandro para el que atrajese la atención, este vez dentro del área, fuera Ben Yedder. El francés la aguantó, la sacó y la volvió a meter dentro Franco Vázquez para el remate a la primera de Sarabia.

Todo parecía hecho, más que nada porque el contrario daba señales de estar grogui desde el inicio, pero el Sevilla, que encima tampoco cerró el marcador con un mano a mano de N’Zonzi con el portero, cayó en la trampa de desconectarse. Cometió un penalti a diez minutos del final que metió a Las Palmas en el partido y que, sin ser una tragedia, obligaba a extremar las precauciones. Lo que no se hizo en ese balón llovido en el que Iglesias Villanueva actuó de hombre libre para el Sevilla. Un refuerzo de moral para lo del miércoles ante el Manchester United, pero al mismo tiempo una enseñanza...

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