Sociedad

La UE no cumple con la paridad de género que Bruselas exigirá a las empresas

  • Los cargos directivos de las instituciones y agencias europeas son acaparados en gran proporción por los hombres.

Las instituciones europeas no cuentan en sus puestos de mando con la cuota de presencia femenina que la Comisión Europea se plantea exigir en sus cargos directivos a las empresas que cotizan en bolsa, a fin de fomentar la igualdad de género en el mundo laboral. Aunque en los puestos de menos responsabilidad existe prácticamente paridad entre hombres y mujeres e incluso éstas son mayoría en algunos casos, los cargos directivos de las instituciones y agencias europeas son acaparados en gran proporción por los hombres.

En los puestos más visibles, los políticos, las mujeres representan aproximadamente un tercio (7 de 26 comisarias en el Ejecutivo comunitario, 261 eurodiputadas de 754 en la Eurocámara y 4 de 27 jefes de Estado y de Gobierno en el Consejo Europeo). Pero en las direcciones generales, los puestos más altos en la escala funcionarial europea, los datos no son mejores. En el Parlamento Europeo las directoras generales son el 33% y en la Comisión el 17%, mientras en el Consejo no hay ninguna mujer en ese nivel (y eso que en esta institución ellas son más, 1.663 del total de 2.835 trabajadores).

La única institución con una mujer presidenta (en este caso compartiéndolo con un hombre, el jefe del Ejecutivo murciano, Ramón Luis Valcárcel) es el Comité de las Regiones -institución sin capacidad legislativa- donde está la italiana Mercedes Bresso. El resto de las principales instituciones y agencias de la UE tienen al frente a un hombre, como el Banco Central Europeo con Mario Draghi, el Defensor del Pueblo europeo con Nikiforos Diamandouros, el Supervisor de Protección de Datos con Peter Hustinx o el coordinador antiterrorista de la UE con Gilles de Kerchove. También en el Tribunal de Justicia de Luxemburgo y la Corte de Auditores, donde además solo hay 7 de 36 miembros mujeres en el primer caso y 3 de 25 en el segundo.

Estos números chocan con la propuesta que la comisaria de Justicia, Viviane Reding, dijo que estudia presentar en la segunda mitad del año para obligar, so pena de multas económicas, a las empresas a contar con un porcentaje de mujeres en sus puestos directivos (un 40% para el objetivo 2020).

Los funcionarios consultados coinciden en señalar que existen muchas mujeres en las instituciones europeas, pero pocas en los puestos de mando. "Las mujeres cada vez son menos según vas subiendo el escalafón", reconoce un alto funcionario del Consejo, que admite que en la institución "existe un claro corporativismo machista que lleva a promocionar siempre a más hombres que mujeres".

Así, ¿está la UE legitimada para pedir un mayor número de mujeres directivas en las empresas comunitarias? Según la que fuera portavoz de Javier Solana como Alto Representante y secretario general del Consejo y portavoz de la última presidencia de turno de la Unión, la funcionaria del Consejo Cristina Gallach, "la UE no solo está obligada, sino que está legitimada a promover medidas de igualdad dentro y fuera de sus instituciones".

La sucesora de facto de Solana, la jefa de la diplomacia europea Catherine Ashton, es la mujer más poderosa de la UE, ya que, además de ser Alta Representante para la Política Exterior, es vicepresidenta de la CE. La propia Reding, defensora a ultranza de los derechos de la mujer, reconoce que la situación de la presencia de las trabajadoras en los puestos de más rango de la UE "puede mejorar todavía". La comisaria de Justicia se congratula, sin embargo, de que "en los últimos años ha habido una tendencia muy positiva en los puestos sénior de la CE, pasando del 4% en 1995 al 24% en 2011".

La tasa de empleo de la población activa en la UE entre 25 y 64 años es del 63,8% en el caso de las mujeres y del 77,5% en el de los hombres. Según datos del Parlamento Europeo, las diferencias salariales entre hombres y mujeres todavía son de un 18% en la UE, superando el 25% en algunos Estados miembros. Además, una ciudadana europea debe trabajar, por término medio, 418 días naturales para ganar lo mismo que un hombre en un año natural.

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