Toros

Los 'Algarras' dieron al traste

  • La segunda corrida picassiana en La Malagueta se quedó en agua de borrajas por el pobre juego de los astados, incluido el sobrero que sustituyó al inválido sexto, en una tarde en la que poco pudieron hacer los toreros

GANADERÍA: Siete toros de Luis Algarra -el sexto fue devuelto a los corrales por su manifiesta invalidez- bien armados en líneas generales. Sólo el cuarto tuvo menos trapío que sus hermanos que constituyeron un conjunto digno en cuanto a su presencia pero que luego, en su juego, dejaron muchísimo que desear, ayunos de falta y de fuerzas, al punto de dar al traste con el festejo. TOREROS: Javier Conde, vestido azul oscuro ornado con motivos picasianos con golpes y remates en negro, obra de Lacroix. Un pinchazo, otro sin cruzar y un tercero tras del que el toro se echó para que lo apuntillaran (silencio). Tres pinchazos sin pasar (bronca). Manuel Jesús 'El Cid', vestido azul añil con adornos en rosa y oro y capote de paseo con motivo de la Tauromaquia picasiana estampado. Estocada trasera muy baja (palmas). Un pinchazo y una estocada entera (silencio). El Fandi, vestido grana adornado con rombos azules en la chaquetilla y en las bandas de la taleguilla. Estocada que hace guardia y un descabello (palmas). Estocada tendida y desprendida, dos descabellos (silencio). Incidencias: Festejo ofrecido en directo por los canales autonómicos de Andalucía y Madrid. Muy buena entrada. Tarde de temperatura muy agradable, sin viento salvo en el sexto toro. El ruedo estuvo adornado con referencias picasianas en diseño de Francisco Carmona.

El bien programado fin de semana en La Malagueta, que sitúa a la ciudad a la cabeza de la oferta taurina en el panorama nacional, se quedó en agua de borrajas por el pobrísimo juego de la corrida de Luis Algarra, que salió por el portón de los sustos. Corrida de más que aceptable presencia con tres toros -quinto, sexto y sexto bis- pasados de romana: 600, 625 y 640 kilos, peso excesivo a todas luces para en encaste de que se trataba. La corrida pecó de falta de fuerzas y de casta. Fue bastota y tuvo cierta nobleza, pero sin excepción, terminó de venirse abajo lastrando la expectación que el festejo había despertado.

El primero de la tarde no terminó de emplearse nunca, toro bien armado y bajo, que llegó a la muleta buscando los tableros y defendiéndose, parado y con un viaje muy corto. Los intentos de Javier Conde por ligar y en consecuencia se quedaron en el propósito. El cuarto ya se cayó en el capote y al tomar la muleta volvió a doblar las manos, sin fuerza y sin raza -hay que repetir que fue el signo de la corrida- se desinfló literalmente, haciendo la faena imposible.

Lanceó El Cid a la verónica al segundo de la tarde, un toro armado en delantero y cómodo de cabeza. Quitó El Fandi por tafalleras y El Cid le respondió con dos verónicas y media de buena factura. Durante este tercio, el toro no metió mal la cara. El de Salteras se mostró decidido pero no tuvo materia prima porque la res, que llegó a la muleta embistiendo al ralentí, no trasmitió y se paró muy pronto. El quinto mostró un viaje cortísimo en la muleta y Manuel Jesús pugnó decidido en busca del puesto perdido en el escalafón, pero con más voluntad que posibilidades de acierto.

El tercero de la tarde, bien armado y codicioso, tuvo también las fuerzas justas. Quite variado de El Fandi tras el prólogo de la habitual larga cambiada. Luego de la primera vara de Juan de Dios Quinta, el granadino pidió el cambio de tercio, por lo que será bueno recordarle que Málaga es plaza de primera. El diestro cogió los palos como es habitual, para dejar un primer par trasero, otro más clavando desde el pitón derecho y un tercero, al violín, saliendo del estribo de ejecución espectacular. El toro llegó al último tercio con la cara a media altura y tomando el engaño rebrincado, se paró pronto y protestó y David Fandila se mostró decidido frente a esta res poco lucida. Algún muletazo sobre el pitón derecho tuvo buen trazo. El toro no se dejó matar y El Fandi lo atravesó. Devuelto el sexto por su manifiesta invalidez y entre las lógicas protestas, salió un morlaco con 640 kilos, alto de agujas, astifino, que correteó sin fijeza. Una vara y un picotazo cubrieron el tercio y cambiado el mismo, el diestro clavó un par a toro pasado, otro espectacular y otro tercero, por fin, después de pasar la cara. La faena de muleta comenzó de rodillas y al pasarlo sobre la derecha, el toro se cayó. Al natural sucedió otro tanto. La res llevaba la cara a media altura y el espada se mostró decidido frente a un enemigo que quería seguir los engaños, pero estaba muy justo de fuerzas. La falta de transmisión devino, por fin, en suerte sin sabor.

Desde los tendidos en los que apenas con diez años se sentó como espectador Pablo Ruiz Picasso para vivir las tauromaquias de Guerrita, de Lagartijo, de Frascuelo, presenciamos un festejo fallido que conmemoraba al genio malagueño en la segunda edición de su corrida.

"Los toros son ángeles que llevan alas", dijo Picasso. Los de la corrida que hemos comentado, solo tenían fachada.

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