Sanfermines | Sexta corrida de la Feria de Pamplona

Festejo sin apenas calado artístico

  • Sebastián Castella y López Simón consiguen sendos trofeos con generosidad l El mejor toreo lo realizó Miguel Ángel Perera ante el quinto, el único toro bueno de una decepcionante corrida de Fuente Ymbro

Sebastián Castella, en un desplante al toro que abrió plaza. Sebastián Castella, en un desplante al toro que abrió plaza.

Sebastián Castella, en un desplante al toro que abrió plaza. / jesús diges / efe

La alegría mayor cuando alcanzamos el sexto festejo de los Sanfermines llegó unas horas antes con el alta de Javier Castaño, quien sufrió el pasado domingo una cornada grave en este ruedo de Pamplona, de unos 20 centímetros en la fosa iliaca. El salmatino, a estas horas, ya estará en su casa y soñando con la reaparición.

El espectáculo, sin apenas mordiente en lo artístico, estuvo marcado por una corrida de Fuente Ymbro, de gran fachada y en conjunto inválida, de cuyo comportamiento únicamente se salvó el quinto toro. Sebastián Castella y Alberto López Simón, voluntariosos en trasteos machacones, consiguieron una oreja cada uno fundamentalmente gracias a sendas estocadas al primer envite en un festejo en el que lo mejor corrió a cargo de Miguel Ángel Perera, quien logró dos series relevantes con la diestra, pero que perdió premio al fallar con la espada.

Sebastián Castella se las vio en primer lugar con un toro muy serio, cuesta arriba, con dos perchas tremebundas que de salida ya amagó con saltar al callejón. El diestro francés se eternizó en una labor correcta técnicamente, pero carente de emoción, con un animal noble, pero flojísimo.

Con el cuarto, serio, otro astado noble, pero sin brío, Castella volvió a emplearse en un trasteo sin emoción alguna y muy largo, tan dilatado que escuchó un aviso antes de entrar a matar. Entre tanto el personal se entretenía en una pantagruelica merienda, el francés mató de estocada y el público solicitó una oreja, concedida, de escasa entidad.

Miguel Ángel Perera anduvo correcto, aunque sin opciones al lucimiento, con el segundo, serio, manso, que persiguió la muleta sin entrega.

Con el quinto, bien armado y que embestió bien por el pitón derecho, Perera consiguió buenos pasajes por ese lado, logrando una gran tanda de muletazos largos y tendidos y otra entre las coordenadas de la quietud y ligazón. Por el izquierdo, al animal le faltó franqueza. Larguísimo trasteo –escuchó un aviso antes de entrar a matar– y mató de feísima media estocada caída, por lo que el balance quedó en una ovación para el torero y, anteriormente, otra para el toro en el arrastre.

Alberto López Simón se enfrentó en primer lugar a un tío, de impresionante y muy astifina cornamenta, flojísimo y con problemas en la vista. El de Barajas abandonó pronto ante las nulas embestidas del astado.

El corniabierto y montado sexto, que se lesionó la mano derecha al comienzo de la faena, acometió con la cara alta. López Simón fue cogido cuando citaba en la larga distancia en el primer muletazo de la segunda tanda. El toro le buscó con saña cuando yacía en la arena, sin que hiciera presa. El madrileño, con pundonor, se la jugó en cercanías, sufriendo otro susto cuando arrancaba muletazos junto a tablas. Mató de estocada al encuentro para cortar una oreja. La presidenta formó un lío al sacar dos veces el pañuelo blanco, cuando el premio era un trofeo. Fue abroncada y el diestro paseó una oreja entre el fervor del público.

Tarde marcada por una corrida de Fuente Ymbro, bien presentada y que, a excepción del quinto, decepcionó en su juego.

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