Novena de abono en la Real Maestranza

La naturalidad de Morante

  • El matador de toros de La Puebla no remata con la espada una faena de gran voltaje artístico.

  • Miguel Ángel Perera y Javier Jiménez, con entrega, tampoco consiguen trofeos.

Morante de la Puebla, en un ayudado con la izquierda, para 'engolosinar' al cuarto toro en sus embestidas. Morante de la Puebla, en un ayudado con la izquierda, para 'engolosinar' al cuarto toro en sus embestidas.

Morante de la Puebla, en un ayudado con la izquierda, para 'engolosinar' al cuarto toro en sus embestidas. / Juan Carlos Muñoz

Morante, que es una esponja como artista, ha añadido a las vetas joselitista y gallista la pepeluisista en este último período de su carrera. No en vano la temporada pasada Pepe Luis Vázquez Silva, el hijo del maestro Pepe Luis, acompañó al diestro de La Puebla durante su campaña. En una Maestranza con tres cuartos de entrada, bañada en sol, esa naturalidad y esa gracia artística afloraron delante de un toro, el cuarto, alto, de embestidas poco boyantes y algo descompuestas. Gracia artística; no liviana.

Esa gracia con la que el gran maestro rubio de San Bernardo bruñía sus conocimientos y técnica. Como ayer, Morante, que aplicó una gracia profunda para convertir, a base de inspiración, las acometidas en viajes ilusionantes en los que la figura del torero, frágil por momentos, hipnotizaba al público con su alto voltaje artístico: ayudados para engolosinar al toro, naturales sueltos de suprema calidad, derechazos largos, aquí un molinete improvisado, allá pases de pecho con empaque o abaniqueos breves y alados en la cara del toro ¡Qué delicia! Todo eso tras aguantar y esperar al toro en los embroques, con la muleta como anzuelo. Todo ello con armonía, con compostura, con gallardía, con repajolera gracia. Pinchazo en lo alto, pinchazo hondo, descabello... se esfumó el premio. Da igual. Hubiera sido una pedrea de casquería. Porque a los de arriba, a los que saben paladear el toreo, les tocó el gordo con tan poco, pero con tanta calidad.

Se lidió un encierro de García Jiménez, de desiguales hechuras y juego dispar

Ante el que abrió plaza, sin clase, al que no le hicieron sangre en varas ni para un análisis y que acometió sin clase alguna, Morante dibujó un puñado de verónicas con quietud, volando bien el capote y rematando con una buena media. También templó la capa en unas tafalleras. Con la franela, incómodo, no se empleó. Vamos, que no lo quiso ni ver.Miguel Ángel Perera, en el quinto, un astado colorao, cornilevantado, largo, al que cuidaron en varas, con movilidad y sin clase, brilló a la verónica y en un excelente quite por gaoneras. En una faena bien planteada técnicamente, marcada por la quietud, consiguió buenas tandas, con ligazón y con un cierre ojedista envolviendo al toro en ochos. Se tiró bien a matar, pero la estocada cayó baja y se esfumó el premio.Con el mansísimo segundo, alto, cornidelantero, Perera, enorme con el capote ayer, ganó terreno con hondas verónicas. El primer tercio fue un paripé, Y el pacense porfió en un trasteo en el que robó muletazos al astado junto a tablas.

Morante de la Puebla ha enriquecido su tauromaquia con una veta pepeluisista

Javier Jiménez se las vio en primer lugar con un toro de buenas hechuras pero sin franqueza, que no humillaba ante el que planteó una faena desigual y larguísima, con un primer tramo en el que hubo temple y en el que lo mejor llegó en el epílogo con dos tandas acompañadas por la música. La banda, inoportuna, cortó justo antes de un desarme e inmediatamente el torero escuchó un aviso antes de entrar a matar.Con el sexto, descarado de pitones y que se paró pronto, Jiménez intentó lucirse en los medios en un trasteo voluntarioso.

En conjunto, los diestros estuvieron por encima de una deslucida corrida en la que brilló la naturalidad de un Morante que ha enriquecido su tauromaquia con una veta pepeluisista.

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