Toros

El estoicismo de Alberto López Simón

segunda corrida de la feria de otoño de madrid Ganadería: Cinco toros de Puerto de San Lorenzo y un sobrero de Valdefresno como cuarto bis. De desigual presentación y juego. TOREROS: Diego Urdiales, de tabaco y oro. Dos pinchazos y media caída (silencio). Estocada (saludos tras ovación). Pinchazo y estocada (silencio). Alberto López Simón, de azul y oro. Pinchazo y estocada (oreja que muestra la cuadrilla tras entrar herido en la enfermería). Estocada (oreja con petición de la segunda). Dos pinchazos y descabello (silencio). INCIDENCIAS: Plaza de toros Monumental de Las Ventas de Madrid. Viernes 2 de octubre de 2015. Casi lleno. López Simón fue operado en la enfermería de una "herida por asta de toro en tercio superior cara posterior de muslo izquierdo, hacia arriba, de 12 cm., que alcanza el pubis. Pronóstico reservado". El público obligó a saludar a Diego Urdiales y López Simón tras el paseíllo. Desde el Tendido 7 se desplegaron dos pancartas que rezaban: 'Libertad para nuestra cultura' y 'Basta ya de prohibiciones taurinas', con la ovación del resto de la plaza.

Alberto López Simón volvió a triunfar y a caer herido una tarde más esta temporada. Tercera salida a hombros en Las Ventas y... un sin fin de cornadas en varias plazas ¡Pero ojo, no es un loco que desconozca la técnica! Es un torerazo que se coloca en ese sitio donde los toros embisten, por muy malos que sean, o te dan el pasaporte sin sello para entrar directamente al quirófano. Y lo hace con una quietud inquietante. Ayer sufrió una cornada en el cuarto tras haber cortado una oreja al segundo, se corrió turno tras ser operado y volvió en el quinto para conseguir otro trofeo y ganar la salida por la Puerta Grande. Una salida a hombros con el público enardecido en la que le volvieron a meter por el patio de cuadrillas para pasar directamente a la enfermería.

La tarde, un mano a mano entre Diego Urdiales y López Simón, con una corrida de Puerto de San Lorenzo que dio mal juego, estuvo marcada por una emoción a flor de piel cuando el diestro barajeño pisó terrenos inverosímiles y toreó despacio; algo que sucedió especialmente en el quinto toro, cariavacado, mansísimo y a la defensiva, ante el que se enfrentó herido y renqueante, dibujando muletazos muy templados. Simón cruzó la línea roja y corrió muy bien la mano en dos series diestras francamente buenas que fueron coreadas y en algunos naturales de gran valor. Mató de una valerosa estocada al encuentro y fue premiado con una oreja tras la petición de la segunda.

Con su primero, segundo de la tarde, también manso y deslucido, se había esforzado por agradar y llegó a pisar terrenos muy comprometidos. En un muletazo con la diestra fue corneado por detrás, entrando el pitón por la parte trasera del muslo izquierdo. Se levantó de la arena y continuó a base de quietud y valor, cerrando con unas manoletinas imposibles, porque el toro no permitía nada por arriba. El público rugió por la entrega total. Mató de pinchazo y estocada y fue premiado con una oreja, entregada a uno de sus banderilleros. Salió el madrileño a por ella, con el semblante pálido y se guardó el trofeo en la chaquetilla para meterse al taller de reparaciones.

El cierre perdió gas porque el animal se lesionó una mano en la lidia y López Simón, sin oponente, cortó pronto la faena -lo que agradecieron los aficionados-, brindada al cantante Andrés Calamaro.

Diego Urdiales, con un mal lote, afrontó el duelo de manera conservadora. Con el hondo y noblón que abrió plaza, que no humillaba, lo mejor lo logró a la verónica, ganando terreno. Ante el tercero, deslucido, se mostró porfión, con algunos muletazos sueltos con empaque. Y con el cuarto bis, también deslucido, la faena no cobró altura.

Sin duda, el mano a mano alcanzó brillo gracias a la épica de un torero, López Simón, quien continúa jugándose la vida con un estoicismo auténtico.

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