Toros El clasicismo de Aguado en el retorno de Jesulín en Morón

  • El sevillano borda el toreo ante el sexto toro de El Torero, indultado, y el gaditano cumple sus expectativas

  • Cayetano, enrazado ante el quinto astado, premiado con la vuelta al ruedo

Jesulín de Ubrique, a hombros, junto a Pablo Aguado y Cayetano. Jesulín de Ubrique, a hombros, junto a Pablo Aguado y Cayetano.

Jesulín de Ubrique, a hombros, junto a Pablo Aguado y Cayetano. / Juan Carlos Vázquez

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El festejo en Morón, con el foco mediático puesto en Jesulín de Ubrique, que retornaba –ya reapareció el año pasado en Cuenca–, acabó con un Pablo Aguado pletórico ante un excelente toro de El Torero, indultado a petición del público. Jesulín se mostró técnico y fácil ante su lote y salió a hombros en este retorno que le sirve de preparación de cara a la próxima temporada que quiere sea especial por sus treinta años de alternativa; entre tanto Cayetano lo hizo tras cortar un total de tres orejas. Por su parte, Aguado consiguió los máximos trofeos del sexto, indultado de manera generosa y con el que realizó el toreo de más quilates, consiguiendo los máximos trofeos simbólicos. Todo ello dentro de las exigencias de una plaza de tercera, que registró unos tres cuartos de aforo cubiertos en una tarde que comenzó soleada, acabó fría y con un viento muy molesto para la lidia.

Jesulín anduvo con facilidad y desahogo ante su lote gracias a esa excelente técnica que domina desde prácticamente su niñez. Con el que abrió plaza, que brindó al gran banderillero retirado El Mangui, realizó una faena excesivamente larga en la que supo tapar varios defectos del animal, como la flojedad –perdió las manos en los primeros tercios–. Tanto por ligazón como por algunos guiños a sus partidarios, como un ramillete de molinetes en serie, que rememoraron su desparpajo, cortó las dos orejas tras estocada desprendida.

Con el cuarto, sin entrega, el viejo Jesulín tiró de oficio y desde que comenzó el trasteo en tablas, hasta un pinchazo y una media muy trasera, pergeñó una labor pundonorosa ante un toro que había puesto en apuros a sus banderilleros.

Cayetano, con brindis a Jesulín en su primero, realizó un trasteo voluntarioso a un castaño, bien hecho, que ya perdió las manos cuando le colocaban en banderillas y que resultó aplomadote en la muleta.

La terna, a hombros en tarde ventosa y con tres cuartos de entrada del aforo cubierto

Con el quinto, un gran toro, con empuje y celo y que cumplió en varas y arreó fuerte en el segundo tercio, Cayetano llegó con facilidad al público con una faena marcada por la ligazón y en la que compuso bien la figura en varios pasajes y en la que derrochó raza. Tras unos bellos doblones, no vino a cuento descalzarse en esta labor que cerró de manera pinturera y en la que intercaló buenos pases de pecho. Tras pinchazo y entera fue premiado con las dos orejas. Este toro, premiado con la vuelta al ruedo póstuma, no tenía nada que envidiar al indultado.

El sevillano Pablo Aguado, que sustituía al convaleciente Enrique Ponce, rezumó clasicismo ante su lote. Con el magnífico sexto, Aguado bordó el toreo. Manejó bien el capote a la verónica. Y aunque el toro soltó la cabeza en varas –sonó el estribo– en un único puyazo, embistió con gran fondo y calidad. El diestro comenzó con unos doblones con sabor. Con la derecha toreó con suavidad y con la izquierda logró naturales y ayudados de bellísima factura, con un buen tramo de toreo en redondo. Todo ello salpicado con buenos remates, como pases de pecho o bien molinetes improvisados. El público comenzó a pedir el indulto del toro de El Torero que fue a más, entre tanto Aguado continuaba enroscándose al astado y muleteando con clase. La plaza fue un clamor en la petición y el presidente no dudó en concederlo. El diestro fue premiado con las dos orejas y rabo simbólicos.

Con el anterior, muy flojo y que acusó una seria voltereta, Aguado, que brindó a Jesulín, demostró su buen concepto, con algunos naturales sueltos de calidad y dio un mitin con los aceros.

El festejo, marcado a priori por el reclamo de Jesulín, deparó el gran momento de Pablo Aguado, que ya en Fallas se vio que es un torero al alza y en el que sumó un enrazado Cayetano. Entre fotógrafos de prensa y un remolino de gente salieron a hombros los tres diestros en un espectáculo que resultó atractivo en su conjunto.

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