Verano

Un animado robot ecológico

  • La compañía Pixar presenta el más difícil todavía con WALL-E, una cinta de factura brillante protagonizada por entrañables personajes que no hablan

La Pixar sigue galopando. Ha revolucionado para siempre el cine de animación, y tal vez el cine en general, logrando que la aristocrática Disney se le rindiese a los pies. Su gran cambio no es sólo técnico al haber ensanchado los límites de los dibus con la infografía informática, sino temática. La Pixar, dotada de unos guionistas prodigiosos, demostró que la animación podía ser cine familiar en el sentido amplio, pues sus películas son adultas y recuperan el espíritu del Hollywood clásico, con obras maestras que se pueden disfrutar siendo niños y mayores. Además, hubo grandes herejías, como eliminar las canciones, que funcionaron a la perfección.

En los 18 años que lleva rulando Pixar ha situado a varios de sus productos entre los diez más taquilleros de la historia del cine y ha conseguido ocho Oscars. Entre sus grandezas una de las mejores ha sido darle cancha a Brad Bird, que con Los increíbles y Ratatouille ha marcado dos hitos en el cine de animación.

Sin embargo, Pixar demuestra que a veces puede pinchar, como hizo con Cars, que se acercaba demasiado a esa estética Disney que estaba dejando atrás. Pero con su propuesta de este verano, que adelanta sus estreno español a este miércoles, WALL-E: batallón de limpieza, parece haber recuperado el camino de Monstruos S.A. y Toy Story, si bien aumentado.

Las críticas en Estados Unidos han sido delirantes y hay quien la propone para el Oscar a la mejor película absoluta, no de animación. El film fue bendecido cuando el candidato demócrata a la presidencia, Barack Obama, fue a verlo con su hijo. WALL-E supone el ascenso del que en 1990 se convirtió en noveno empleado de Pixar cuando era un modesto taller de animación y luego codirigió Bichos y Buscando a Nemo, que debuta con el film que se estrena hoy como responsable del proyecto en solitario: Andrew Stanton.

La idea viene de largo, pues surgió en 1992 en una comida tras el estreno de Toy Story, donde futuros proyectos de la compañía ya quedaron esbozados. Entre ellos, una historia donde la Tierra era abandonada por los humanos y sólo se quedaba un modesto robot programado para realizar labores de limpieza.

La pobre máquina durante años y años se dedica a bregar con el basurero en que se ha convertido nuestro planeta. Es un proyecto más arriesgado de lo que parece, pues los personajes no hablan y todo es visual. En algunos aspectos, WALL-E: batallón de limpieza es un homenaje a la vieja y entrañable comedia muda americana, con Buster Keaton cono referente principal. Por supuesto, y como es preceptivo en Pixar, el despliegue de brillantez animada es lujurioso. El film es a la vez una historia de amor y un alegato ecológico.

WALL-E es un robot diseñado para hacer limpieza que se queda sólo en nuestro planeta. El exceso de basura y el deterioro del medio ambiente han hecho que los humanos se hayan ido. Pero al pobre robot nadie lo ha desconectado y durante 700 años sigue a lo suyo.

Su monótona vida se ve alterada cuando llega EVE, un robot femenino de exploración de una tecnología más avanzada que la suya. Encuentra a una compañera después de tanto tiempo de soledad, pero ésta descubre que WALL-E ha conseguido de forma casual descubrir como el planeta puede volver a ser habitable. Se marcha a comunicar su descubrimiento, pero el robot limpiador no la va a dejar escapar tan fácilmente.

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