La termorregulación que juega

  • Konoplyanka, que tampoco encontró su electricidad, lidera una legión de futbolistas gélidos como la noche Llorente, Reyes o Escudero hibernaron

La regulación de la temperatura corporal para un futbolista es uno de los mecanismos más importantes de cara a su rendimiento. Lógicamente, ésta, o el modo de elevarla mediante el aumento de la producción metabólica a través de la carrera, está muy condicionada por la temperatura exterior. Luego, hay otras fuentes de calor, por llamarlo de alguna manera, que no tienen mucho que ver con los niveles físicos y que sí están conectadas con la mayor o menos flema interior: la capacidad de reaccionar, de tener mayor o menor amor propio o, si se quiere, acciones que tienen que ver con la personalidad... Se habla de jugadores de sangre fría o jugadores de sangre caliente. Independientemente de donde hayan nacido, esto viene a ser más o menos así, aunque luego caigamos en el estereotipo de las nacionalidades.

Sean fríos o no, llevaran a cabo o no una buena activación corporal en el calentamiento, ayer bajo la gélida noche noruega coincidieron en el once titular del Sevilla varios jugadores de flema alta. Suelen ser sensaciones que se perciben desde el exterior, también teniendo en cuenta unas condiciones especiales que rodeaban a un partido con muchas similitudes a la vuelta copera en Vigo. Era fácil desconectarse anoche. El termómetro marcando niveles bajo cero, la nieve, el tacto de la superficie de hierba artificial, el resultado cómodo de la ida, el cargado calendario... aunque también el estadio del Molde fue el escenario perfecto para comprobar por qué determinados jugadores no acaban de enchufarse en el plan A de Unai Emery. Liderados por un Konoplyanka que, menos un rato en la segunda mitad, pareció cogerle asco a un entorno para el que debía estar familiarizado, no pocos fueron tras él en ese paso a un lado, a ese huir del frío. El ucraniano tardó demasiado en entender que lo que el técnico le pedía haciéndolo jugar esta vez en su banda natural y no en la izquierda eran centros y no el recorte hacia dentro y el disparo. A Reyes le pasó tres cuartos de lo mismo. Y a Llorente, esperando esos balones, también empezó a helársele la sangre. El riojano no tuvo a su alrededor todo el fútbol que le llegó en el 3-0 de la ida y nunca entró en calor como en la noche de su único doblete en el Sevilla.

Suelen coincidir estas percepciones con jugadores que andan lejos de la condición de titular fijo en los planes del entrenador. El técnico espera que se metan en la dinámica y ello no termina de llegar. Konoplyanka completó una primera parte tirando a decepcionante. Se trastabilló en un remate claro con la izquierda (puede que fuera el césped artificial) y sí protagonizó una preciosa dejada con el exterior en el derechazo de Banega al larguero, pero no entendió ni el carril ni el momento de buscar el centro. Sí sacó tras el descanso dos muy buenos, un córner que Kolodziejczak mandó al palo y el del gol anulado, así como uno más envenenado que atrapó Horvath.

Cuando hace ese fútbol eléctrico en la banda, Konoplyanka no es precisamente el paradigma del jugador frío, aunque por noches como la de ayer, sí. Pero también Escudero (extraño partido el del madrileño), el siempre examinado Fazio o hasta un David Soria que se rebeló en una gran estirada.

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