La tozudez y el compromiso

  • El esfuerzo titánico de los profesionales del Sevilla compensa el empecinamiento de Manzano en jugar a la ruleta rusa · El pírrico punto no premia el gran derroche

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A finales de mayo se verá si el punto cosechado en el Vicente Calderón sirve o no sirve. Ya quedan 13 jornadas solamente y, al menos, el Sevilla le puso una zancadilla a un rival directo que podría haberlo adelantado en la clasificación abriendo una brecha en la confianza del equipo. A lo peor, el esfuerzo titánico de los profesionales que defendieron el escudo exprimiendo hasta la última gota de sudor, como pide José María del Nido, da la cara el martes, porque quizá no recordó Manzano ese día hay otro partido. De momento, lo único cierto es que tras el esfuerzo del miércoles en Oporto, el Sevilla puso su alma en el Calderón, para llevarse un punto lo mismo que pudo llevarse los tres o ninguno.

Decía Manzano que junto al Manzanares podía pasar de todo. Y así fue. Pero en su conciencia queda el tremendo derroche físico de unos futbolistas a los que no se les puede poner ni un pero. Ni aunque hubiesen perdido en uno de los arreones de un Atlético que por momentos se enardeció frente a un grupo de jugadores que se desdoblaron para compensar el déficit que provoca el empecinamiento de su entrenador. Se empeñó en jugar con cuatro atacantes hasta el minuto 90 y ni siquiera cayó en refrescar a alguno de los hombres que, literalmente, tiraban de corazón para desdoblarse ante la desconexión de ese 4-4-2 que con Medel parece funcionar si no se rompe en el 4-2-4, como sucedió ayer cuando el cansancio comenzó a hacer mella.

Está manido ya el debate sobre el sistema, pero hay que incidir en él de nuevo. Hay que ponerle un monumento al chileno, a Rakitic, a Fazio, a Escudé, a Fernando Navarro, a Perotti, a todos esos jugadores que, con las piernas cargadas casi todos por un encuentro intersemanal que el Atlético no jugó, cabe recordarlo, realizaron un dechado de compromiso para acabar sumando un pírrico puntito. ¿Sirve el empate para mantener la zanahoria europea? Al rey Pirro no le sirvió ganar su batalla porque en el empeño se dejó la vida de gran parte de su ejército. Y eso mismo le puede pasar a Manzano.

El Sevilla se fue ganando al descanso porque Javi Varas volvió a aparecer, como en Oporto, de forma milagrosa sacando un pie ante Agüero. Su mediación con el tiempo cumplido antes del descanso no ocultaba una realidad. El Atlético llegaba por los costados por un pequeño pero importante matiz de su sistema de juego, tantas veces comparado con el 4-4-2 del Sevilla. Y este matiz es la movilidad de sus piezas de ataque. El Sevilla lleva unos años en el que mover los pilares de su juego de dos extremos y dos delanteros parece pecado mortal. Y eso ha creado un vicio: los extremos se comportan siempre como tales, se ofrecen poco en la línea de tres cuartos, y los delanteros están acostumbrados a pisar esos terrenos en los que a veces se pisan. Pues aun así, pudo ganar el Sevilla si Manzano hubiese cerrado el pleito.

Gracias a Medel, a su despliegue táctico y físico, y al derroche de pundonor y concentración de su defensa, salvo el desafortunado Dabo, el Sevilla aguantó e incluso debió ganar como pudo perder. Le faltó rematar algún contragolpe después de firmar el 1-2, una jugada de tiralíneas desde un córner en el área propia. Pero las piernas ya no respondían y el cansancio de muchos incluso hizo temer lo peor. Manzano no sólo se empecinó en su particular ruleta rusa, sino que tardó un mundo en realizar el primer cambio no obligado. Perotti casi estaba suplicándolo en el minuto 83. La aportación de oxígeno llegó muy, muy tarde, y el Sevilla sobrevivió gracias al compromiso de sus jugadores.

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