Ventura galopa imparable hacia el Olimpo del rejoneo

  • El sevillano logra su cuarta Puerta Grande en Madrid, tras cortar cuatro orejas · Un trofeo para Bohórquez y Antonio Domecq pierde la salida a hombros por los aceros

El cartel, que algunos anunciaron como un duelo en la cumbre entre el maestro Pablo Hermoso de Mendoza y el gallo emergente Diego Ventura, con Fermín Bohórquez por delante, sufrió una modificación debido a un percance del navarro en un tobillo, que sufrió en su finca. En su lugar entró Antonio Domecq. Por tanto, quedó compuesto por tres caballeros andaluces -un sevillano y dos jerezanos-, en una plaza hasta la bandera y toros del hierro jerezano de Bohórquez.

Diego Ventura, que galopa con una firmeza incuestionable hacia la cima, volvió a abrir la Puerta Grande de Las Ventas tras una actuación pletórica, en la que el joven rejoneador de La Puebla del Río demostró una gran solvencia técnica, un despliegue notable de recursos y un gran sentido del ritmo, evitando los tiempos muertos. Tuvo el mejor lote. Con su extraordinario primero combinó una lidia de nota alta con chispazos espectaculares y clavó acertadamente. Con Manzanares enceló perfectamente al toro, al que toreó a dos pistas, arriesgando mucho, con piruetas en la misma cara del astado. En uno de los envites, que acometió tierra a tierra, entró con una batida y clavó en lo alto, saliendo con piruetas arriesgadísimas, puso al público en pie. Como guinda empleó al agresivo Morante, que impresionó al público en los distintos bocaos que lanzó al toro. También brilló en un par a dos manos. Rejonazo de efecto fulminante y dos orejas.

Ventura se ganó nuevamente al público en la faena al quinto. Arriesgó mucho, esperando al toro que cerraba plaza, frente a chiqueros, al que clavó un rejón tras pasar en falso. Con Distinto echaron humo las palmas. Excelente en dos envites al quiebro, esperando una barbaridad, en los que el caballo provocó reiteradamente al toro y clavando acertadamente. Con un par de rosas y el adorno del teléfono cerró una actuación de categoría. Mató de rejonazo sin quebrar, defectuoso. El público, rendido otra vez, pidió los trofeos, que le concedieron.

Fermín Bohórquez, en su línea campera y en busca siempre de la autenticidad, tuvo en suerte un lote desigual. Quiso hacer las cosas bien ante Incansable, que era todo menos eso. El animal, manso y parado, le puso el listón alto para el lucimiento al torero, que consiguió los momentos más interesantes a lomos de Melero, un tordo rodao que logró arrancar algunas embestidas al astado. Bohórquez clavó un buen par a dos manos tras pasar en falso con anterioridad. En otro cayó un palo. Y en las cortas le sucedió lo mismo, cayendo otra banderilla. Bohórquez realizó una faena entonada al noblón cuarto. Sin alharacas ni estridencias, toreó y prendió bien en el segundo tercio. Entre lo más destacado y aplaudido, un par a dos manos con Nevado. Cerró con banderillas cortas. Acertó en la suerte suprema y volaron pañuelos pidiendo mayoritariamente un trofeo, que fue concedido.

Antonio Domecq se mostró seguro y torero. Con Opositor, que más bien fue un excelente colaborador, Antonio se lució en una faena a más. Cosechó la primera gran ovación de la tarde montando a Óleo. Y estuvo muy brillante con Quitasol, prendiendo un gran par a dos manos por los adentros. Rejón de muerte. El toro tardaba en caer y Antonio echó pie a tierra para dos descabellos y perder un premio que estaba cantado. El jerezano cuajó una faena seria y meritoria ante el quinto, un toro manejable que fue a menos. Deleitó al respetable con Querubín y sus aires de alta escuela, cosechando muchas palmas cuando ejecutaba paso español. Sobre el precioso caballo clavó brillantemente de frente en dos ocasiones. Con Ruiseñor expuso mucho; incluso la montura fue tropezada, y volvió prender con acierto. Con el toro ya algo reservón, clavó un par de cortas, siendo tropezado el caballo. No acertó a la primera en la suerte suprema y perdió nuevamente premio.

La tarde tuvo nombre propio: Diego Ventura, un torero que galopa con firmeza hacia el Olimpo del rejoneo.

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