"Estoy enamorado de mi profesión"

  • El creador disfruta del verano a esperas de recibir en octubre un premio por su trayectoria en Sevilla · El modisto se prepara como profesor de Alta Costura para la Universidad Politécnica de Madrid

Sevillano de nacimiento, en 1974 se instala en la capital de nuestro país en busca de un destino que le tenía reservado el éxito como uno de los mayores exponentes nacionales de la alta costura. Por eso, por una trayectoria impecable -en la que figuran hitos como la creación del traje de novia de la infanta Elena-, Petro recibirá un reconocimiento durante la próxima Semana de la Moda de su tierra y, aparte, impartirá una asignatura dedicada a su especialidad en el Centro Superior de Diseño y Moda que, desde este curso, se convierte en una carrera oficial de la madrileña Universidad Politécnica. Un futuro inmediato que pasa por el nacimiento de nuevas colecciones en un taller desde el que el diseñador nos atiende para reflexionar sobre cuestiones relacionadas con su trabajo y, más allá, con la vida misma.

-¿Por qué decidió consagrarse a la alta costura? ¿La buscó ella o usted la encontró?

-La encontré yo aunque la moda es algo que me gusta desde siempre. Comencé con 14 años y, desde entonces, no he hecho otra cosa. Eso sí, aunque ahí sigo, cada vez es más difícil puesto que hay menos clientas y, en general, además de menos tiempo para todo, ninguna ayuda del Estado. Éste es un mercado diferente donde el traje se fabrica de manera más personalizada. Cuando haces pret-á-porter piensas más en una mujer genérica.

-¿Nunca ha pensado tirar la toalla?

-Jamás. Estoy enamorado de mi profesión y orgulloso de logros obtenidos como el que, por ejemplo, se haya fijado en mí la casa real jordana.

-Como confirma, entre sus clientas figuran reinas y princesas. ¿Le emocionan más que el resto de señoras de a pie?

-No. Me da igual. No tengo diferencias en ese aspecto. Que una persona se ponga en mis manos y deposite en mí su confianza ya me es suficiente. No me importa si el apellido es noble o no.

-De todos modos, pagar uno de sus modelos no está al alcance de todos los bolsillos, ¿no?

-Depende. Ten en cuenta que hablamos de obras exclusivas, de bordados hechos a mano, de tejidos especiales que, por sí mismos, son caros. No obstante, dispongo de material de todos los precios que, mucha gente, sí puede pagar.

-¿Está de acuerdo con que, antes de salir, nos miremos para quitarnos algo?

-Sí. Lo que no puedes es ponerte lo que sea porque se lleve. El espejo debe decirnos lo que hay de veras. Es muy bueno hablar con él.

-¿Usted lo hace?

-Por supuesto. En ocasiones me dice que me he equivocado, que algo no estaba bien.

-¿Pero el balance de lo que le devuelve es positivo?

-Bueno, la conciencia la tengo muy tranquila. No hago daño a nadie, mis empleados están en regla, no tengo economía sumergida…

-¿Para llegar arriba es necesario pisar cuellos?

-Yo no lo he tenido que hacer pero sí me han puesto zancadillas. Creo que, si te dedicas a ponérselo difícil a los demás, la realidad termina devolviéndotelo.

-Hace 35 años que marchó de su tierra para abrirse camino. ¿Cómo era aquel Petro Valverde? ¿Muy distinto del de hoy?

-Era un Petro lleno de ilusiones, queriéndose comer el mundo. Un chico de provincias que, siendo andaluz, tenía que demostrar el doble que el resto. Había que luchar no sólo por ser buena gente sino por ser buen profesional puesto que, hasta que no llegó al poder Felipe González, y el PSOE, no se conocía realmente el Sur de España.

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