Coleccionista de todo

  • La obsesión de Antonio Guerrero, una vida dedicada al coleccionismo · Posee una de las mejores recopilaciones de libros de arte y miniaturismo · Lo que se ve en la casa de un coleccionista

La casa de Antonio Guerrero Andra (Jerez, 1941) es un auténtico laberinto en donde un sinfín de estanterías, bibliotecas, vitrinas, archiveros, ficheros y cajas se distribuyen ordenadamente y que apenas permiten la entrada de luz solar. Recorrerla no es tarea fácil. Estamos en la casa de un coleccionista. Un lugar donde nadie se aburriría. Unos diez mil libros, más de siete mil piezas de miniatura de la historia universal, unas 3.000 maquetas de coches, otras de motos, centenares de películas, comics, recortables, etiquetas de vino, sellos, vídeos (13.000 horas de grabación), monedasý todo lo que un hombre puede coleccionar. No son obras de arte, pero como si lo fueran. Ahora bien, todo en exquisito orden. La privilegiada cabeza de Antonio lo "maneja" todo. Entre los millones de papeles, se le pregunta y salta de su silla para coger esto o aquello con una rapidez que asusta. Esas virtudes no pasaron desapercibidas en su antigua ocupación. Cuando Antonio trabajó en González Byass, tuvo que poner en pie el prestigioso archivo histórico de las bodegas; más tarde, también hizo lo propio en el departamento de contabilidad. Cualquier papel que pasaba por las manos de Antonio, estaba dispuesto y controlado. Por eso, se diría que este tesoro sólo lo controla una cabeza tan privilegiada como la de Antonio.

Pero, ¿qué pasa por estas cabezas?, ¿de qué obsesión se trata? Antonio Guerrero piensa que el coleccionista no nace, se hace. Y para ello, siempre necesitará un guía. En su caso, fue su madre quien le inculcó la afición desde muy pequeño. A los siete años comenzó a coleccionar cromos. Desde entonces, no ha parado de coleccionar y coleccionar. Total, sesenta años de coleccionista. Hoy día, está volcado con su última colección, dedicada a las barajas de cartas y de tarot. "Guarda y no lo tires, me decía mi madre. Empecé coleccionando comics y, con el tiempo, cambiaba a otras cosas: etiquetas de vino, recortablesý Una cosa por sí misma no hace una colección. Si lo haces, le estás dando un valor a las cosas. Te pides más y más. Se trata también de cuidar las cosas, guardarlas. Y, al final, tienes la gran satisfacción de haber conseguido algo".

Antonio ama la lectura. Especialmente, lo referido a todo lo que siginifica arte. El arte universal, enfocado hacia el romanticismo. "Y ese es mi mundo. El que no quiero que se pierda". Y luego, su segunda gran afición: el miniaturismo. Antonio posee, probablemente, una de las mejores colecciones de la historia universal a través de los uniformes militares y personajes de cada época. Lo conforman unas siete mil figuras de plomo en las que ha trabajado duro durante treinta años para dar su particular visión de la Historia. La vida, según Antonio Guerrero. Un recorrido por la Historia a través de las vitrinas que jalonan y esconden su casa. Desde el hombre de Neardenthal a un marine norteamericano en la guerra del Golfo. Prehistoria, Grecia, Roma, Edad Medieval... hasta nuestros días. Un mundo entero en poco espacio. Un recorrido por la Historia que Antonio ameniza porque conoce a la perfección cada una de las siete mil piezas que componen esa enorme y valiosísima colección, entre las que se incluyen un buen número de escenas o dioramas, algunos de ellos relacionados con nuestra tierra: El valeroso jerezano Vargas Machuca aparece en una escena luchando contra los musulmanes en la batalla de La Ina. Vargas y su enorme colaboración a la conquista de Jerez tras la dominación musulmana, un hombre de enorme amistad con el rey Alfonso X El Sabio, que trabajó en sus viñas y le concedió el primer escudo de la ciudad. Con gran fidelidad, Antonio recoge también el portaestandarte del rey Alfonso o los célebres garrochistas de Jerez, aquellos que tomaron parte decisiva en la batalla de Bailén contra los franceses, en julio de 1808. A los gritos de "como a las vacas" y el ya conocido lema de "España-Jerez", los garrochistas rompieron las defensas de las tropas de Napoleón. También se incluye a Álvaro Obertos de Valeto y Morla, fundador de la Cartuja jerezana, o Fortún de Torres o el bravo Gómez Carrillo, defensor del Alcázar.

Hay escenas impresionantes: El diorama de la lucha entre las tropas napoleónicas y los frailes del monasterio de Santa Engracia, durante el segundo asedio francés de Zaragoza, ha merecido un premio. Hay un asombroso elefante que rememora las luchas entre romanos y cartagineses; un bello tiro de artillería que el duque de Alburquerque sustrajo a las tropas francesas en su retirada y que sirvieron para la defensa de Cádiz; en otra escena, Leonardo da Vinci presenta al duque de Sforza la maqueta del primer carro blindado y son admirables una incontable lista de uniformes militares, como los utilizados durante la guerra de la independencia con Francia, la guerra de España en sus últimas colonias o la guerra de Secesión norteamericana. Antonio realiza sus miniaturas en el tamaño estándar del coleccionismo, los 54 mílimetros; encarga o realiza las figuras de plomo para, después del limado y limpieza, terminar con la pintura en acrílico de las figuras. "En este trabajo, la documentación es importante. Tienes que conocer las características de una sociedad, de una época determinada, la vestimenta de la época, las costumbres, los tipos o los colores de un estandarte o bandera... Siempre, una cosa lleva a la otra".

Antonio quiere que su trabajo perdure, que todo ese esfuerzo y dinero no se pierda cuando él falte. Lo ha intentado una y otra vez pero el Ayuntamiento aún no se ha decidido. Hay, sin embargo, muchas esperanzas. Si Antonio falta, ¿qué puede ser de tantísimos años de trabajo? "Yo no pido dinero. Tan sólo un local adecuado que albergue el museo con carácter definitivo y que el Ayuntamiento lo mantenga y conserve. Lo donaría sin condición alguna. Tengo alternativas que me han propuesto pero yo, como jerezano, quiero que se quede aquí, en Jerez".

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