La fuerza de la sangre

  • Decenas de miembros de una misma familia viven desde hace varios días en la entrada del hospital mientras el padre está ingresado. La dirección del centro dice que se trata de una situación excepcional

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Desde hace unos quince días el hall del hospital general del SAS se ha convertido en vivienda improvisada de una familia de etnia gitana, cuyo patriarca está ingresado en la planta de Neurología debido a un derrame cerebral. La llegada de un gran número de familiares del paciente - en los primeros días llegó a haber un centenar, según la dirección del hospital -, pasando noche y día junto al enfermo hizo que la gerente, María Fernanda Raposo, decidiese habilitar unos quince sillones en la entrada, donde permanecen pendientes de la evolución del padre de familia, Sebastián Moreno, en estado grave. En un rincón, junto a un baño, se amontonan las mantas que utilizan para cubrirse mientras duermen, una imagen que no deja de sorprender a las personas que acuden al hospital. Ayer por la mañana varios de los hijos de la familia, son 13, descansaban en los sillones esperando el desenlace de la enfermedad de su padre. Son muchos días metidos en el centro sanitario y se nota su cansancio. Ahora permanecen los más allegados y quieren que sea su madre la que hable, mientras los mayores recuerdan los tiempos de antes, lo duro que para su padre, ahora con más de 70 años, fue sacar a toda su familia adelante. Proceden de Linares y llevan varios meses viviendo en San Juan de Dios, pero en estos días se han desplazado para visitar al enfermo familiares de otras ciudades como Barcelona, Alicante o Valencia. "Estamos aquí no porque no tengamos casa, es que ésta es nuestra costumbre", se apresura a decir una de las hermanas, preguntando si se había producido alguna queja. Ella también prefiere que sea la madre la que cuente la situación. "Estamos mal porque nos gustaría que nos dejasen una habitación, donde no estuviésemos a la vista de todo el mundo, porque está feo. Que nos dejen algún sitio, donde por lo menos podamos ducharnos", comenta la madre de familia. Algunos de sus hijos, a su alrededor, coinciden en que la situación es incómoda, que les da vergüenza estar allí, durmiendo en medio de la entrada y salida de todos los que acuden al centro.

Desde el hospital reconocen que se ha intentando resolver una situación inusual de la mejor forma posible. La gerente señaló ayer que se trata de un caso excepcional, que nunca han vivido en el centro sanitario, y que se ha querido respetar las costumbres de la familia y a la vez que el elevado número de personas que quiere estar junto al enfermo no interfiriese el normal funcionamiento del centro. Raposo precisó que las primeras noches llegaron a dormir en los pasillos de la planta donde permanecía ingresado el padre y después ocuparon una sala que se destina a la lactancia, por lo que se mantuvo una reunión con la familia con el fin de ofrecerles la opción de quedarse en el hall, e incluso invitar a que los niños pudiesen acudir a la escuela que tiene el hospital para los menores ingresados. "La idea es que en la habitación sólo estuviese la cuidadora principal y algún otro familiar y que el resto esperase en el hall. En el lugar donde hemos puesto los sillones están cerca de la puerta, hay un baño al lado y hemos intentando que estén lo más cómodos posible". La directora aclaró que no se está produciendo ningún problema y que el comportamiento de esta familia es correcto en todo momento. "Ellos se comprometieron a controlar un poco el acceso a la habitación de sus familiares". El hospital ha puesto también en contacto a la familia con las enfermeras de enlace y con las trabajadoras sociales, "como hacemos en otros casos de pacientes frágiles, tanto en el aspecto sanitario como social".

Las circunstancias de la familia son complicadas. La madre asegura que tuvieron que salir de Linares hace dos años "con lo puesto" debido a un grave enfrentamiento con otra familia de la comunidad gitana. Los incidentes se han vuelto a repetir este pasado fin de semana cuando, según dice la madre, varios miembros de su familia fueron a limpiar la casa que tuvieron que abandonar porque su marido quiere morir en ella. La disputa con la otra familia acabó en un tiroteo en la localidad jienense y varios heridos.

Los que están en Jerez quieren ayuda de los servicios sociales, porque mantienen que apenas sobreviven con la venta ambulante y la chatarra. Sebastián sólo tiene una pensión, que según su mujer, apenas llega para el alquiler. Además, uno de los hermanos está enfermo y posiblemente ingresé también en el hospital.

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