"Yo no quiero ser el 'papaíto' de nadie. Quiero que los ciudadanos se muevan"

  • Francisco Reinoso está a punto de cumplir su primer año como Defensor de la Ciudadanía. Frente a su equipo, ejerce como mediador entre Ayuntamiento y ciudadanos, una labor básica para la democracia

Hace casi un año, Francisco Reinoso se convirtió en una figura muy importante, cada vez más, de la red social que constituye Jerez. Es el actual Defensor de la Ciudadanía, una institución recuperada en 2004 que se encarga de poner en relación todos los mecanismos democráticos con los que cuentan los jerezanos y de favorecer una solución para los fallos que se produzcan en cualquier ámbito social. Reinoso parece haber nacido para este cargo y tiene muy claro hasta dónde llegan sus funciones.

-¿En qué consiste ser Defensor de la Ciudadanía?

-En que en los problemas de los ciudadanos que no se ven atendidos por el Ayuntamiento o que no están conformes con la solución que les han dado en el Ayuntamiento, nosotros mediamos, si se puede y si es posible. En los casos que no son de nuestra competencia, los desviamos a los organismos pertinentes: por ejemplo, si es con la sanidad que no es competencia del Ayuntamiento o un tema de prisiones la desviamos al Defensor del Pueblo Andaluz; si es de educación y de los colegios acudimos a la delegación provincial o a las distintas delegaciones, que, si bien no es nuestra competencia, nos atienden bien porque tenemos un cierto prestigio.

-¿Y cómo llegó usted a serlo ?

-Yo estaba en un grupo de antiguos miembros de Izquierda Unida que fundamos el partido Izquierda Andaluza, pero al presentarnos a las elecciones conseguimos sólo 2.500 votos de los 3.000 que necesitábamos para un concejal. Este partido se disolvió y decidió presentar un candidato. A mí me lo propusieron y me encantó. Yo siempre he estado metido en asociaciones de vecinos, he tenido gran movimiento vecinal y me gusta. Empezamos a movernos, pero al final eligieron a mi antecesor, Agustín García Lázaro, que es magnífico, el mejor. Y menos mal que lo eligieron a él, porque montó todo esto que sólo existía en los estatutos. Él mismo me vio como un candidato con posibilidades y decidió que fuera su adjunto. Estuve cuatro años y medio así, hasta que me convertí en su sucesor.

-¿Fue fácil convencerle ?

-Al principio no me gustó nada la idea, porque me daba hasta miedo, pero insistieron tanto que al final me hacen la proposición de llevarlo a pleno y todos, excepto el PP que se abstuvo, me votaron. Soy un cargo del Pleno pero sin cobrar. Y ahora voy a hacer ya un año.

-¿Quién le acompaña en su labor como Defensor del Ciudadano ?

-Tengo una plantilla fantástica trabajando conmigo. Hay un trabajador que sabe mucho de ecología y propiedad horizontal, hay una trabajadora social que entiende todo lo que respecta a lo social, dependencia y accesibilidad, tenemos un jefe de oficina que es psicólogo, conoce el Ayuntamiento perfectamente y es un manitas en informática, presentación y distribución de trabajos, y contamos con una abogada que en los temas complicados te manda un informe de tal cosa o tal otra. Con eso nosotros tenemos una cuestión moral, de capacidad que nos reconozcan un prestigio, pero no podemos obligar. No somos jueces. A veces la gente nos pide que decidamos y siempre decimos que, afortunadamente, no tenemos que decidir.

-¿Qué proceso siguen cuando reciben una queja o consulta?

-Primero los escuchamos. Pueden venir, mandarlo por correo, por correo electrónico o por teléfono. Y siempre pedimos que no sean anónimos, porque tenemos un secreto de profesión enorme para que confíen en nosotros. Nos cuentan el problema y, en principio, les preguntamos si han ido al Ayuntamiento o a donde sea a que le resuelvan el problema. Que no, pues los enviamos allí. Si ha ido, nos tienen que traer los documentos por escrito que tengan. Recogemos el tema, lo estudiamos y empezamos a trabajar pidiéndole explicaciones a la delegación correspondiente. La siguiente pregunta es '¿y nos hacen caso?'. Pues en el 85% de los casos del año pasado, sí. En el 15% no, que son los casos complicados donde hay tres o cuatro delegaciones implicadas o es un problema que viene de hace años de existir esto y viene arrastrando.

-¿Qué aspectos intentan solucionar ?

-Nosotros tocamos todo lo que afecta a la ciudadanía. Desde urbanismo a consumo. Cuando alguien acude a nosotros con cualquier problema, lo primero que hacemos es mandarlo al organismo del que es competencia. Si se da el caso de que el ciudadano ya ha acudido y no ha quedado conforme, entonces ya sí preguntamos las circunstancias concretas del caso y mediamos. En eso sí. Pero hay que utilizar los mecanismo del ciudadano, porque entonces seríamos nosotros el sindicato, la asociación de vecinos, la hermandad, el Ayuntamiento... y nosotros no somos nada de eso. Primero porque no somos una fuerza social que tenga afiliados ni directivos.

-¿Hay problemas que se complican con el tiempo ?

-Claro. Vamos a poner un caso concreto. En el año 2006, vinieron a nosotros los vecinos de Montealegre por su problema de tanteo y retracto. Se analizó y vimos que era legal. Había unas irregularidades que se podían subsanar, pero los fundamentos estaban legales. Pero los vecinos insisten en que es injusto. Hay que distinguir entre lo que es legal y lo que es injusto. Lo que es injusto para mí es probablemente distinto de lo que es injusto para otro. Esto, que creemos que el Ayuntamiento está actuando dentro de la legalidad, hay un problema en que queremos que los vecinos sean atendidos en una negociación porque las circunstancias del PGOU quizás han cambiado. En lo que nosotros mediamos es en que el Ayuntamiento negocie con los vecinos para llegar a una solución para ambas partes.

-¿Es difícil mediar entre ciudadanos y Ayuntamiento?

-El tema está en que el Ayuntamiento es algo variable, porque cada cuatro años puede cambiar, pero, dejando al margen aspectos de corrupción de la que se encargan los fiscales, hay que saber que si se toma una decisión, lo hace porque cree que beneficia a la población. Esa presunción de bondad hay que dársela a los ayuntamientos. Si quieren seguir cobrando, tienen que cumplirlo.

-¿Cómo nació la Oficina del Defensor del Ciudadano?

-Esta institución viene de muy antiguo y aquí fue en uno de los primeros sitios donde se desarrolló. Nació en Jerez en 1755, y entonces se llamaba 'personero del común'. Se suprimió en la época de Carlos III y con Franco y ahora el Ayuntamiento lo ha puesto sin tener obligación de hacerlo.

-Es curioso que una institución así tenga un origen como ese

-Es que hay que dejar claro una cosa. Estos son trabajadores del Ayuntamiento, pero no somos del equipo de gobierno. Somos independientes. Tenemos un estatuto que fue aprobado por un pleno, pero un pleno que no era el mismo de ahora. Tienen que ser unos estatutos que duren 15 o 20 años, porque si cada vez que haya un equipo de gobierno va a cambiar no tendría sentido.

-¿Les tratan bien los políticos?

-A nosotros nos tienen que contestar, según dice el pleno, en 30 días y no admitimos silencio administrativo de ninguna manera. Si tienes que decirle que no al ciudadano, le dices que no, y si le dices que sí, mejor para el ciudadano. Con nosotros quieren hacer eso de 'matar al mensajero' y muchas veces nos pasa. No estamos sujetos a elección. La oposición piensa que nosotros le perdonamos muchas cosas al equipo de gobierno, y con esas mismas cosas el equipo de gobierno piensa que les damos mucha lata. Como dice siempre el defensor del Pueblo Andaluz, 'nosotros no somos ni el azote de la oposición ni del gobierno'.

-¿Cómo ayudan al ciudadano?

-Aquí somos mediadores. Yo procuro que sean ellos mismos los que se muevan. Aunque yo vea problemas, si no hay ningún ciudadano que lo reclame nosotros no nos movemos. Yo no soy el 'papaíto' de nadie. Si fuera así, seríamos una dictadura paternalista y yo creo en que los ciudadanos se asocien. No quiero ser un 'superpadre' que te dice 'no te preocupes, que yo te soluciono el problema'. Yo quiero que el ciudadano se mueva, que se implique, que escriba la carta. Si no fuera así, seríamos contrarios a la democracia, que se basa en el pueblo organizado.

-Pero también resuelven casos por iniciativa propia, ¿no?

-Claro, también resolvemos casos de oficio. Por ejemplo, tenemos pendiente con Cultura que en el monumento más emblemático de Jerez como es el Alcázar, una persona en silla de ruedas no tiene acceso a todas las dependencias. No digo ya a la 'cámara oscura' de la torre, sino cualquier estancia carece de rampas. Y eso es algo que no cuesta trabajo hacerlo. Muchas veces, Agustín, mi antecesor, y yo queríamos coger unas pocas puntillas y maderas e ir nosotros mismos a ponerlas. Ya vendrá el definitivo, pero mientras tanto poner unas mínimas rampitas. Esto es algo de oficio, pero al no contestarnos no nos ofende a nosotros, sino al ciudadano. Nosotros somos el mensajero. Estamos aquí para recordarles a los dirigentes que cumplan lo que dijeron que iban a cumplir en sus promesas. Nada más.

-¿Cuáles son los problemas más frecuentes?

-Hasta hoy tenemos en total 447 casos. La delegación que recibe más quejas durante todo el año es la Urbanismo, aunque eso es algo más o menos normal, pues al ser una parte del Ayuntamiento que recoge tantos aspectos diferentes se ve implicada en gran parte de los casos. En lo que va de año, las dos siguientes materias que reciben más casos son Medio Ambiente y Sostenibilidad, con mucha relación con los problemas del ruido, y Vivienda e Infraestructuras, donde se coloca el problema de viviendas vacías . Y la cuarta ahora mismo es Movilidad y Seguridad-Recursos.

-¿Qué conclusiones o recomendaciones sacaría usted del comportamiento ciudadano actual?

-Que hay que educar a la ciudadanía en respetar a los vecinos. A las que tengan mascotas y dejan sus caquitas en la calle, a los jóvenes con sus coches discotequeros que mean en la calle, a los ciudadanos que no respetan los pasos de cebra, a los que están haciendo ruido en la calle toda la madrugada y todos esos casos. Hay que hacer campaña para esto: el Ayuntamiento, las asociaciones de vecinos, incluso la Iglesia en sus sermones. Porque eso es convivencia. Los partidos políticos, sea cual sea, deberían ayudar y todos los miembros de esos partidos se comprometerían. Pero eso no se hace y ahí están los políticos a ver quién ataca antes a la yugular del otro. Eso hace que la ciudadanía les pierda el respeto. Nosotros le hemos propuesto al Ayuntamiento hacer una campaña de concienciación de la ciudadanía, que empezaremos tras las vacaciones.

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