ARCO, el fantasma de la crisis

El próximo miércoles se inaugura ARCO, acontecimiento del que, como viene ocurriendo desde que se creó esta página hace más de veinte años, tendrán ustedes cumplida cuenta. Estamos inmersos en un momento poco propicio para todo y, lo artístico no ocupa uno de los primeros puestos en las necesidades perentorias. Por eso esta edición se presenta con mucha incertidumbre. Me pongo en el caso de los galeristas y me entra un escalofrío poco esperanzador. No obstante, los que tienen que comprar me imagino que la crisis le habrán cogido menos de lleno que al resto de los mortales. No creo que los grandes coleccionistas asiduos a los pabellones de IFEMA hayan tenido problemas para hacer cuentas de cómo afrontar el viaje a Madrid. De todas maneras es un año de mucha, mucha intranquilidad. Menos mal que para abrir el horizonte entre tanta negrura compradora están aquellos que tiran de chequera institucional - asesores de Cajas de Ahorros, de empresas potentes o de entidades públicas - para dejarse ver, este año, como auténticos protagonistas de un mercado que, no es el suyo, pero del que van a ocupar una parcela importante. ¡Lo que le faltaba a alguno de estos funcionarillos de pacotilla que se creen amos de la cultura provinciana!

Las perspectivas de la presente edición, aparte del poco halagüeño momento económico, siguen manteniéndose en las mismas o parecidas coordenadas de los últimos años. ARCO dejó de ser lo que era. Ahora es una feria no exuberante y con muchas equivocaciones, manejada por los intereses de unos pocos galeristas a los que se les ha dado demasiada importancia y abundante poder, imponiendo sus leyes a destajo, haciendo y deshaciendo con demasiada arbitrariedad y dejando que se pierda mucho del carácter que tuvo hace tiempo y que la llevó a ser la segunda feria de Arte de Europa. ARCO ha perdido en las últimas ediciones mucho prestigio y mucha credibilidad. Además, los grandes coleccionistas acuden a Basilea a gastarse los euros antes que a Madrid. Por eso, estar en ARCO ya no es tan decisivo como lo fue hace unos años. Ahora, lo mismo que todos los poderosos coleccionistas, los galeristas importantes prefieren otros horizontes. Atrás quedó el tiempo deslumbrante donde las mejores galerías del mundo ocupaban espacio en IFEMA. Ya de aquellas galerías americanas tan significativas, Leo Castelli, Bruno Bischoberger, entre otras, sólo queda su recuerdo. ARCO ha quedado en una fecha muy de segundo lugar en el calendario artístico internacional. Antes quedan Basilea, Londres, Colonia o, incluso, París. ARCO seguirá deslumbrando, pero menos. Será más un paraíso de nostálgicos; la meta de ciertos galeristas y de muchos artistas de un escalón inferior para querer seguir aparentando y para creerse más de lo que realmente son. No obstante, a pesar de esta absoluta constatación, la Feria tiene su importancia y es un escaparate donde se debe estar, a pesar de todo; aunque sólo sea para seguir manteniendo alta la cota de vanidad y poner en los catálogos unas cuatro letras que, al final, sólo permanecerán escritas y poco contribuirán a potenciar la realidad artística del que se lo cree.

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