Así vieron a San Francisco Javier los artistas de Oriente y Occidente

E STA tarde voy a tener la alegría de poder hablar de San Francisco Javier en la Real Academia de San Dionisio. Para un jerezano, siempre causa ilusión el venir a hablar a esta Academia, a la que desde niño miraba como algo inalcanzable y hasta misterioso. No podía imaginarme entonces que un día iba a ser miembro de ella.

Hoy vengo a hablar de un tema que llevo muy dentro, porque he procurado seguir sus huellas por los caminos de Japón durante una buena parte de mi vida: San Francisco Javier. Movido por su ejemplo llegué hasta Japón, y después he intentado conocer a fondo su figura. Por eso voy a presentaros esta tarde el resultado de mi estudio de su iconografía, que es el modo como se lo imaginaban y lo representaron aquellos que no lo conocieron físicamente, sino sólo de referencias y por la documentación existente.

Empezaré mostrando el que pienso que es el primer retrato de San Francisco Javier: es un cuadro enviado desde Goa a Roma, y que de allí llegó a Tuy en España. Este retrato fue pintado por un artista que conoció a Javier en Goa, y que seguramente nos presenta las facciones más exactas del Santo navarro. Después veremos una colección de grabados, la llamada Colección Guasp de Mallorca, que dieron los datos descriptivos para la iconografía posterior. Más tarde vendrán las obras que describen a Javier, en pintura y escultura, en los siguientes siglos del arte de España. Todos los grandes pintores y escultores tomaron a Javier como tema de sus obras, casi sin excepción alguna.

Creo que lo más interesante, y seguramente inédito en España, es la iconografía de San Francisco Javier en Oriente: cómo vieron su figura los artistas de India, China, Filipinas y Japón. Es natural que estando tan vinculado Javier con Oriente, los pintores y escultores de aquellas regiones trataran de representarlo lo más personalmente posible. Algunas veces aparece el Santo con rasgos occidentales, y otras, en un alarde de enculturación, con facciones orientales.

Las obras de India, comenzando por el primer retrato citado de Goa, tienen generalmente rasgos de aquella cultura mezclados con los de Occidente. Las pocas obras chinas que se conservan tienen un aspecto más orientalizado. Las figuras del arte hispano-filipino se acercan más a las facciones occidentales, y las obras producidas por artistas japoneses tienen rasgos abiertamente orientales. Este descubrimiento de la figura de Javier en el arte oriental creo que puede ser una aportación desconocida hasta ahora en España.

Es bonito presentar a esta figura de la iconografía cristiana en nuestra Academia, aunque no sea más que por la vinculación que se da en mí de estas dos realidades: la Real Academia de Bellas Artes de Jerez y el hecho de volver yo a ella después de mis años de vida en Japón. Y esto hacerlo para mostrar en esta tarde a una de las figuras de la iconografía cristiana que tiene más representaciones en el arte.

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