Serie en blanco

EXISTEN pintores que en las series se encuentran mucho mejor que en cualquier otra situación. A Pepe Cano lo hemos visto realizar mucha buena pintura; pero cuando su obra ha alcanzado la cota máxima ha sido en las series. En la retina de todos los buenos aficionados se encuentran grabadas aquellas magníficas obras que ilustraban la galería de episodios y personajes de 'El amor en los tiempos del cólera' (Galería El Laberinto) ola importante, jocosa y felicísima de 'Sábanas y cobertores' (Sala Pescadería Vieja) o aquella otra - para mí la mejor de todas - 'De locuras y santidad' basada en aquellas dos joyas de la hagiografía bizantina de la primera mitad del siglo VII, 'El Prado' y 'Vida de Simeón el Loco', escritas respectivamente por Juan Mosco y por el obispo chipriota Leoncio de Neápolis (Museo Cruz Herrera) Han sido muchas y muy buenas series de las que de todas guardamos un recuerdo eterno. Además los personajes de Pepe Cano son únicos, tienen un sello personal y marca un antes y un después en la ilustración narrativa de una humanidad presentida y mediata. Sus hombres y niños calvos, de grandes y expresivos ojos llevan tiempo protagonizando la programación continua de la Galería Belén. Ahora Pepe Cano vuelve a otro de sus lugares habituales, el espacio de Fali Benot, y lo hace con otra serie afortunada donde el blanco y lo blanco ejerce de maestro de ceremonias para patrocinar una pintura donde sus referencias de siempre se encuentran muy presentes.

La humanidad de Pepe Cano, esos personajes de una simpleza aplastante, alienados por la sociedad que los produce, activos personajes en un entorno, que el autor no pinta pero que se encuentra presente. La muestra nos conduce por una serie de obras de pequeño formato donde Pepe Cano vuelve a situarnos ante unos personajes sencillos, de una realidad aplastante que mantiene intacta la iconografía humana del autor linense y que, de nuevo, insiste en jugosas manifestaciones donde se recrea un mundo sin complejo, acentuando los estigmas de una realidad que Pepe Cano materializa en simples gestos, en expresivas miradas, en mínimas referencias de formas que potencian el valor expresivo y abren unas felices perspectivas donde se desarrolla la determinante y contundente figura que caracteriza la obra de este artista, uno de los más conscientes, personales y atractivos pintores que existen en la provincia de Cádiz.

La exposición de Pepe Cano en Benot mantiene vivas todas las máximas expectativas de este pintor. Una obra de escasos, pero determinantes, recursos plásticos, generadora de actitudes festivas, no exentas de cáustica ironía, desenmascadora de una sociedad compleja, pero simple; una pintura, en definitiva que atrae por el contenido y por el continente y que, de nuevo, nos hace partícipe de una felicísima serie, de esas que Pepe Cano, periódicamente, nos hace gozar y asumir un arte sin excesivos intelectualismos y provocador de cercanos argumentos, plásticos y estéticos.

Un Pepe Cano que llega en plena madurez creativa y dejando constancia de su siempre fresca pintura, llena de solvencia y trascendencia artística.

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