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Universo de trascendencias

Universo de trascendencias Universo de trascendencias

Universo de trascendencias

Paco Pérez Valencia es de esos artistas que jamás te dejan indiferente. Bien sea protagonizando una conferencia contando sus infinitas experiencias dentro de la creación artística, bien sea realizando uno de sus preclaros montajes museográficos, bien actuando de profesor ante un auditorio expectante o bien, claro está, mostrándonos su obra, el artista sanluqueño nunca dejará de sorprendente. Como Paco Pérez Valencia es pura pasión, huracán que se proyecta en su vida diaria, en sus actuaciones cotidianas, en su andar por Sanlúcar - algo difícil pues constantemente se para con todo el mundo -, tomándote unas copas de Gabriela o contándote cosas de su hijo Curro, su trabajo artístico tenía que ser a la fuerza pasional, apasionante, poderoso, inquietante, motivador, determinante y, por supuesto, convincente.

Llevaba el artista de Sanlúcar varios años sin exponer en su localidad natal. La última vez fue una intervención en la iglesia de la Cuesta de Belén. El año pasado su cartel sobre las Carreras de Caballos, espectacular, rompedor, valiente y arriesgado, dio mucho más que hablar que la propia competición centenaria en las playas que miran al Coto de Doñana - ¡qué pena que aquel cartel lleno de entidad creativa no haya tenido su continuación y este año la Sociedad organizadora de las Carreras de Caballos haya buscado lo fácil, apostando por un nombre consagrado que sólo nos ha aportado un cartel discretísimo, aburrido y de naturaleza amable! -

PACO PÉREZ VALENCIAMuseo de la ManzanillaSANLÚCAR

La comparecencia en el Museo de la Manzanilla, ese espacio bodeguero que se encuentra frente al Castillo que corona el Barrio Alto - Sanlúcar en estado puro -, es todo un reto para Paco Pérez Valencia. En primer lugar por su entidad como museógrafo. No es fácil un recinto como éste, con bellas estancias dedicadas a lo que es una antigua bodega ensolerada en el tiempo, sustraer su propia identidad y buscar el acomodo para unas piezas artísticas. La belleza intrínseca de los espacios produciría unas profundas alteraciones y contaminaciones visuales para la contemplación de las obras. Sin embargo, nada de esto se acusa en la muestra. Las obras están perfectamente adecuadas, en fondo y forma, a la propia bodega y a las instalaciones comerciales que en ella se encuentran. Sólo una pared del inicio del recorrido, aquella en la que muestra una serie de obras de mayor naturaleza pictórica, deja entrever poca dimensión museográfica. Aparte de esto, las piezas, acusadoras del variado y determinante patrimonio artístico de Pérez Valencia, afrontan su identidad en un perfecto acomodo y diálogo con las estancias, con los elementos propios de la bodega, con los pasillos, con las atenuadas luces de los interiores, con el lento transitar del tiempo que se manifiesta en estos templos del vino, incluso, con la movilidad de los visitantes en lo que es una institución que, además de bodega de crianza, contempla un sentido museístico.

La exposición comienza con "Siboney", una intervención espacial en el primer patio, el que sirve de recepción a los visitantes, con un trabajo construido en distintas piezas lacadas de colores y ensambladas que conforman un pequeño dédalo para ser recorrido y sentirse absorbido en su poderosa naturaleza material. Una pieza perteneciente a su último trabajo, "Arte precisèment" nos da las claves de su realidad artística y de sus infinitas intenciones en el universo de un arte al que él domina y al que impone mucha potestad. Las obras se suceden por distintos espacios; algunas buscan la mirada cómplice del espectador para ser descubiertas y rescatadas de sus determinantes posiciones. Un bello emparrado situado en uno de los patios ofrece al artista la posibilidad de plantear una de sus acciones favoritas en el discurso de su obra, la de envolver con lana de colores elementos, objetos y hasta extensísimas superficies. En "Rosa parra" Paco Pérez Valencia realiza una estructura envolvente con hilos rosas que crean, aparte de un poderoso sentido plástico, un inquietante desarrollo conceptual patrocinado desde el propio marco donde se encuentra. Muy significativos son sus papeles, de distinta formalización plástica; en ellos se estructuran diversos estamentos compositivos con la imagen desarrollando variadas perspectivas. En una de ellas aparece la propia imagen del artista como postulante de una realidad que promueve distintos efectos y diferentes posiciones. Otra obra muy espectacular es "Pasolini", colocada en una ventana de uno de los cascos de la bodega y donde la imagen del cineasta adquiere una entidad especial al ser movida por el viento. El recorrido termina con una pieza especialísima, "Mi final", situada en una determinante posición, en una zona baja e íntima de la bodega, casi como un recinto religioso, que parece recrear una cripta. En ella se expande, espectacularmente, una obra, de suelo, realizada con teselas cerámicas sobre un soporte ondulado que genera una máxima espiritualidad y un envolvente misticismo.

De nuevo Paco Pérez Valencia, con el proyecto comisarial de Juan Ramón Rodríguez, nos sitúa en su particular universo de trascendencias, aquel que patrocina las mayores y mejores circunstancias de un arte que con él y en él hace transitar por los absolutos espacios de la emoción. Estamos ante una exposición de máximos; un diálogo silente con un espacio centenario que acoge, como en susurros, las bellas propuestas de un arte nuevo que sabe compartir, con el espíritu de la historia y sin complejos, sus profundas sensaciones atemporales.

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