Diario de las Artes

Las ferias paralelas también existen

Aunque el interés mediático se lo lleve siempre lo que tiene lugar en los Pabellones de IFEMA y los medios se vuelquen con las imágenes -cuánto más extravagantes sean las obras más interés informativo- de las piezas que ocupan ARCO, muchas veces ocurre que lo que existe fuera del Recinto Ferial Juan Carlos I es más interesante que lo que se oferta en esa feria de vanidosos que es el complejo artístico que dirige Carlos Arroz con la aquiescencia de su comité seleccionador.

En el Palacio de Cristal de la Casa de Campo -poco existe ya del antiguo esplendor expositivo que allí existía- tenía lugar la otra gran propuesta de este febrero madrileño volcado con lo artístico, ARTMADRID; la feria paralela que, poco a poco, va acaparando mayor atención y que merece las máximas consideraciones. En esta institución que dirige Gema Lazcano, nos encontramos galerías de importancia -algunas de mucha importancia- que por esos planteamientos arbitrarios que concurren en ARCO, están fuera del evento que se celebra en el Campo de las Naciones y no se avienen, por lo que sea, al sistema poco claro en la selección de un comité formado, entre otros, por los mismos galeristas. Galerías de reconocida trayectoria se presentaban en el pabellón que realizaran Francisco Cabrero, Jaime Ruiz y Luis Labiano, mostrando una realidad artística que difiere de lo presentado en IFEMA, sólo en su menos glamouroso sentido. Por eso, no es difícil encontrarnos con muy buenos registros de un arte que no desmerece, en líneas generales, de lo que acontece en otros lugares.

Este año, ARTMADRID ofrecía, por primera vez 'One Project', un conjunto de 16 artistas presentadas por otras tantas galerías seleccionadas por Javier Rubio Nomblot y que permitía encontrarse con obras importantes y apuestas significativas por un solo creador de justificada solvencia, menor de 45 años; lo que potencia ampliamente la creación de los más jóvenes. Por nuestra cercanía hay que mencionar la presencia en este apartado de la galería sevillana de Isabel Ignacio, con la presentación de Felipe Ortega Regalado, un artista extremeño que para la ocasión oferta una serie de dibujos en los que, tras los esquematismos compositivos, se adivina un desarrollo expresivo contenido desde una mayor línea metafísica.

En el panorama general se ofrecían los argumentos básicos que se han podido observar también en ARCO. Las galerías han tirado de la seguridad de los artistas consagrados, incluso, de los clásicos modernos, para afrontar la crisis y buscar soluciones a un mercado, también afectado, por la espantosa realidad de una economía claramente desajustada. Aquí, todavía, se han hecho más patentes los Tapies, cuya presencia llegaba, a veces, hasta abrumar. Cosa que también se ha manifestado en la oferta de un Luis Feito, presente hasta la saciedad.

Como he venido diciendo, esta Feria que se presentaba paralela a la del Recinto Ferial Juan Carlos I, mantenía unos esquemas muchos más cercanos al gran público, sobre todo, por la sensatez de sus ofertas, por lo convincente de sus desarrollos y por la contundencia de unas propuestas que no ofrecían, salvo en contadas ocasiones, dudas. Muchas de las Galerías eran de muy reconocida trayectoria e historia del arte español reciente -Rayuela-Juan Gris, Estampa, Xanon, Vértice, Trinta, Sen, May Moré, Marisa Marimón, Fernando Latorre, Bat Alberto Cornejo o Val i 30-, espacios consagrados a un arte que no ofrece el menor resquicio para desmerecer en ninguna otra convocatoria de este tipo.

Hay que señalar los espacios muy bien estructurados, sin los agobios que han caracterizado a algunos otros eventos y que, aquí, respondían a unos criterios muy bien definidos. La provincia de Cádiz ha estado muy bien representada por dos artistas de indiscutible categoría; la gaditana Carmen Bustamente ofrecía, en la galería Xanon, una serie de su pulquérrimo trabajo en torno a las orillas marítimas de las playas de su entorno existencial cercano y que estructuraba una sapiencia creativa llena de la mayor entidad artística. Junto a ella, Juan Ángel González de la Calle presentaba algunas muestras de su también muy cuidado y espectacular animalario. Dos artistas en plena madurez artística que saben muy bien lo que hacen y dónde se encuentra su pintura, adscrita a la mejor y más sugestiva realidad creativa.

Así, la feria del Palacio de Cristal de la Casa Campo era toda una sucesión de buenos artistas ejecutores de una actividad que, desde ellos y por ellos, convencían de principio a fin.

La otra feria de este febrero madrileño se encontraba este año también en el Recinto Ferial Juan Carlos I. Se trataba de JUSTMAD, la tercera edición de un acontecimiento que, tradicionalmente y teóricamente, se presenta dedicado al arte emergente y a aquellas galerías que se apartaban de la norma habitual de lo propuesto en las galerías normales. Una palabra, emergente, que, por su uso inadecuado, ha perdido sentido y ya no nos parece lo que realmente se supone debería ser, en torno a aquella creación que, en sus inicios, se atisba una feliz y segura proyección. Se ha apreciado, contrariamente a lo que ocurría en las ediciones anteriores, un gran apoyo a los artistas jóvenes que nos situaban en los esquemas de unas nuevas tecnologías que desentrañaban las circunstancias que acontecen en un arte con nuevas perspectivas. También y, creo que eso es muy bueno y que responde a la filosofía primaria de la feria, la presentación de más galerías nuevas que no formaran parte del discurrir habitual.

Es esta feria un acierto que deja bien a las claras un acontecimiento que permite adentrarse por una realidad artística hacia delante; una feria que debe consolidarse y cuyos cambios de sedes no benefician, pero que es justa y necesaria para saber, aquí sí, a qué atenerse.

Madrid es, un febrero más, capital del arte mundial. Los planteamientos que en la capital del reino tienen lugar nos patrocinan un arte abierto a todos y a todo. A pesar de las tonterías propias de los esquemas esquivos patrocinados por intereses de los que quieren hacerse notar, incluso sabedores de sus pocas luces; Madrid bien merece una visita y muchas detenidas miradas. Nosotros, así lo hemos hecho y así hemos intentado hacerlo llegar.

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