Defensa

Ninjas del aire

  • Helicópteros de la Armada adiestran a los francotiradores de la Infantería de Marina en misiones de vuelo a baja cota para disparar contra objetivos

Un H-500 de la 6ª Escuadrilla, camuflado tras un cerro, gana altura para permitir el disparo de un francotirador de la Sección de Reconocimiento del 3º Batallón de Infantería de Marina. Un  H-500 de la 6ª Escuadrilla, camuflado tras un cerro, gana altura para permitir el disparo de un francotirador de la Sección de Reconocimiento del 3º Batallón de Infantería de Marina.

Un H-500 de la 6ª Escuadrilla, camuflado tras un cerro, gana altura para permitir el disparo de un francotirador de la Sección de Reconocimiento del 3º Batallón de Infantería de Marina. / oscar lobato

Lobatoun Hudges-500 de la 6ª Escuadrilla de la Flotilla de Aeronaves de la Armada parece un minion volador: ovoide, pequeño, amable casi.

Una apariencia falsa. Los Argo (como se les apoda por su indicativo radiofónico) engañan y mucho. Son aeronaves duras, ágiles, y bastante silenciosas en comparación al resto de sus congéneres.

Esas prestaciones les han granjeado reputación como aparatos de combate. Incluso el 160º Regimiento de Aviación de Operaciones Especiales de EEUU (el caballo de batalla de los Delta Force y los SEAL) alista 50 de estos helicópteros.

La 6ª Escuadrilla cuenta tan sólo con seis H-500/369HM y una treintena de personas, entre pilotos y mecánicos. Pero esta unidad acumula 75 000 horas de vuelo y es paso obligado de todos en la Armada, para iniciarse en el "nivel cielo". Aquí se instruyen pilotos; señaleros y patrones de buques;controladores avanzados de fuego...

Sí, sobre el papel, los H-500 rezan como helicópteros de instrucción, con misiones de observación, reconocimiento y calibración de tiro de artillería.

Hay que leer muchas páginas y apartar ciertos velos, para descubrir su rostro más oculto: su faceta como auténticos ninjas aereos.

El capitán de corbeta, Juan Ruiz, comandante de la 6ª, admite sonriendo que, en efecto, una de las funciones de su escuadrilla es desempeñar el rol de "kamikazes". Por ejemplo, los H-500 adiestran a los buques de la flota, para defenderse ante el ataque sorpresa de una aeronave.

Estos helicópteros pueden acechar -en vuelo a baja cota y ocultos tras cualquier altura costera-, el paso de un navío. De repente, los 6ª ganan altura y acometen, a toda velocidad y a ras de olas, contra el buque en cuestión, forzando a la tripulacion a responder al ataque en segundos.

Antes de iniciar la misión de hoy, el comandante Juan Ruiz y el teniente de navío Jesus "Txus" Escudero, jefe de seguridad de la escuadrilla; memorizan cada hito del terreno y verifican constantemente los pronósticos metereológicos.

Para una operación con francotiradores de élite, es preciso examinarlo todo: orografía, pronósticos de viento, altura y posición del sol, intensidad luminosa, datos actuaizados de inteligencia sobre los objetivos...Es la ardua servidumbre de una acción NOE (acrónimo OTAN para Vuelo Cercano a Tierra).

De Rota despegan hoy tres aparatos. El helicóptero pilotado por el TN. Ignacio Bescos, desempeñara una misión de calibración. Los dos restantes, el Argo 7 (pilotado por el capitán "Txus" Escudero y el sargento David Moncaleano) y el Argo 6 -a cuyos mandos va el comandante Juan Ruiz- tienen otro trabajo bastante más endemoniado.

A 200 kms/hora, ambos aparatos enfilan hacia una vaguada reseca, entre dos serrecillas de lomas arcillosas.

Al fondo de ese valle, confundidos contra una ladera, un quintento de uniformados aguarda la arribada de los H-500. Son infantes de marina. O, para ser precisos, el equipo de francotiradores de la Sección de Reconocimiento (Sereco) del 3º Batallón Mecanizado del Tercio de Armada.

Las identidades de estos hombres no pueden difundirse, al estar clasificadas como secreto. Tan sólo sus hipocorísticos, sus nombres de guerra: Rapaz, Roca, Bur, Mudo y Pegaso.

Estos tiradores de élite embarcaran en los helicópteros para neutralizar el fuego de una serie de adversarios, que estaría amenazando el avance de las tropas.

Ese grupo hostil cuenta con varios "pacos" lo cual supone más problemas. Rivales así podrían "clavar" en el terreno a toda una compañía. Su difícil localización y puntería, desalienta mucho a cualquier tropa de infantería. No se puede apuntar contra un enemigo invisible.

Tras embarcar al primero de los exploradores de la Sereco, el Argo 7 despega, tramonta un alcor y alcanza la zona de combate. El infante de marina tiene medio cuerpo fuera de la cabina, a la que se ha despojado de la puerta trasera, para facilitarle la tarea.

En segundos, el helicóptero pasa de velocidad punta a velocidad cero, y se inmoviliza, colgado del aire, a 30 metros de altura sobre el suelo.

- "Autorizado a cargar" -crepita por los cascos la voz del capitan Escudero.

En este tipo de misiones, el piloto tiene el mando. El tirador debe esperar incluso para municionar su fusil HK417 de alta precisión.

- "Blanco en visual" replica el infante casi enseguida.

- "Autorizado a disparar", contesta el piloto.

El estampido de la detonación resuena incluso por encima del ruido de los rotores. Un trueno, lejano, seco, potente. A un centenar de metros de distancia, una minima erupción de polvo se alza en tierra.

- Bajo y a la izquierda -dicta el observador, camuflado en una hondonada próxima, indicando a su compañero la corrección. Los francotiradores trabajan siempre en binomio: observador y tirador, intercambiado sus cometidos a cada tanto.

No hacen falta más detalles. A partir de ese instante, las confirmaciones llegan una tras otra: ¡Impacto!...¡Impacto!...

Cada uno de los francotiradores realizará una ronda de seis disparos desde el H-500. Los tres primeros son 100+100 (100 metros de distancia del blanco y 100 pies de altitud). Del cuarto al sexto, pasarán a 250+100.

Pese la lejanía, la altura y las turbulencias,; las confirmaciones a los tiradores se suceden sin descanso: "¡Impacto! ¡Impacto!"

El tino de los infantes de marina impresiona tanto como la detreza de los pilotos. A sólo treinta metros de altura sobre el suelo, resulta dificil mantener inmóvil un aparato cuya mera turbulencia de rotor, genera auténticos torbellinos salvajes bajo el carenado del helicóptero.

Nuevo cambio de francotirador y nueva vía de ataque. Siempre con el sol de espaldas para cegar al adversario. Casi siempre, surgiendo tras una arboleda o remontandose tras la mole de algún cerro, que les brinde cobertura e impida advertir el acercamiento de las aeronaves hasta el último momento.

En cierto instante, mientras uno de los exploradores dispara desde el helicóptero, resuena el estampido de un potente Accuracy AW y su disparo revienta un bote de pintura de dos litros, que se balancea colgado de eslingas, a medio kilómetro de distancia . ¿De dónde procede ese tiro?...

- ¡Allí, a las nueve!-indica el comandante Juan Ruiz.

Aplastados contra el suelo, un segundo binomio de francotiradores dispara aprovechando el fuego de su compañero desde el helicoptero. Luego, los helicópteros depositan a los infantes en una zona segura. Unos y otros se esfuman raudos. Los ninja siempre atacan y desaparecen luego.

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