San Servacio de Tongres

Fue discípulo de Cristo y le siguió a todas partes hasta su Pasión y Muerte. Después de la Ascensión, no queriendo vivir en tierra tan cruel, viajó a Roma para dejarse aconsejar por san Pedro. Éste le entregó unas llaves hechas con las cadenas de la prisión de la que fue liberado por un ángel y lo consagró obispo. Otros dos ángeles bajaron del cielo la mitra y el báculo símbolos de su dignidad. Con los preciados objetos viajó a Tongres, su destino como obispo en la Galia Bélgica. Nada más llegar tuvo que enfrentarse a un dragón, entonces muy abundantes, al que dio muerte, un símbolo muy repetido del paganismo. Aquí da el tiempo un gran salto y vemos san Servacio luchando contra la herejía arriana sin mucho éxito. En un sueño se le aparecen san Pedro y san Pablo en el esplendor del Paraíso para avisarle de que se acercan los hunos, que se traslade a la cercana Maastricht porque Dios va a hacer un escarmiento en Tongres.

Otro salto en el tiempo y llegan los hunos. Tongres es destruida y Maastricht respetada, porque Atila se había impresionado, y aun convertido al cristianismo, al ver al santo dormido y cómo un águila con las alas extendidas lo protegía del sol, lo que no impidió que los hunos mataran a san Servacio a golpes de zueco y unos ángeles bajaran para darle sepultura. Los milagros y patronazgos son muy numerosos. Es protector de las viñas por haber dejado sin manos (luego se las repuso) a unos mozalbetes ladrones de uva. Abogado contra las heladas por el respeto de la nieve a su sepulcro. Patrón de los cerrajeros por el regalo de la llave milagrosa de san Pedro. Abogado contra los dolores de pies por su martirio golpeado con zuecos. Las llaves, que con el tiempo se volvieron de plata, servían también para combatir las plagas de ratones. Su fama se extendió por toda Bélgica y norte de Alemania, donde hay abundantes representaciones del santo en iglesias y museos.

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