Visto y oído

Bertín y la 'malaje' de Aznar

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Bertín es hombre de Arévalo y de Juan y Medio. De compadreo con Carlos Herrera y risas con Alaska y Mario. Cuando hay que ponerse con José Bono o Albert Rivera le sobran minutos, se le pone cuesta arriba tratar de temas en profundidad. En el caso de Aznar, el tipo más antipático y malaje del padrón español, sin intención de hacer un atisbo de autocrítica en su compostura de altanería despectiva, lo de Mi casa es la tuya entra directamente en barrena. Aznar no es de esos invitados que nos gustaría tener en casa y como entrevistado ya sabemos de antemano que no es de los de enmedalla.

Todavía no ha digerido que salió de la Moncloa por la puerta de atrás. Y parece que aún no se ha enterado que su Consejo de Ministros era un queso gruyere apestoso.

Aznar ni siquiera cree que la Historia le juzgará, su período histórico fue un fraude, aunque él sigue pensando que España comienza con su elección por desencanto. Aún presume de la foto de las Azores, no le perdona a Rajoy que haya tenido la tenacidad de seguir siendo presidente y prefiere ensalzar a presidentes de antes de la guerra antes de reconocer el valor de sus predecesores. 

Con todo esto es improbable que un tipo tan vaporoso como Bertín pudiera confeccionar una charla con interés, mordiente o simplemente simpática. Si además nos percatamos que su ductilidad roza el pasteleo es compresible que la madre del futbolista Joaquín, tan auténtica y sana, reuniera con 3 millones de seguidores, casi el doble de espectadores que el ex presidente ingrato.

Como esos británicos rancios que nos quieren declarar la guerra porque en verdad no saben solucionar el bochorno que han levantado, don erre que erre siente una grandeza que no le corresponde porque su tiempo ya pasó. Y huele. Se puso un jersey gris para aparentar un aspecto juvenil que nunca tuvo. En el fondo es un infeliz que no merecía el esfuerzo de un país.

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