La derrota refuerza a Griñán y pone a Arenas rumbo a Madrid

  • Lo sucedido en los comicios autonómicos suponen un alivio para Rubalcaba y una decepción para Rajoy, que gana menos crédito del esperado para llevar a cabo las reformas de los próximos meses

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LA pírrica victoria electoral de Javier Arenas en Andalucía -y la derrota en Asturias, donde ha quedado como tercera fuerza política- no aumentará previsiblemente el importante poder autonómico que acumula el PP, si PSOE e IU, que han logrado una clara victoria de la izquierda frente a la derecha, consiguen alcanzar, al menos, un acuerdo para que José Antonio Griñán sea investido presidente. Es previsible que ambas formaciones vayan mucho más allá y acaben formando un sólido Gobierno de coalición, que tendrá ante sí el reto de no repetir los fiascos protagonizados por el tripartito en Cataluña y por el bipartito en Galicia, y de sacar a Andalucía de un paro que supera ya el 31%. El fantasma del voto discrepante de Sánchez Gordillo, esgrimido desde el PP, está totalmente superado por unos resultados conjuntos que superan la mayoría absoluta en cuatro escaños.

Los resultados cosechados por el PP en Andalucía y Asturias, salvo que pacte con Francisco Álvarez-Cascos en esta última comunidad autónoma, no aumentarán su poder en la España autonómica. Aunque gobierna en las principales ciudades del país, excepto en Zaragoza y Toledo; goza de una supermayoría absoluta en el Congreso de los Diputados y en el Senado que sustentan al Ejecutivo de Mariano Rajoy, y domina en la mayoría de los territorios autonómicos, la no consecución de la mayoría absoluta en Andalucía trastoca y mucho la hoja de ruta de Mariano Rajoy, que tendrá, previsiblemente, enfrente a un "testigo incómodo", tal como vaticinó recientemente Griñán.

En cualquier caso, desde la restauración democrática ningún partido acumuló antes tanto poder en España. Tras la abrumadora victoria electoral del PSOE en 1982 con Felipe González, Alianza Popular (AP) resistió en Galicia, las Islas Baleares y Cantabria, y los nacionalistas de CiU y el PNV, en Cataluña y el País Vasco, respectivamente. Ahora, los socialistas podrán añadir al País Vasco, Navarra y Canarias -en la primera gobierna gracias al PP y en las otras dos en coalición como fuerza minoritaria con UPN y CC, respectivamente- a Andalucía, un escenario muy diferente al que señalaban hace unos días la mayoría de las encuestas.

Por lo demás, los resultados electorales cosechados por el PP en Andalucía y Asturias no permitirán al Gobierno de Mariano Rajoy afrontar con tanto respaldo ciudadano como esperaba los recortes y las subidas de impuestos que, previsiblemente, deberá introducir en los próximos Presupuestos Generales del Estado para cumplir los objetivos de déficit público impuestos por la Eurozona para 2012, y para disipar las dudas suscitadas en la UE y en los mercados y que han provocado un preocupante repunte de la prima de riesgo.

Además, el Ejecutivo popular gana menos crédito del previsto en las urnas para llevar a buen puerto las reformas que tiene previsto aprobar en los próximos meses. En especial, la que afecta al mercado laboral, que está ahora mismo inmersa en el trámite parlamentario en el Congreso de los Diputados y sobre la que pesa una huelga general convocada por los sindicatos para el próximo jueves. A tenor de los resultados electorales cosechados en estas dos comunidades autónomas con un gran peso histórico de las fuerzas políticas y sindicales de izquierdas, la huelga general no parece condenada al bajo seguimiento que apuntan los sondeos. Y es claro que la reforma electoral ha pesado en el ánimo de andaluces y asturianos.

En el seno del PP, estos resultados electorales abrirán más pronto que tarde un relevo en la cúpula andaluza. Esta victoria agridulce pondrá a Javier Arenas de nuevo rumbo a Madrid, donde Rajoy lo acogerá previsiblemente -haciéndole justicia- tras su primera crisis de Gobierno en un viaje sin retorno. La actual ministra de Empleo y Seguridad Social, Fátima Báñez, tiene todas las papeletas para sustituirle a medio plazo. La histórica victoria de anoche no dejará nunca de ser la cuarta derrota electoral de Arenas.

En el PSOE, la dulce derrota en Andalucía refuerza, sobre todo, la figura de Griñán, que podrá ahora acometer, como líder indiscutible, la profunda renovación en su partido que los andaluces le vienen exigiendo. Se ha ganado a pulso este éxito personal contra todo y contra todos. Como ocurriera en los comicios de 1996, los resultados electorales servirán para minimizar las diferencias internas. Pero, con todo, los socialistas están obligados a hacer una reflexión seria sobre las principales causas de su retroceso electoral: un paro inasumible, atribuible principalmente a la crisis pero con una parte de responsabilidad regional por la apuesta desaforada por la construcción inmobiliaria sin nichos de trabajo alternativos, y un clientelismo y una corrupción que han quedado al descubierto con el caso de los ERE. Sin abordar ese debate y sin depurar responsabilidades a fondo al margen de la escabrosa vía judicial, no pondrán entender la desafección generada por su marca entre una gran parte del electorado andaluz ni estarán en disposición de articular un nuevo discurso que le haga recuperar la primacía en Andalucía.

Los resultados en Andalucía y Asturias también le darán oxígeno al secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, que, tras el desastre del 20-N, inicia su andadura con dos resultados electorales benéficos. La transición tranquila que pretendía protagonizar el cántabro para dejar al frente del partido a uno de los suyos -Patxi López está en todas las quinielas- coge pista de despegue, aunque tendrá que pactarla con Griñán, que sigue apoyando a Carme Chacón y que se convierte en el único barón socialista con cuatro años de mandato por delante.

En cualquier caso, el camino hacia la irrelevancia que había emprendido el principal partido del socialismo democrático español -y que hacía presagiar una refundación en toda regla- sigue siendo una amenaza cierta. Para coger la senda buena, necesita algo más que medidas cosméticas.

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