Amigable comedia gay-conservadora

Los chicos están bien. Comedia, EEUU, 2010, 106 min. Dirección: Lisa Cholodenko. Guión: Stuart Blumberg, Lisa Cholodenko. Intérpretes: Julianne Moore, Annette Bening, Mark Ruffalo, Mia Wasikowska, Josh Hutcherson. Fotografía: Igor Jadue-Lillo. Montaje: Jeffrey M. Werner. Música: Craig Wedren, Nathan Larson.

Signo de afortunada normalización es que se construya una amable comedia conservadora sobre una familia lésbica, sus hijos y el donante que hizo posible la inseminación artificial. La cosa no es en el fondo tan distinta del estupendo melodrama de Douglas Sirk -aparecido hace poco en DVD- Su gran deseo: la estabilidad de una familia feliz pero atípica es amenazada por la llegada de un extraño. En la película de Sirk (de la que se repite el plano del extraño mirando a través de la ventana la familia que habría podido ser suya) lo atípico consistía en haber sobrevivido, en una sociedad cerrada y provinciana, al escándalo causado por los amores adúlteros de la madre y su posterior abandono del hogar; el extraño que irrumpe amenazando ese equilibrio es la propia madre, vedette de tres al cuarto que regresa al pueblo; y la tensión se produce entre el ex matrimonio, y entre éste y la autoritaria hija mayor, que odia a su madre.

En el caso de Los chicos están bien la familia feliz pero atípica, como ya se ha dicho, es la formada por dos lesbianas y sus hijos, fruto de la inseminación artificial. El extraño que irrumpe dividiendo a la familia es el padre biológico. Y la tensión se produce entre la pareja, y entre ésta y sus hijos. De alguna forma, y ello refuerza la referencia a Sirk, esta película supone el triunfo de la causa por la que luchó el gran director: que los prejuicios ligados a la vida afectiva y sexual no condenen a la desdicha. Sus grandes melodramas, por su popularidad entre el público mayoritario, contribuyeron a la lucha contra el puritanismo librado por la vital sociedad norteamericana de los años 50. Por ello creo que a Sirk le habría gustado esta comedia en la que se toma a broma lo que hace unos años habría sido una tragedia; o ni tan siquiera podía nombrarse.

Una de las conquistas de la normalización afectivo-sexual es, precisamente, poder bromear con situaciones que antes sólo podían tratarse dramáticamente. Ahora bien, que la condición sexual ya no sea un motivo de sufrimiento o marginación no quiere decir que las parejas homosexuales no se vean afectadas por problemas parecidos a los que afectan a las heterosexuales. En este caso están los caracteres de las dos mujeres, una dominante y la otra inmadura. Está la crisis de los hijos adolescentes que quieren emanciparse y el síndrome del nido vacío que afecta a las madres. Y está el propio padre que encarna a ese extraño que irrumpe en la familia queriendo recuperar la ligazón afectiva a la que renunció.

Otra cosa es como estas positivas u originales cuestiones se filmen. En este caso se hace con amable ligereza pero sin elegancia, tendiendo a confundir la espontaneidad con la grosería. Y exagerando la corrección política hasta alcanzar un tono forzado en el retrato de la relación entre Annette Bening (espléndida) y Julianne Moore (insípida). Tal vez con los apuntes digamos naturalistas se quieran disimular algunos matices que unos llamarían de sentido común y otros, reaccionarios: las buenas mamás que quieren educar bien a sus hijos, apartándolos de amistades peligrosas que los pueden incitar a las drogas o a la precocidad sexual e inculcándoles el sentido del deber; los hijos que, pese a estar tan contentos con sus mamás, parecen echar de menos a un papá; las relaciones varón dominante - mujer sometida que mantiene la pareja lesbiana; la casi caricatura del macho promiscuo y motero con la que resuelven con trazos gruesos al donante… Hasta que al conocer a sus hijos se arrepiente de su vida disipada y de no haber creado una familia. Así todo discurre hacia un final convencional digno de Tú a Boston y yo a California en versión gay. Probablemente el triunfo de la normalización, viéndolo en positivo, consista en tratar convencionalmente lo que antes era considerado, más que anticonvencional, aberrante. Aunque también puede que este guión que Lisa Chodolenko ha dirigido con el oficio justito, haya sido hábilmente construido -como si la asesorara un equipo de sociólogos, psicólogos y publicistas- sólo para satisfacer al actual público mayoritario.

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