La tormenta perfecta y el éxtasis

  • El estreno de Yerbabuena anoche en el Villamarta para inaugurar el Festival de Jerez supuso un cúmulo de emociones al que respondió un público entregado. La sorpresa la dio Poveda cantando para poner el broche de oro al espectáculo.

El trémolo es la lluvia, la monotonía de lluvia en los cristales. La tormenta perfecta, catártica, es Eva: descalza, incomunicada, aislada en un mundo donde el feroz individualismo aplasta las sensaciones, las percepciones y los sentimientos más profundos y recónditos. El trémolo de Paco Jarana es demoledor, desasosegante por momentos. Es el hilo conductor, junto a los lapidarios versos de Horacio García, que sujeta y cose el arriesgado espectáculo que la Yerbabuena estrenó anoche en el Villamarta, dentro del XIIIFestival de Jerez. Una obra donde la menuda bailaora granadina, a medio camino entre la Bausch más abstracta y conceptual y el Barishnikov más atrevido, desperdiga un emocionante fresco que, pese a su pulcritud, su pulida y milimétrica ejecución, no pierde tensión, sentido y emoción en casi ningún momento. Ysubrayamos ‘casi’ porque lo cierto es que, quizás por ser la noche del estreno, hubo momentos evidentes de decaimiento en la intensidad narrativa que, eso sí, se subsanaron con prontitud.

En todo caso, Lluvia se revela, desde el principio, como un montaje poco convencional que se reverencia, a la postre, como el trabajo álgido de una las bailaoras más influyentes de las últimas décadas. En él se revisitan los grandes temas que salpican la producción de Eva y que sustentan su imaginario creativo: la soledad, el desamor, el dolor, la tragedia, la melancolía... En definitiva, ese sentimiento trágico de la vida que embarga y embriaga la personal visión del arte y el flamenco que tiene la bailaora y coreógrafa nacida en Francfort. Sentimientos y convicciones que esta vez se ven sublimados. Por ella misma, y por la sincronía, limpieza y expresividad de su cuerpo de baile, cuatro fieras que aderezaron una obra en la que también  brilló un atrás que tradujo a la perfección la exquisita y delicada partitura compuesta por el guitarrista sevillano.

Pese a todo, como si quisiera pedir en un momento dado perdón por su tristeza, Eva introduce gags —véase la sorpresa cuando abre el baúl con el vestido para bailar los tanguillos; el pequeño gran homenaje a la escuela bolera derribando estereotipos—  y determinadas piezas coreográficas que dan respiro al espectador, agitado en la butaca ante tanto derroche de sensibilidad y hondo lirismo. Ese remanso que suponen, sin ir más lejos, los tanguillos de La querendona y la romera (con el cierre por bulerías de Cái) contrasta con el desaliento en la ejecución de los morados aires de Levante (taranta, levantica...) o en esa secuencia en la que Pepe de Pura canta como si le hubiesen quitado el volumen, haciendo gestos que bien podrían escenificar la ejecución de una seguiriya, pero que devienen inaudibles en el patio de butacas. Fue quizás uno de los instantes más sorprendentes del montaje y el clímax de ese mensaje ambiguo que parece querer transmitir Yerbabuena en Lluvia:por una lado, el ser humano vive hoy incomunicado, es un extranjero de sí mismo; por otro, las personas han pasado a ser discapacitados funcionales; esto es, cuentan con todos sus sentidos pero los desaprovechan, no son capaces de escuchar si quiera el silencio, todos sus matices.

Arrecia la lluvia en la soleá, donde se oscurece por completo el cielo mientras Eva se retuerce con escorzos imposibles bajo una negra bata de cola. Aquí la Yerbabuena, sin desmerecer al resto de mudanzas y dibujos trazados previamente sobre el escenario del coliseo jerezano, es capaz de transmitir toda su fuerza interior. En su soleá, Eva es única. Nada nuevo bajo el sol. En la soleá de anoche, Eva es un ‘tsunami’, una tormenta perfecta en continua agitación que realza a cada función su vena teatral, su fuerza dramática y, por qué no, hasta su bis cómica, que explotó con gracia en los pasajes de los aires de Cádiz. 

El trémolo es la lluvia. La tormenta es Eva. El éxtasis es Miguel Poveda con mantón cual capote cubriendo a la Yerbabuena de grana, cantando por bulerías Se nos rompió el amor, el eterno éxito compuesto por ManuelAlejandro e inmortalizado en la voz de Rocío Jurado. Un deliberado impulso por trascender que, al contrario y en la práctica, irradia honestidad y ausencia de pretensiones. Un lujazo, y  al mismo tiempo un peligro, poder abrir de tan brillante modo un festival de baile flamenco. 

Compañía: Eva Yerbabuena Ballet Flamenco. Idea original, baile y coreografía: Eva Yerbabuena. Cuerpo de baile: Mercedes de Córdoba, Irene Lozano,Eduardo Guerrero, Fernando Jiménez. Guitarras: Paco Jarana, Manuel de la Luz. Cante: Enrique el Extremeño, Pepe de Pura, Jeromo Segura. Percusión: Manuel José Muñoz ‘El Pájaro’, Raúl Domínguez.Voz en off: Isabel Lozano y Alejandro Peña. Dirección musical: Paco Jarana. Escenografía: Vicente Palacios. Iluminación: Florencio Ortiz. Textos: Horacio García. Sonido: Manu Meñaca. Vestuario/sastrería: Manuel y Gabriel. Técnico de sonido: Manu Meñaca, Ángel Olalla y Kike Seco. Técnico de iluminación: Florencio Ortiz. Maquinaria y regiduría: Daniel Estrada. Producción y distribución: Eva Yerbabuena SL, Marta Román y Cristóbal Ortega. Día: 27 de febrero. Lugar: Teatro Villamarta. Aforo: Lleno.

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