Abandonado y sin un futuro claro

  • El Centro de Salud de la antigua bodega de Díez Mérito sigue sin llegar casi 6 años después de su anuncio El edificio se desmorona ante la pasividad institucional

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El crujir de los cristales mientras andas es el vivo reflejo del abandono que ha sufrido el antiguo edificio de la Escuela de Relaciones Laborales, que no hace tanto tiempo, en el año 2005, aún albergaba clases en su interior. Techos caídos, paredes quemadas, retales de libros destrozados, cristales por los suelos, escombros por doquier... Es la imagen actual de un recinto que otrora fue uno de los más prestigiosos de su ámbito pues alumnos de toda España lo elegían para cursar sus estudios.

Hoy, recién entrado en 2013, la realidad es otra. El paso del tiempo y la desidia por parte de las instituciones han hecho mella en un inmueble que en nada se asemeja a la que fue hace unos años. Ha sido expoliada en todos sus habitáculos, y por aquellos pasillos ruidosos por los que no hace mucho circulaban jóvenes dispuestos a comerse el mundo, sólo deambulan actualmente varios gatos callejeros que se han convertido en los 'nuevos dueños' de la zona.

Todo ha quedado destrozado, y aunque desde fuera la sensación y la imagen de las antiguas Bodegas Díez Mérito pueda parecer distinta, en su interior todo es diferente, el caos y la destrucción se han apoderado de sus paredes, expectantes ante un porvenir descorazonador.

Los cacos han hecho su agosto durante todo este tiempo llevándose gran parte del mobiliario existente, los aparatos de aire acondicionado que asomaban por sus balcones y sobre todo la totalidad del cableado eléctrico. Aunque el Ayuntamiento ordenó cerrar con distintos candados los accesos principales hace ya más de dos años debido a las quejas vecinales por los contínuos fuegos aparecidos en la edificación, en sus aledaños se comprueba que nada de ello ha servido para detener a los amantes de lo ajeno, que han campado a sus anchas por el recinto hasta desvalijarlo por completo.

Pero sin duda, lo que más llama la atención dentro de la instalación es el grandioso y luminoso patio, cuya imagen es más propia de una secuencia de la película 'Lo imposible'. Es como si por allí hubiese pasado todo un tsunami, pues además de una tupida vegetación cubriendo los suelos (una circunstancia que se repite por todo el edificio, como es comprensible) encontramos un árbol caído, el ejemplo más claro del declive de una instalación.

Es triste comprobar en qué se ha convertido un edificio con un valor arquitectónico importante, un patrimonio del que nadie parece preocuparse.

Su futuro sigue siendo una incógnita ya que los contínuos anuncios promulgados por el estamento político no han terminado de fructificar, entre otras cosas porque la Junta de Andalucía no ha apostado con firmeza por su rehabilitación y transformarlo así en el nuevo Centro de Salud de la zona de Madre de Dios, que también daría cobijo a las urgencias que actualmente se encuentran en el de San Dionisio y el equipo de Salud Mental del distrito.

La Consejería de Salud y el Ayuntamiento de Jerez fimaron en 2007 un convenio para ampliar el mapa de Atención Primaria de la ciudad con la construcción de tres nuevos centros de salud, entre ellos el de la la citada bodega de Díez Mérito. Sin embargo, las obras nunca comenzaron. El primer paso para ello sucedió a finales de 2009, cuando el Gobierno autonómico anunció unos primeros trabajos con un presupuesto de 454.372 euros, que el SAS nunca llegó a ejecutar.

La razón para no iniciar las obras durante todo este tiempo ha sido la catalogación urbanística que tiene el inmueble y que limita las actuaciones que se pueden hacer dentro del mismo. Maldita burocracia. Al ser de propiedad municipal, las instituciones han intentado que pasase de categoría demanial (es decir, pública) a patrimonial. Sólo cumpliendo este trámite, según marca la Ley de Bienes de las Entidades Locales de Andalucía y el Reglamento de Bienes, se podría dar viabilidad a la cesión del edificio.

En febrero del pasado año, el antiguo director del distrito Jerez-Costa Noroeste, Antonio Mansilla, reconocía que "los arquitectos ya han encontrado la solución, pero ha sido difícil elaborar un proyecto que respete lo que no se puede tocar y que adecue los espacios a un centro sanitario". Sin embargo, desde entonces y como suele ocurrir en estos casos, nada de nada, por lo que la instalación sigue siendo carne de cañón para toxicómanos y graffiteros, que se han apoderado del inmueble ante la pasividad de las diferentes instituciones. Mientras, parte de la historia de Jerez sigue destruyéndose como si nada.

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