El rebusco

Dejaron memoria escrita de su paso por laciudad

  • Jerez y sus vinos vistos por los viajeros hispanoamericanosl Ilustres visitantes americanos pasaron por estas tierras

Una vez alcanzada la independencia los territorios que formaban las posesiones españolas en América, los miembros de la sociedad criolla dirigente tardaron un tiempo en reencontrarse de nuevo con España.

Tanto es así que las nuevas generaciones de políticos, militares, artistas y profesiones liberales prefirieron completar su formación en otros países, como Estados Unidos, Inglaterra o Francia, mucho antes que en su antigua metrópoli, que vivía una situación de gran inestabilidad política y económica.

Esto fue cambiando con el paso de los años, y a partir de la segunda mitad del siglo XIX empezarían a llegar destacados personajes de la élite hispanoamericana como Domingo Faustino Sarmiento, Rubén Darío, Ricardo Palma Soriano, Miguel Ugarte o Justo Sierra, entre otros, amén de algún que otro militar de alto rango exiliado.

Antes de la independencia

En este apartado habría que mencionar al militar Francisco de Miranda (1750-1816), nacido en Caracas, y fallecido en San Fernando (España), durante su reclusión, así como al noble Nicolás de la Cruz Bahamonde, conde de Maule.

Tanto en su libro de memorias, América espera, como en sus Diarios (1771-1800), Miranda cuenta su paso por Jerez.

Los días 14 y 15 de marzo de de 1771, en su camino a Madrid, relata: "Anduvimos por la mañana hasta llegar a Jerez 3 leguas, cuio camino (en lo que pertenece a la Jurisdicción de esta Ciudad) esta todo empedrado, y mui hermoso con dos ermosas Columnas de mármol a la entrada, que remate tiene unas figuras de lo mismo; la población es hermosa y tiene mui vellos templos, sus campiñas al mismo están todas sembradas la infinitos Olivares, y trigales que la amenizan, los caminos. Por no poder alcanzar Posada nos detuvimos aqui (a donde llegamos a las 11 y media) hasta el siguiente día, en una Posada que llaman de la Plaza, cuio tiempo después de comer lo empleamos en tomar el coche, y hir a ber la Cartuja, que dista de la Ciudad tres quartos de legua".

Y parece que vuelve en 1778, formando parte del regimiento de la Princesa: "A Jerez (dos lenguas), donde vimos las famosas caballerizas del Marqués de Villapanés, y el modo desatento e insolente del licorista español cuya fábrica fuimos a ver todos los oficiales".

Por su parte, Nicolás de la Cruz (1760-1826), era un rico comerciante de Indias que se expatria de Chile en 1783, afincándose en Cádiz hasta su muerte.

Durante su estancia en esta ciudad, donde acogió como tutor al que sería unos años más tarde el libertador de Chile, Bernardo O'Higgins, escribiría e imprimiría su gran obra: Viaje de España, Francia e Italia (Cádiz, 1806-1813). Uno de los capítulos del volumen duodécimo se lo dedica a Jerez, destacando la importancia de sus vinos: «El ramo principal que ocupa la agricultura y comercio de los Xerezanos es el de las viñas», para remarcar que "La fama también que en todas partes merecen con razón sus vinos". El apartado a Jerez lo cierra con esta frase que le oye a un extranjero: "Dichoso Xerez (me decía un extrangero afincado en esta ciudad), que tiene buen temperamento, buen vino, buen pan y buenos caballos".

De Perú y Chile

No será hasta 1860 que otro americano, en este caso el peruano, Pedro Soldán y Unane (1839-1895), destacado diplomático, escritor y poeta dejara escrito sus recuerdos de su paso por España y, como no, por Jerez.

En sus Memorias de un viajero peruano (1859-1863), se puede leer en su capítulo V un apartado dedicado a las bodegas de Jerez: «En las bodegas fuimos muy atendidos, nos hacían recorrer las dilatadas hileras de pipas escanciándonos de cada una de ellas una copita, casi un traguito, y viendo el Jerez en todos sus matices... la tarea era entretenida y gustosa... más al dirigirnos al tren para volver a Cádiz, casi nos caíamos». Aunque la ciudad de Jerez, según este viajero: «Es una población sumamente triste».

Hay que indicar, como curiosidad, que en esta visita le acompañaría, Francisco Javier León, que coincide con él en Cádiz. León llegaría a ostentar, años después, la presidencia del Ecuador.

En 1884, proveniente de Sevilla, vía ferrocarril, llegaría el prohombre y político chileno, Rafael Sanhueza Lizardi.

En su libro Viaje en España. publicado en Santiago de Chile en 1886, y en París en 1889, dedicará especial atención a Jerez, que en aquel tiempo tenía 50.000 habitantes. Él y su familia se alojan en la fonda La Victoria, y la coincidencia de encontrar en el teatro a un jerezano, el Sr. Miguel Hurtado, vinculado profesionalmente con Argentina y Chile, les facilitaría la visita a las bodegas de los señores González y Cía. Allí probarían distintos vinos que le haría exclamar: «!Qué hermosos néctares! ¿Cómo despiertan la admiración la pureza de sus tintes y lo cristalino de su esencia!». En cambio, para Sanhueza, Jerez es una ciudad bellísima y llena de poesía, donde siempre se mantiene perpetua la primavera.

Finalmente, el almirante chileno, Alberto Silva Palma (1852-1921), que en 1890 sería nombrado comandante de la corbeta Abtao para la formación de los guardiamarinas chilenos. Su viaje transatlántico le llevaría hasta el Mediterráneo, visitando los puertos de Cádiz y Gibraltar, pero sin dejar de acercarse hasta Jerez atraído por la fama de sus vinos. El diario de esa travesía sería recogido en su libro, publicado en Santiago de Chile en 1913, Reminiscencias de un viaje al Mediterráneo.

Silva Palma sería atendido en González Byass, donde llegaría a firmar en el libro de visitas; como en las de Misa, en la que mismo conde de Bayona les acompañaría.

Otro visitante ilustre por Jerez, aunque no dejó escrito sobre su corta estancia, fue el militar y político peruano, Andrés Avelino Cáceres, que por esa fecha ejercía de ministro plenipotenciario del Perú en Alemania.

Antes de dirigirse a Cádiz para participar en los actos de la celebración del centenario de la Cortes de 1812, fue invitado por las autoridades municipales a la Exposición agrícola que se desarrollaba en esos días en la ciudad. La comitiva fue agasajada por la Casa Domecq y bodegas González Byass.

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