La Facultad granadina sigue abriendo caminos

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NO corrían demasiados buenos tiempos para las carreras artísticas. Estaban las Facultades de Bellas Artes tremendamente cuestionadas por su adocenamiento y por haberse convertido - unas más que otras - en auténticas fábricas de Profesores de Instituto. La formación dada en algunas de ellas sólo respondía a los trasnochados postulados academicistas de un profesorado poco implicado y anclado en la noche de los tiempos. Afortunadamente todo esto parece - también en algunas más que otras - que ha sido superado y nuevos aires se ofrecen desde unas aulas que, como ocurre en la de Granada, se desarrolla el espíritu de una contemporaneidad y se manifiesta la realidad de una profesión que necesita muchos y buenos desenlaces.

Viene esta introducción para constatar la filosofía que envuelve la exposición que se presenta en los magníficos espacios del gaditano Castillo de Santa Catalina y en la galería que regentan Lorena y Rafael Benot y que oferta el trabajo de una serie de alumnos de la Facultad de Bellas Artes de Granada. Esta muestra no sería nada más que otra exposición en el periodo formativo de los alumnos si no estuviera avalada por el rigor, la seriedad y la voluntad manifiesta de introducir a los jóvenes artistas en la auténtica realidad de una profesión que va mucho más allá del mero sentido artístico. El arte, por desgracia, no se reduce a la simple experiencia creativa; es mucho más y demasiado complejo. Por eso es tremendamente acertado que, ya desde las aulas universitarias, se introduzca a los alumnos en la vorágine de una profesión que exige mucho y que impone una potestad muy alejada de los meros postulados de lo artístico. La actividad artística está constituida por muchos factores, algunos promovidos por intereses poco claros y patrocinados por agentes que, demasiadas veces, parecen salidos de películas mafiosas. Los futuros artistas deben ser conscientes de todo esto y saber de sus argumentaciones y consecuencias. Además, nunca es demasiado pronto enseñar las cartas y manifestar las intenciones creativas de unos y de otros. Por eso me parece digna de mención la labor llevada a cabo por el Profesor Trenado - aquí el pintor Carmelo Trenado ocupa otra faceta perfectamente diferenciada - con objeto de introducir abiertamente a sus alumnos en el meollo de una profesión con, al menos, muchos matices. La realidad artística moderna así lo exige y nuestros futuros creadores deben estar preparados para todo cuanto de bueno y de malo se vayan a encontrar.

La exposición responde a los abiertos límites de una realidad creativa donde no existen fronteras especificas. Nos hemos encontrado con valientes posturas, diáfanas perspectivas, claras referencias y preclaros argumentos de unos nuevos espacios por donde parece que van a circular los nuevos esquemas del futuro artístico. En la muestra hay muchas cosas buenas, hay planteamientos acertados de una plástica de avanzadilla - muchos de nuestros sabios santones de lo moderno ya quisieran estar pertrechados con algunos de los esquemas de estos jóvenes autores -, nos encontramos con sabias posturas que auguran posiciones de claro futuro. Pero, además, constatamos que todos los presentes se encuentran al cabo de cuantos intereses conforman una contemporaneidad llena de incontrolables fisuras. Y eso no se aprende en las aulas universitarias.

Como constatación de tan buena realidad expositiva resalto los nombres de unos artistas que están, ya, inmersos en los esquemas de la profesión artística: Heli García, David Costa, Silvia Jiménez, Esteban Emilio, Luis Fernández Garrido, Bernardino Sánchez Bayo, Iván Izquierdo, Ismael Ibáñez Moreno, Alberto Marcos Barbado, Tomás González Justicia, Marta Menacho García, Alejandro del Valle, Úrsula Tutosaus, Silvia Martín Cabello y Blas López Fajardo. Y, además, la buena intencionalidad de un galerista al abrir las puertas a estos buenos proyectos. Algo no habitual.

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