"Recomendados", por José García Oliva

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La hora de los relojes

De Fran Nuño. Il. de Enrique Quevedo. Ed. Faktoría K de libros. Pontevedra. 2011.

Raramente nos habremos detenido en el mundo de los relojes, ya que lo suyo es seguir adelante y nosotros dedicarles muy poco tiempo. Sin embargo su mundo es bien extenso porque habla del tiempo y del contratiempo,  de la muñeca y la pared, de ser de arena o esconder un cuco, de las campanadas y los péndulos, de maquinarias y artífices, de la Puerta del Sol o de una torre cualquiera, de atrasar y adelantar y estar “en punto”, del de bolsillo y del de cuerda, del que es de juguete y el que nos despierta,…De todo eso y más, hasta llegar a treinta y tres aspectos, Fran Nuño se ha dado cuenta, lo ha mirado y pensado, y nos lo devuelve en otras tantes composiciones poéticas que pueden ir de los tres versos a toda una columna, pasando por algún caligrama.

Así nos encontramos un poemario sobre los relojes y sus horas que con cadencia de tic-tac nos alterna el texto y el dibujo, nos pasea por las metáforas, la sonoridad, el ingenio y, sobre todo, por esa comunicación elegante del autor con el lector que Nuño desde su experiencia poética, docente, animadora, mediadora y lúdica domina como ya nos ha mostrado en obras anteriores. Un paseo por su blog nos da cuenta de ello.

Por su parte, el artista plástico gaditano Enrique Quevedo, interpreta los minutos y segundos del poeta con una precisión geométrica, de rectas y círculos, en composiciones ponderadas, a veces simétricas, con colores que se concretan y se difuminan en superficies claramente delimitadas pero, sobre todo, con una dedicación cuyo resultado deja entrever las horas, los minutos y los segundos que se esconden  en su trabajo.

Un libro con la calidad de edición de Faktoría K de Libros, del grupo Kalandraka, que invita a colocarlo en un lugar muy accesible de nuestra biblioteca para volver a él “puntualmente o cada cierto tiempo”.

Camino de mi casa

De Ana Tortosa.  Ilustraciones de Esperanza León. Col. Trampantojo. Thule Ediciones. Barcelona. 2011

Esperanza León ya nos había conquistado con sus pinturas en “Soy un caballo” (de Moure en Kalandraka) y “El lugar más maravilloso, (de Sobrino, también en Thule), con esos cuadros en los que se mezclan texturas y matices cromáticos no para crear espacios definidos pero sí emociones concretas. Así podemos verlos aquí.

Ahora Ana Tortosa, que también nos atrapó con sus delicadas historias en “Dentro de mí” y “De otra manera” (ambos también en Thule), encuentra los paisajes a su medida para una desgarradora historia que, como ella misma nos cuenta, no es posible comprender.

Porque camino de su casa, de casa de la protagonista, había un banco, y un buzón, y una fuente, y un árbol con un nido, y… y ahora “es un lugar de escombros, de dolor, de vacío, de silencio”. Porque la guerra arrasa con todo, aunque la pequeña protagonista conserva la ingenuidad suficiente para la esperanza, como puerta abierta a otro futuro posible.

El texto se va desgranando (¿desangrando?) elemento a elemento sobre las dobles páginas como fondos en los que la pintora dibuja con suaves trazos, a veces tímidos, a veces con sentimiento de dolor o de vergüenza inmerecida, casi siempre de frío y tristeza,  a los personajes de los que sentimos su drama de vivir.

Exquisito libro que nos habla del error y el terror de la guerra, de cualquier guerra, pero que la ilustradora ha querido acercarnos con una referencia casi velada, con una sutil alusión a Miguel Hernández.

Para ver unas páginas del libro podemos acercarnos al enlace de la editorial .

La huella de Lorca

Guion de El Torres y dibujos de Carlos Hernández. Novela Gráfica. Norma Editorial. Barcelona. 2011

Cuando se aborda una biografía se pretende atar todos y cada uno de los momentos que la persona en cuestión tuvo ante sus ojos: su infancia, su juventud,..  Cada detalle de su vida. Pero hay aspectos importantes en la vida de cualquiera que ocurren sin que las personas en cuestión estén presentes: qué pasó antes y qué pasó después, qué a las personas de su entorno por su interacción, qué a las ciudades y los lugares, qué a la propia Historia.

Así se plantea “La huella de Lorca”, desde delante y desde atrás, desde los lados, desde los otros. De los doce “capítulos” en los que se vertebra la obra, pocos tienen a Lorca en sus viñetas, los más nos sitúan junto a quienes vivieron algunos de sus “momentos”, entre ellos el padre del ilustrador con quien empieza, de pequeño, la novela y termina, ya en la actualidad, hablando con el propio dibujante.

Porque “La huella de Lorca” es un trabajo de autores, un intenso trabajo resultado de lecturas, de investigación, de relaciones y entrevistas directas,… como se comprueba en el blog que Carlos Hernández ha montado específicamente sobre este trabajo.  Un trabajo sobre el que la editorial ha apostado aun sabiendo la dificultad comercial que puede entrañar un producto así: un formato de cómic para una temática que se mueve entre la Literatura, la Historia y la denuncia. Pero arropa a la obra, creando especialmente una microweb en la que encontramos el primer capítulo, reseña de la obra y de los autores y una amplia entrevista con los mismos.

Y es que sí es un material de gran interés para quienes gustan del cómic, por lo bien hilvanado del guión, cuyos capítulos tienen sentido propio pero en conjunto son las piezas de un puzle que se cierra perfectamente al terminarlo; y por lo elaborado del dibujo (como un Mort Cinder de Breccia, pero en con el sepia entre las masas negras y blancas) que se adecúa a la situación para impregnarlo de pasado e, incluso, de ese matiz rancio de ese rancio pasado. A la vez que va a gustar a quienes gustan de la Literatura, y de la Historia y de la denuncia, por la fidelidad y seriedad en la documentación, tanto en aspectos  históricos como plásticos. Vaya desde aquí mi opinión para considerarlo con justicia como candidato al nuevo Premio Nacional del Cómic. Respecto al valor pedagógico que pudiera tener, de cara a la escuela y a la conmemoración del 75 aniversario de la muerte del poeta, lo creo como un material imprescindible que le aporte al alumnado una visión más completa de una vida y una realidad histórica y literaria. Porque solo conociendo el pasado (al que los autores se asoman de forma objetiva) se podría evitar una situación tan vergonzosa como la de los recientísimos acontecimientos en Granada alrededor de la figura del autor: el que aún haya personas a las que les moleste que sea “hijo predilecto de la ciudad”.

pepegoliva@hotmail.com

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