¿Derecha o extrema derecha?

  • La decisión del Partido Laborista, principal formación de izquierdas, de pasarse a la oposición deja al centrista Kadima la única opción de integrar un Gobierno conservador

Israel se debate entre un Gobierno de derecha y otro de extrema derecha tras el anuncio de la principal formación política de izquierda, el Partido Laborista, de que pasará a formar parte de la oposición. El presidente Simon Peres inició ayer los contactos para encargar la formación del nuevo Gobierno.

La decisión deja al centrista Kadima sin opción de encabezar una mayoría de centroizquierda y con la única alternativa de integrar -y atemperar- un Ejecutivo en el que predominarán, en cualquier circunstancia, las fuerzas conservadoras.

Se trata de un panorama que era algo más que previsible tras el triunfo del bloque derechista en los comicios generales del martes, pero no por esperada viene a facilitar la complicada gestión de unos resultados electorales rocambolescos.

Pese a que en términos globales el bloque de centro y de izquierda es minoritario, el Kadima de Tzipi Livni fue el partido más votado al lograr 28 diputados, uno más que los 27 del conservador Likud de Benjamin Netanyahu.

Y Livni no renuncia a convertirse en primera ministra aunque sea de un Ejecutivo de ineludible mayoría conservadora después de que haya arrojado la toalla el líder laborista Ehud Barak, su aliado natural.

Para liderar el próximo Ejecutivo, a Livni sólo le queda la posibilidad de que apueste por ella en vez de por Netanyahu el ultraderechista Avigdor Lieberman, líder del tercer partido más representativo, el xenófobo Israel Beitenu. Y que en ese caso Netanyahu se una a la coalición ante la perspectiva de verse obligado a recurrir a grupos de extrema derecha más pequeños y formaciones ultraortodoxas que no garantizarían a su gobierno la mínima estabilidad.

Pero Livni no lo tiene nada fácil. En su propio partido han surgido voces -como la de Shaul Mofaz, que perdió frente a Livni las primarias del Kadima-, para que la formación centrista atienda el llamamiento de Netanyahu de integrar un "Gobierno de unidad" liderado por el Likud.

El desenlace podría perfilarse en las próximas horas, cuando el jefe del Estado, Simon Peres, decida sobre sus consultas con los dirigentes de los diferentes partidos para conocer cuál de los dos candidatos -Livni o Netanyahu- cuenta con más apoyo; dicho de otra manera, a cuál de los dos encarga la formación de gobierno tras haber tenido más éxito en el esfuerzo por bloquear los posibles respaldos del otro en un sistema en el que la clave no es tanto ganar confianza como que la pierda el rival.

La diferencia no es mucha entre un gobierno de derecha con el Kadima en su seno, presidido o no por Livni, y uno de extrema derecha, dirigido por Netanyahu e integrado por el Likud y las formaciones de esa ideología del arco parlamentario, aunque para los palestinos el matiz puede tener importancia, más para la moderada Autoridad Nacional Palestina (ANP), del presidente Mahmud Abbas e implantada en Cisjordania, y menos para el movimiento islamista Hamas, que controla la Franja de Gaza.

Según la prensa local, la primera condición de Livni para integrar a Kadima en un gobierno presidido por Netanyahu es que se prosiga la negociación para crear un Estado palestino bajo la autoridad de Abbas, un proyecto que defiende con determinación. La receptividad que el líder del Likud preste a la exigencia es, no obstante, una verdadera incógnita; Netanyahu se ha mostrado hasta ahora intransigente y opuesto a la concesión de soberanía a los territorios palestinos bajo ocupación israelí.

La presencia o ausencia de Kadima en el próximo Ejecutivo no incidiría, sin embargo, en la política con Hamas; Livni argumentó desde el gobierno en favor de la reciente ofensiva en Gaza con el mismo ardor que la negociación con la ANP. Y desde la oposición Netanyahu no le llevó la contraria en lo que respeta al movimiento islamista, excepto en un detalle: dijo que la ofensiva -que costó la vida a 1.400 palestinos, la mayoría civiles- había concluido "demasiado pronto".

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