Antoine de Latour

A mediados del XIX Antoine de Latour nos pintó con emocionadas palabras un descriptivo cuadro de nuestra ciudad. En este pasaje de La bahía de Cádiz(La Baie de Cadix, 1858; trad. esp. M. D. Bermúdez - I. Díaz Narbona, Diput. de Cádiz, 1986) citaba el primer ferrocarril de Andalucía, el de Jerez-Trocadero (tan famoso como el posterior "del vino"), que pudo serlo de España, de no haberse adelantado el de Barcelona-Mataró (aunque, en cualquier caso, sí fue el primer proyecto, de 1829, obra de D. José Díez Imbrechts, anterior a la histórica apertura de la línea Liverpool-Manchester):

"De El Puerto de Santa María a Jerez el camino es delicioso. Es empinado al principio durante una legua y uno siente constantemente el deseo de volverse para mirar la Bahía de Cádiz y, en la lejanía, el propio Cádiz.

Después de alcanzar la meseta más elevada hay que despedirse de este magnífico espectáculo. El paisaje de la otra vertiente es totalmente diferente: inmensos campos de viñas, eso es todo. Estos campos se hallan separados por setos de áloes y de chumberas, dragones erizados colocados para custodia de estos jardines de las Hespérides. A la derecha, un riachuelo cuyo caprichoso curso me gustaba seguir con la mirada, se acerca al borde del camino formando una especie de puerto reforzado con maderas. Este arroyo es el Guadalete; este puerto en miniatura no es sino un embarcadero que alcanza proporciones diferentes para el viajero cuando reconoce que allí, hace apenas dos años, se embarcaban los vinos de Jerez, comarca que tiene más de cincuenta leguas cuadradas, que producen anualmente cincuenta mil toneladas de vino. Recientemente una línea férrea entre Jerez y El Puerto ha inutilizado el río y el embarcadero.

Jerez se percibe desde lejos pero tan sumergido aún entre los pliegues del terreno que me pregunté si no era como el antiguo puerto del Guadalete, algo pequeño, consagrado a la explotación de algo mayor. Pero no es así; ocurre con Jerez como con esas enormes fortunas que se niegan a brillar de lejos y que temen suscitar la envidia. Aunque rico, conserva la apariencia de su primitiva pobreza. A medida que me aproximaba veía cómo la ciudad se agrandaba y se extendía. Cada recodo del camino abría ante mis ojos una nueva perspectiva. Situado a media altura entre majestuosas colinas, Jerez se comprime o se ensancha según el punto de vista. Sólo al entrar me convencí de que se trataba de una ciudad importante."

Acerca de las opiniones y pintorescas líneas de Latour y de otros viajeros (Amicis, Borrow, Dumas, Ehrenburg, Ford…) escribió hace unos años nuestro compañero y "lector empedernido" Ramón Clavijo en su obra Viajeros apasionados. Testimonios extranjeros sobre la provincia de Cádiz. 1830-1930 (Diput. Cádiz, 1997): curioso libro en el que aprendemos muchas cosas de nosotros mismos al vernos con los ojos de otros.

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