Retrato en sepia de El Torta

  • El cantaor jerezano, un mito del flamenco contemporáneo, edita un DVD y CD en directo desde la madrileña sala El Juglar, en la colección 'Flamenco en Lavapiés'

Donde encuentro algo de verdad, y eso es lo que nos interesa a estas alturas, tanto en el arte como en la vida, es en un momento marginal de esta obra. El DVD recoge 7 de los doce temas que incluye el CD de audio. Temas grabados en directo en la sala El Juglar del Lavapiés madrileño. Es el mismo marco en el que se grabó el disco de Canela de San Roque, el único disco que tiene en el mercado, hace unos años, y que sirvió para dar a conocer al gran cantaor de Cádiz al gran público hace unos años. Pues bien, este mismo es el marco de Momentos de Juan Moneo El Torta, una obra, DVD y CD, que abre la colección Flamenco en Lavapiés.

La verdad la encuentro en un extra que incluye el DVD, la grabación de un cante por bulerías improvisado en el camerino. Allí está El Torta libre y campando a sus anchas, poderoso y frágil al mismo tiempo. Lo mismo que la primera vez que lo vi, en un campo de deportes de una barriada de Jerez. Libre y frágil: cantándole a la vida y a la muerte, a la noche y a la Heroína (un tema que se reproduce ahora, por vez primera, con algunos versos extras respecto a aquella primera versión: "Ya te doy gracias Dios mío/que me has quitao de la heroína").

Juan Moneo El Torta (Jerez de la Frontera, 1954) es el prototipo de cantaor romántico que describe Núñez de Prado en su obra Cantaores andaluces. Sus letras y sus cantes se nutren de su propia peripecia vital. El Torta era un trágico con su voz de trueno y su cuerpo de rayo. Entonces se comía el mundo, la escena, por la pura necesidad de expresar sus dolores, físicos, espirituales. El público, su público, porque El Torta apenas salía de su barrio, de su pueblo, se bebía (quiero decir nos bebíamos, claro está) sus cantes con la devoción del ungido. Hoy, con 53 años, encauza una carrera artística con la cabeza que, según propia confesión, le faltó hace años. Y también con un exceso de responsabilidad que lastra en buena parte los cantes de su nueva grabación, que se ha retrasado nada menos que 13 años. Esto puede parecer duro pero no lo es. Tal vez sea innecesario aclararlo, pero lo voy a hacer: no digo que El Torta cantara mejor cuando era infeliz. Digo que la virtud es, por definición, desintencionada. Que, pese a Edgar Allan Poe, (que, como afirma Borges, es un romántico con estética racionalista), rara vez se hace una obra maestra con la conciencia de hacerla, con la pretensión de hacerla. Y menos en un contexto estético romántico, como el que nos ocupa.

Momentos es un gran disco. El Torta posee facultades, conocimiento, coraje y verdad flamenca. Y la tensión perfeccionista que alimenta la obra le otorga a ésta la rigidez de que carecían las anteriores entregas discográficas de nuestro intérprete (y en este sentido Momentos es un reflejo fiel de lo que nos ofrece hoy el cantaor en directo), a pesar de que aquellas se registraron en el estudio, y ésta en directo. Me refiero a Luna mora (1990) y, sobre todo, a Colores morenos (1994), un hito del flamenco contemporáneo, de espontaneidad y fuerza. Y con la guitarra cómplice de Moraíto. En este caso se ha optado por la familia, Juan Manuel Moneo, que se muestra solvente en ocasiones y desaliñado en otras, opaco siempre en todo caso. Tampoco la estética ñoña del vídeo contribuye al éxito de la obra.

El Torta es hoy un cantaor más pesado que el que conocimos. Ha perdido cintura y ha ganado cabeza. Esencia y potencia de La Plazuela. Más, ¿lo recuerdan, tímido y deslumbrante, y delgado hasta un extremo inverosímil, en la obertura de Flamenco de Carlos Saura? Éramos más jóvenes, y más delgados, los tres: El Torta, Jerez y yo.

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios