'War Witch' cierra la carrera por el Oso de Oro sin claros favoritos

  • El Festival de Berlín se clausura hoy tras recibir ayer a Robert Pattinson y Christina Ricci

Mientras las adolescentes se amontonaban para ver a Robert Pattinson en la alfombra roja, la historia de una niña soldado, War Witch, cerró ayer la sección oficial a concurso en una Berlinale un tanto saturada de dramas, en la que además tampoco se perfilan claros favoritos.

La película encargada de poner el broche de oro al certamen asesta un auténtico mazazo al espectador. Dirigida por el canadiense Kim Nguyen, se centra en la pequeña Komona, una niña de 12 años a la que un grupo de rebeldes captura para la guerra. Obligada a asesinar a sus padres, tendrá que luchar contra los fantasmas que se le aparecen a diario y aprender a sobrevivir a las balas del ejército.

War Witch se rodó íntegramente en la República Democrática del Congo, aunque su director evitó hacer referencia expresa a ninguno de los conflictos que sacuden el África subsahariana.

Fuera de concurso, un Pattinson convertido en Casanova y una encantadora Christina Ricci pusieron el toque de glamour con el estreno de Bel Ami (Declan Donnellan), que adapta a la gran pantalla el clásico homónimo de Guy de Maupassant.

Si como anunció el primer día Mike Leigh, el jurado que preside tendrá en cuenta el trasfondo social tanto como el nivel artístico, War Witch podría colarse a última hora en el palmarés .

Aunque, precisamente, dramas comprometidos no han faltado en esta edición 62 de la Berlinale. Otro que a juzgar por su buena acogida tendría bastantes opciones de arañar algún premio es Just The Wind (Bence Fliegauf), inspirada en una serie de asesinatos racistas contra gitanos en Hungría. Pero aún así, todo apunta a que hoy el Oso de Oro será una sorpresa.

Entre las preferidas de la crítica internacional hubo sobre todo dos películas celebradas por su originalidad: la primera fue la italiana Cesare deve morire, una vuelta de tuerca al género carcelario que firman los hermanos Taviani con la tragedia de Shakespeare como telón de fondo. Y después, el portugués Miguel Gomes destacó con un melodrama colonial, en blanco y negro y semimudo, en el que rinde homenaje al cine de F.W. Murnau.

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