Los compromisos estéticos y sociales de la pintura

Precisamente fue él quien instauró, cuando estaba al frente de la Fundación Pablo Ruiz Picasso, la acertadísima decisión de proponer una exposición antológica de los artistas malagueños más importantes desde la segunda mitad del siglo XX. El entonces Museo Municipal de Málaga - ahora Salas de la Coracha del Museo del Patrimonio Municipal - acogió importantes muestras de aquellos nombres tan significativos de un arte que, desde Málaga, conquistó parcelas de inusitada trascendencia artística. Los Lindell, Peinado, Ruano, Brinkmann…, entre otros, llenaron con su incomparable testimonio artístico unos espacios que permitían el feliz encuentro con un arte malagueño de muy especial significación en el contesto de la Modernidad artística andaluza. Además el nombre de Eugenio Chicano ha estado ligado a la lucha social desde la creación artística contra un tiempo de oscuridades y sinsentidos; un tiempo que lo llevó a tierras italianas y que lo capacitó para una pintura en abierta expansión, con infinitos matices y posturas llenos de intensidad y carácter.

La exposición malagueña nos presenta un muy cuidado recorrido por la obra de Chicano, recorrido que abarca esas etapas perfectamente diferenciadas en las que se estructura la obra de un artista cuyo trabajo se siente muy vinculado al discurrir estético de la época en la que le tocó vivir. Obras que muestran bien a las claras la personalidad de un autor que supo generar una obra personal y sujeta a un estamento alejado de los intereses mayoritarios de un arte, todavía, con resabios ultramontanos. Eugenio Chicano abrió caminos y generó situaciones expectantes y llenas de intensidad creativa.

La exposición se inicia con una obra de juventud, ya, con un paisaje valiente y con cuadros protagonizados por una humanidad que mostraba la sombría existencia de unos momentos, también, con pocas luces. En ellos ya se adivinaba una concepción pictórica muy bien acondicionada, con un dibujo conformante poderoso, contundente arquitectura capaz de sustentar una figura muy bien distribuida pictóricamente.

Chicano fue un espíritu rebelde desde siempre. En los años 60 comenzó una etapa de inquietud, haciendo partícipes de ese aspecto de opresión e injusticia que caracterizaba la sociedad del momento y a la que él artista contribuyó con un ejercicio pictórico que ponía en solfa una dictadura que, en sus últimos estertores, todavía ejercía su maléfica potestad.

El lenguaje pop que siempre encontró en Chicano un consumado artífice, se pone de manifiesto en varias serie de distintos desenlaces pictóricos - Homenajes, Bienal del Deporte, Suite Málaga, La Copla… - que desarrollan ese especial sentido que el autor malagueño posee para desempeñar las efectistas situaciones de una estética muy cercana a casi todos y portadora de unos valores donde se yuxtaponen muchas circunstancias - artísticas, sociales, humanas - que generan episodios extraídos de una realidad inmediata tremendamente querida por el artista.

Poco a poco, la evolución de la pintura de Eugenio Chicano era transitada por una plástica a la que el artista impone su carácter, su emoción, su compromiso y ese especialísimo sentido de pintor curtidos en infinitas batallas pictóricas, que le permiten hacer lo que quiere y como quiere, estando al margen de modas e imposiciones.

La muestra nos conduce por un artista sabio que experimenta con un arte al que él transmite personalidad y carácter. Una exposición de uno nuestros artistas de mediata e inmediata referencia.

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