josé carlos gómez. guitarrista

"En el mapa del flamenco, no hemos sabido poner en valor lo que nos distingue"

  • Tras la presentación en Japón de 'Origen', el músico algecireño regresa a la provincia para presentar su último compacto, todo un homenaje al jondo de su tierra y a sus maestros

En un medio susurro, casi como emulando la caricia de la mar en calma, José Carlos Gómez prepara al oyente que se enfrenta a la escucha de su Origen. El guitarrista algecireño suelta la sonanta por unos momentos -la que no deja ir en ningún momento de esta entrevista- y le habla directamente al aficionado en la primera pista de su último trabajo para explicarle que esta vuelta a la raíz es el fruto de toda una trayectoria vital. "Cuando echo la vista atrás tengo la sensación de haber vivido, al menos, tres vidas, una de crecimiento, otra de tormentas y maremotos, y otra de paz". Las huellas de todas ellas se traslucen en momentos de la bulería Irenea, de la rumba Paseo del mar o de las alegrías La Reconquista, que se derraman una tras otra cuando su voz calla y hablan sus manos, las que dibujan el pasado con el que se reencuentra en este Origen .

-El maremoto le ha llevado, de nuevo, a la orilla de su tierra.

-Sí, de nuevo estoy viviendo una etapa muy bonita en mi tierra, en Algeciras, en la que estoy desde hace unos años y eso me ha llevado a tener ganas otra vez de agarrar la guitarra y hacer este disco.

-¿Cómo fue el reencuentro?

-Es que este disco es un homenaje a la tierra y a muchas personas de la tierra. Sobre todo yo me agarro a la guitarra con más fuerza cuando fallece Paco de Lucía porque es la manera que tenía de sentirme más cerca de él. Y entonces empiezo a recordar todos los momentos que compartí con él desde pequeño y no sólo con él sino con toda la gente del Campo de Gibraltar que me ha enseñado. De ahí nacen las composiciones del disco y nace ese agradecimiento a todos esos flamencos.

-¿Volvió a la misma Algeciras de la que se fue? ¿Se vive ahora el flamenco de la misma manera?

-No, no. Yo tuve suerte de vivir los últimos años en los que vivía Andrés Rodríguez, que era un guitarrista algecireño que siempre tenía a mucha gente joven a su alrededor y que no discriminaba a nadie. Era muy flamenco y un gran defensor del flamenco de Algeciras, y cuando él se fue, se fue con él también todo eso. El flamenco de Algeciras ha cambiado muchísimo, necesitamos que se valore más el flamenco de nuestra tierra, porque está muy bien que nos guste el flamenco de todos los sitios pero hay que defender lo nuestro, o nos perderemos.

-¿Y cuáles son las características del flamenco de Algeciras y del Campo de Gibraltar que usted vivió?

-Yo creo que en la guitarra la escuela nace con el padre de Paco de Lucía y las características son la limpieza, la pegada y el ritmo, que es muy diferente al que se pueda hacer en Jerez o en Morón porque nuestro ritmo se asemeja al Estrecho tiene la fuerza de dos mares y de dos vientos. Y la cercanía con Marruecos creo que también le da una identidad muy fuerte, en el cante, por ejemplo, se nota mucho esa influencia en gente como El Chaqueta, Los Rubios, Rafael El Tuerto, Curruco de Algeciras... La pena es que, en el mapa del flamenco, no hemos sabido poner en valor todo eso que nos distingue.

-Flores El Gaditano encabeza el rosario de nombres a los que rinde homenaje en 'Origen'.

-Sí porque aunque fuera cantaor, él tocaba un poco la guitarra y se convirtió en mi primer profesor. Todavía no tenía yo 7 años cuando me llevaron a que me diera clases y él fue quien puso mis manos en la guitarra y me enseñó los primeros acordes. Luego él habló con Salvador Andrades, que tenía entonces 18 años, para que me siguiera enseñando y fue quien me mostró todas las cosas de Paco y me abrió un poco más la mente y las manos. También lo nombro como a Canela de San Roque, Andrés Rodríguez, Paco Narváez... Esa fue mi universidad y me sirvió para que cuando me fui a Madrid, ya con el Balleta Nacional, fuera ya un guitarrista que ya sabía mi oficio. Luego están Ramón de Algeciras, Luis Habichuela, Pepe de Lucía, Paco, claro, Serranito...

-De la labor de acompañamiento, ¿cuál es la enseñanza mayor que se lleva un guitarrista?

-Darse cuenta que el cante es la madre. Al aprender a tocar para el cante te llevas muchas cosas para tu guitarra y al final intentas que tu guitarra cantes como ellos, ese es el sentido.

-¿Hay una obsesión con la palabra vanguardista?

-Sí, y creo que se nos está yendo de las manos. Si hay una barrera que la pasas y empiezas a dejar de ser flamenco perdemos el sentido de nuestra música. El flamenco siempre tiene que sonar flamenco. Una soleá, a soleá, una granaína, a granaína. Si una obra está hecha en tonalidad de soleá pero no está la soleá, es otra cosa pero no flamenco. Y es que es lo más difícil es evolucionar pero sonando a lo que se tiene que sonar porque eso requiere más horas de trabajo. Y es lo que hizo Paco de Lucía. La gente no se ha quedado con lo que verdaderamente Paco quiso dejar, la gente se ha quedado con su técnica y su investigación en otras músicas, pero él nunca dejó de sonar flamenco. Y fue lo más importante.

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