La historia del Arte según Picasso

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UNO de los grandes objetivos de todo moderno Centro de Arte o, como en este caso, Museo, es la programación seria y continuada de exposiciones temporales, que complete las colecciones permanentes en ellos existentes. Ya todos los aficionados saben qué alberga y por qué lo hace el Museo Picasso de Málaga. Pero existe algo que no me resisto a comentar. Desde su inauguración mediática, multitudinaria y real, salvo en muy contadas ocasiones, las muestras han dejado mucho que desear. Sin embargo, llevamos un tiempo, precisamente coincidiendo con la estancia al frente del mismo de Pepe Lebrero, en el que hemos tenido la oportunidad de presenciar exposiciones de mucha importancia. A la extraordinaria de Frantisek Kupka, ha seguido esta que nos ocupa, sobre un tema profusamente pintado por Picasso como es el caballo.

La muestra no es una al uso sobre el noble animal; ni mucho menos; ni siquiera se trata de una rigurosa recopilación de obras picassianas en las que aparece el caballo como principal o secundario protagonista. La exposición tiene, además de esto, un valor añadido que sirve para situarnos en los medios de una importante lección de historia del arte. Picasso, nadie lo puede poner en duda, fue un artista que sobrepasó muchas épocas; vivió cambios generacionales y de todos obtuvo beneficios artísticos para, más tarde o al mismo tiempo, dar una visión particular y genial de ello. Además, el artista sometió a las tendencias artísticas, a los modos y a las formas a un especial tratamiento plástico y estético que renovó maneras y abrió perspectivas. La exposición se centra en una amplia historia artística protagonizada por el caballo. A través de los momentos vividos por el autor - Picasso tuvo el privilegio, o la desgracia, de vivir épocas convulsas donde el arte tomaba rumbos casi imposibles de asimilar - pintó infinitas series donde la realidad artística estaba sometida a tales cambios que el pintor asimilaba, patrocinando, al mismo tiempo, nuevos rumbos en una pintura que se abría a horizontes insospechados.

La muestra nos conduce por la obra de un pintor genial, por un artista total que recrea un universo especial, que rompe perspectivas poco a poco y lo hace porque quiere, porque sabe y porque se lo cree. Dibuja la realidad y lo real, pinta formas divisionadas, graba simples grafías extraídas de una iconografía clásica que él hace modernas para convertirlas, rápidamente, en clásicas picasianas; en definitiva todo un ideario estético abierto donde se recrea el eterno, infinito e inconmensurable universo artístico de un ser genial: el mejor y más grande Picasso en estado puro.

La exposición está comisariada por Dominique Dupuis-Labbé y nos centra en una historia bella donde los capítulos nos narran situaciones estéticas variadas que el artista construye con una solvente precisión, esa que lo hace único y que, aquí, desde la magia estética de un animal, nos introduce en los estamentos de un arte que Picasso hace imposible, personal e intransferible.

Pepe Lebrero nos está llevando, gracias a estas muestras temporales, por la realidad de un arte que, en el Museo Picasso Málaga, tiene una trascendencia y un sentido muy especial. Y, después, Bill Viola. Seguiremos informando.

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