Un magnífico cartel

POR fin vamos a tener este año un cartel de Feria digno del importante acontecimiento que debe anunciar. Atrás quedaron los pocos satisfactorios resultados de unas convocatorias con demasiados desajustes en fondo y forma y desarrollos muy poco edificantes.

Me gusta el cartel de Juan Carlos Crespo. Y me gusta mucho. En primer lugar es la obra, personal e intransferible, de un artista grande y auténtico - de los más auténticos que hay por la zona -. Aquí el pintor no ha realizado brindis al sol ni ha asumido identidades artísticas extrañas - como harían otros - para conseguir resultados amables que satisfagan a la inmensa mayoría y, en primer lugar a los que le han pagado, o lo que hubiera sido peor, adherirse a falsas modernidades para aparentar lo que no se es - que también haría más de uno -. Juan Carlos ha cumplido con lo que se le ha pedido y con lo que se supone que debe ser el cartel anunciador del evento más importante y con más trascendencia internacional de cuantos ocurren en la ciudad. El artista ha diseñado un cartel donde, desde su particular u personalísima estética, recrea esa explosión de belleza que es la Feria de Jerez. El cartel mantiene viva la referencia festiva del acontecimiento que representa. Aquí, algunos todavía pontificarán sobre extrañas ausencias con su ilustre modelo - la Feria - o dirán aquello tan socorrido de que esto no es Jerez; pobres postulados cuando no se tienen otros argumentos a los que acudir.

El cartel es la pura esencia de la fiesta, el nacimiento de una primavera que, en Jerez, adopta especialísimas formas y que Juan Carlos Crespo ha conseguido plasmar en una obra redonda, llena de toda la iconografía festiva y jerezana que se requiere para este tipo de actuaciones artísticas.

Me consta que el cartel de la Feria no va a satisfacer a muchos. Eso no está del todo mal; lo contrario tampoco sería demasiado bueno. Esta ciudad, para algunas cosas, es tremendamente injusta, compleja y hasta cainita. Por eso, ahora esperamos que vengan los listillos de siempre y, también, algún que otro autor que quiera ver menoscabado su interés de pobre artista, para propugnar sus interesados planteamientos. Pero debo decir en voz alta, clara y contundente que, de los últimos, ha sido el mejor cartel.

Los que tengan memoria recordarán los magníficos de Gonzalo Torné - el primero que rompió la racha a favor de una obra contundente -, de Pepe Duarte, aquel polémico de José María que a mí tanto me gustó sobre un texto espléndido de Paco Bejarano, el de Alfredo Alcaín, aquel otro, también magnífico, de Juan Carlos Crespo con una gitana cuyo vestido estaba lleno de caballos, el de Carlos Ayala con una esclarecedora cabeza de pericón. También tenemos otros para olvidar y, entre ellos, me acuerdo de aquella tomadura de pelo con un dibujito sobre el Quijote del desaparecido y, por otra parte, genial Antonio Saura. Por eso, entre los mejores de los que hemos tenido, no cabe duda de que éste va a ser de los más recordados, por bueno. ¡Y si no, al tiempo! Otra cosa es si estamos ente la fórmula más adecuada de elección.

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