Tribuna libre

Un taller de periodismo creativo

NO existe una receta para escribir artículos. Pero sí es posible tener en cuenta una serie de pautas y conocimientos que faciliten su escritura. Existen una retórica de la argumentación y la persuasión, así como unas técnicas de seducción y una voluntad de estilo. Con ellas hemos procurado avanzar en el taller de periodismo creativo  ‘El arte del artículo’, que he tenido el honor de dirigir en la Fundación Caballero Bonald, durante doce sesiones de dos horas de duración cada una, en otras tantas doce semanas. Todo taller de creación es un trabajo colectivo, esencialmente práctico, en el que a los alumnos se les facilita una serie de recursos para desarrollar sus habilidades. La chispa literaria es de cada cual. Se tiene o no se tiene. En todo caso, se puede alcanzar un nivel de corrección lingüística y una eficacia comunicativa que doten a los textos de un estatus digno de ser leído. Un taller no es una fábrica de ‘Julios Cambas’ o de ‘Césares González Ruanos’ —por referirnos a dos de los grandes clásicos del articulismo español—, pero sí permite trabajar sobre sus textos, así como sobre los de otros maestros del periodismo: Umbral, Campmany, Millás, Delibes, Azorín… Leerlos, analizarlos y aprender de ellos, para luego lanzarnos a la aventura de la creación individual. 

Lo primero que hubimos de aclarar es la terminología, hasta hace poco confusa en buena parte de la bibliografía sobre el tema. Remontarnos a la definición etimológica del vocablo y a sus sentidos amplio y restringido. De Larra a García Márquez, de Baudelaire a Truman Capote, convinimos en que el artículo es el tronco común de donde arrancan las diversas ramas de los textos de opinión. Y así nos deslizamos hasta la columna, concepto de origen anglosajón, pero término vigente en la prensa española de los últimos treinta años.  La columna es campo abonado para la subjetividad y la literatura, donde el yo se siente a sus anchas para entregarse al deleite del lector. Por el camino, nos detuvimos en la elección de un título, en los comienzos y finales, en el meollo, en la estructura, en la concisión y adecuación al espacio, etc.  Dedicamos un capítulo a un arma que puede ser letal: el humor. Incluso, nos aproximamos a la crítica y en cómo a partir de la que pergeñemos de un libro o una exposición podemos desplegar un texto que atrape al lector. Porque lo importante, como decía mi veterano jefe de redacción, es contar las cosas en román paladino, es decir, para que nos entienda el mayor número de lectores.  

Siempre en aras de la fluidez y la amenidad, los alumnos han elaborado textos breves, en torno a las doscientas cincuenta palabras. En ellos se manifiesta no sólo un punto de vista personal sobre un tema, sino sobre todo las facultades —y carencias, si las hubiere— de sus firmantes. Objetivo del taller ha sido que los participantes sean capaces de expresar una opinión o impresión personal de manera estructurada, persuasiva y atractiva para el lector. Juzgue éste si se ha conseguido o no, a partir de las trece columnas que, durante otros tantos días, se van a publicar en Diario de Jerez bajo el epígrafe ‘Las columnas del taller’. Columnas que corresponden a trece autores muy heterogéneos, pues entre ellos se hallan quienes querían iniciarse en el arte del artículo, pero también aquellos aspirantes a perfeccionar su nivel, porque ya publican o han publicado en prensa. 

La clausura oficial de esta experiencia piloto tendrá lugar el próximo lunes 26 de mayo, con la conferencia magistral de Antonio López Hidalgo, profesor titular de Redacción Periodística en la Universidad de Sevilla. Nos hablará sobre la evolución del artículo a la columna como un viaje a la libertad, un viaje —ni que decir tiene— al que están todos ustedes invitados. 

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